20/12/2025
El silencio que grita: una semana y ni una palabra
Hoy viernes 19 de diciembre se cumple una semana desde que el secretario administrativo de la Facultad de Ingeniería Química (FIQ) de la UMSNH fue detenido dentro de instalaciones universitarias, en su cubículo, en Ciudad Universitaria. No fue “un rumor”. No fue “una nota”. Fue fuerza pública, orden de aprehensión, acusación de violación, presentación ante un juez y hoy sigue detenido .
Y, sin embargo, lo que queda es esto:
No ha habido ningún pronunciamiento PÚBLICO.
Ni del cuerpo directivo de la Facultad de Ingeniería Química.
Ni del Honorable Consejo Técnico de la FIQ, máximo órgano interno.
Ni de la sección sindical del Sindicato de Profesores.
Ni de los grupos estudiantiles.
Ni de consejeros universitarios.
https://www.facebook.com/IngenieriaQuimicaUMSNH
https://fiq.umich.mx/
Nada. Absolutamente nada.
En una Facultad, el silencio no es neutral. El silencio toma partido .
No fue “un docente”: era autoridad
Hay una verdad que algunos intentan diluir con narrativa cómoda: el detenido no era un “profesor cualquiera”. Era, además, secretario administrativo . Es decir: autoridad universitaria , con poder y acceso, con capacidad de influir, presionar, facilitar o bloquear trámites, espacios, decisiones, rutas institucionales. La gravedad no solo está en la acusación penal, sino en el tipo de posición que ocupaba dentro de la estructura.
Y el hecho no ocurrió “en la calle”. Ocurrió en el edificio M, en la FIQ, dentro de la ciudad universitaria. Frente a todos. Dentro del territorio que la Facultad controla, presume y protege.
Quien no entienda la magnitud de eso, no está viendo lo que es: un golpe directo a la credibilidad institucional.
El guión de siempre: “no politicen”, “no es el momento”, “esperan al juez”
Ya se ve venir el manual de contención:
“Hay que esperar al debido proceso”.
“No se puede decir nada por temas legales”.
“No estigmaticen a la Facultad”.
“El director de la facultad no tiene responsabilidad”
“No desvíen la atención.”
“Es un asunto individual”.
Son frases útiles para una sola cosa: no hacer nada .
El debido proceso aplica en lo penal, sí. Nadie pide condenas mediáticas. Pero la Facultad tiene obligaciones que no dependen de la sentencia: proteger, prevenir, acompañar, investigar internamente, activar protocolos, garantizar rutas de denuncia, evitar represalias, preservar evidencia y, sobre todo, dar la cara .
Un pronunciamiento institucional no es un veredicto judicial. Es un acto mínimo de responsabilidad pública.
Una semana sin palabra: eso ya es postura
En cualquier dependencia seria, un hecho de este calibre exige, como mínimo:
Reconocer públicamente que el evento ocurrió,
informar qué medidas se tomaron para proteger a la comunidad (especialmente estudiantes),
qué explicar instancias internas quedaron activadas,
garantizar confidencialidad, acompañamiento y no represalias,
aclarar medidas administrativas inmediatas respecto a cargos y accesorios,
y fijar una postura de tolerancia cero.
No se hizo. Y cuando no se hace, se transmite el mensaje más peligroso para una víctima y para cualquier estudiante que piense denunciar:
“Aquí no pasa nada”.
“Aquí mejor cállate.”
“Aquí el costo lo pagas tú.”
Ese mensaje no necesita ser escrito. Se instala con el silencio.
La rectoría respondió; la facultad calló
Se reconoce la respuesta rápida de la autoridad central universitaria: Rectora, secretarías de primer nivel y el conocimiento del Honorable Consejo Universitario. Eso habla de reacción arriba.
Pero el problema es que abajo, donde ocurrió, donde se trabaja todos los días, donde se vive la vida académica, donde la gente entra a clases ya laboratorios, donde un estudiante puede estar viendo a sus autoridades… no hay voz .
La FIQ no puede actuar como si esto fuera una noticia ajena. No puede “esperar a que se enfríe”. No puede esconderse detrás de tecnicismos.
Porque entonces la pregunta se impone sola, brutal:
¿Aquí termina todo? ¿En silencio? ¿En complicidad?
El “shock” no es exageración: es supervivencia institucional
En 30 años de reportear vida universitaria —y cualquiera que haya pisado la UMSNH lo sabe— no es normal ver salir esposado de un cubículo universitario a un funcionario, acusado de violación, detenido por fuerza pública dentro de CU.
Ese es un hecho que rompe el piso.
Y ante un piso roto, una Facultad tiene dos caminos:
o reconoce, enfrenta, corrige y transparente,
o calla, encubre, minimiza y “administra” el escándalo.
A una semana, el camino elegido por la estructura interna de la FIQ parece el segundo.
Defender al director para no hablar del hecho: el desvío real
En redes, algunos se apresuran a defender al director como si esa fuera la discusión central. Sin amores. La discusión central es: una autoridad universitaria detenida por violación , dentro de instalaciones universitarias, y un director de la Facultad sumido en la inacción institucional, torpe y timorato institucionalmente, que no dice nada .
La defensa automática del director suele funcionar como cortina: se desplaza el foco, se moraliza el debate (“es buena persona”), se pide calma, se acusa “amarillismo”, se llama “linchamiento”. Y mientras tanto, la pregunta esencial sigue sin respuesta:
¿Qué hizo y qué hará la FIQ para garantizar seguridad, denuncia y justicia?
Además, hay un hecho administrativo insoslayable: el director actual entró a mediados de 2023 y propuso y avaló la designación del secretario administrativo. Eso no lo vuelve culpable del delito, pero sí lo obliga —por su investidura— a responder públicamente por controles, criterios, protocolos y reacción institucional. No como individuo: como funcionario.
El Consejo Técnico y el sindicato: el silencio también los retrata
El Honorable Consejo Técnico no es un adorno. Es el máximo órgano de gobierno interno. Si ante un hecho así no habla, no convoca, no informa, no fija postura, entonces su papel queda reducido a burocracia selectiva mueve: se para lo cómodo y se paraliza para lo grave.
La sección sindical, por su parte, también tiene una decisión que tomar: o se posiciona a favor de una cultura de denuncia y protección a estudiantes (sin vulnerar el debido proceso), o queda atrapada en el reflejo corporativo de “cerrar filas” y convertir el caso en un asunto de “imagen” y no de justicia.
Y los grupos estudiantiles y consejeros: callar no es prudencia, es renuncia. Porque si en una semana no hay exigencia pública, ¿cuándo?
No es “amarillismo” pedir que una institución responda
El amarillismo sería inventar, especular, linchar. Aquí hay un hecho objetivo: una detención con orden de aprehensión por violación y un proceso judicial en curso.
Exigir pronunciamientos, protocolos, medidas preventivas y rendición de cuentas es lo contrario al amarillismo . Es periodismo básico y ciudadanía universitaria mínima. La “imagen académica” no se protege escondiendo la basura; se protege demostrando que la institución es capaz de enfrentarla.
El silencio es el ecosistema del abuso
El abuso de poder no crece de golpe. Crece en ambientes donde:
denunciar cuesta,
hablar tiene castigo,
la autoridad se protege a sí misma,
y el prestigio vale más que la seguridad.
Una semana sin pronunciamiento no es “cautela”. Es un mensaje institucional que ya está haciendo daño.
Porque cada día sin claridad es una puerta cerrada para quien está pensando denunciar. Y cada puerta cerrada es una garantía de repetición.
Y entonces, ¿qué sigue?
Si la FIQ quiere recuperar algo de confianza, no necesita discursos bonitos. Hechos necesarios:
Pronunciamiento inmediato del cuerpo directivo y del Consejo Técnico: claro, sin ambigüedades.
Activación pública (y verificable) de rutas de denuncia y acompañamiento, con garantías de no represalias.
Medidas administrativas de protección: accesos, áreas sensibles, resguardo de información y evidencia.
Informe institucional de acciones tomadas y calendario de revisión de protocolos.
Compromiso público colaboración de instancias universitarias y autoridades competentes.
Auditoría interna sobre concentración de cargos y responsabilidades.
Sin eso, lo que queda no es “prudencia”. Es complicidad por omisión.
Y una universidad que normaliza el silencio ante la violencia no solo falla: se convierte en parte del problema .
La historia no se va a escribir con lo que la gente dice en redes. Se va a escribir con lo que las autoridades hicieron —o decidieron no hacer— cuando una autoridad universitaria fue detenida por violación dentro de su propia casa.
A una semana, la comunidad de la FIQ eligió callar. Y ese silencio, hoy, es indefendible.
Voltearon para otro lado, a las vacaciones.
Vladimir Samano Sepulveda
Director y Editor en Jefe
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