05/06/2026
🔵🔶La caída de la silla nicolaita: El día que la burocracia venció a la ciencia en la UMSNH
Redacción/Notivideo
Morelia, Michoacán.- La Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), históricamente considerada la máxima casa de estudios de la región y cuna de pensadores, científicos y humanistas, enfrenta hoy una crisis que no es de presupuesto ni de huelgas, sino de perfil. La llegada y permanencia de Yarabí Ávila González en la Rectoría ha encendido las alarmas en los pasillos de Ciudad Universitaria, consolidando una tendencia que, a decir de investigadores y académicos, ha abaratado el valor de la silla nicolaita: el triunfo de la burocracia sobre la ciencia.
Un análisis de la trayectoria de los últimos líderes de la institución revela un preocupante cambio de timón. Mientras que la UMSNH estuvo acostumbrada a ser dirigida por perfiles con credenciales científicas internacionales o sólidas obras humanísticas, la actual administración destaca precisamente por lo contrario: la ausencia de una producción académica real.
El contraste con la época de oro académica
Para entender el malestar de la comunidad universitaria basta con mirar el espejo del pasado reciente. La tradición nicolaita dictaba que el Rector debía ser, ante todo, un faro intelectual.
Basta recordar al Dr. Medardo Serna González, ingeniero químico con patentes y decenas de artículos indexados en el diseño de procesos sustentables; al Dr. Raúl Cárdenas Navarro, un científico de las ciencias agrónomas cuyas investigaciones sobre optimización de cultivos siguen siendo referente; o al Dr. Salvador Jara Guerrero, físico y filósofo de la ciencia con una robusta producción de libros que combinaban la física teórica con la epistemología.
Incluso cuando se trató de romper techos de cristal de género, la institución acudió a la solidez intelectual con la Dra. Silvia Figueroa Zamudio, una historiadora y académica cuya producción de libros, capítulos y coordinaciones sobre la historia de la educación y el devenir nicolaita, como sus aportaciones al estudio del Colegio de San Nicolás, respaldaban con rigor su liderazgo.
Asimismo, directores interinos como el matemático Gerardo Tinoco reconocido por sus publicaciones especializadas en métodos numéricos y optimización de sistemas aplicados a la ingeniería, o historiadores de la talla de Jaime Hernández Díaz contaban con libros que desmenuzaban el devenir social y jurídico de Michoacán, obras de este último son referencia obligada para atender la administración de justicia en Michoacán en el siglo XIX.
En contraste, la tarjeta de presentación de Yarabí Ávila González en los repositorios de investigación es prácticamente una hoja en blanco. Más allá de las tesis obligadas para la obtención de sus grados y manuales internos de procedimientos de la Facultad de Contaduría (FCCA), su nombre no figura en las grandes ligas de la investigación científica, no encabeza proyectos (Conahcyt), ni cuenta con libros de autoría propia que generen debate en las ciencias administrativas.
La política y el escritorio por encima del aula
La carrera de Ávila González no se forjó en los laboratorios ni en los archivos históricos, sino en las dependencias gubernamentales y las curules. Su perfil es el de una operadora política y administradora: fue diputada local y posteriormente secretaria de Educación en el Estado (SEE), un puesto de naturaleza meramente política y ejecutiva. Si bien otras figuras de la rectoría como la propia Silvia Figueroa también llegaron a ocupar la titularidad de la SEE, lo hicieron capitalizando el prestigio de una trayectoria académica previa, no como su principal carta de presentación.
"El problema no es que sea una mala administradora", señala bajo estricto anonimato un profesor investigador de la Facultad de Economía. "El problema es el mensaje que se le da a la comunidad. Si para ser Rector ya no necesitas quemarte las pestañas investigando, publicando libros o debatiendo con pares internacionales, sino simplemente tener buenas relaciones con el gobierno en turno y saber llenar formatos, entonces la esencia de la Universidad se ha desvirtuado".
Críticos de la vida interna nicolaita coinciden en que la designación de Ávila González marcó el punto más bajo en la curva del nivel académico de la Rectoría. La UMSNH parece haber cambiado los microscopios y los debates filosóficos por el ordenamiento de la nómina y la lógica de la gacetilla institucional. Los informes de actividades y los planes de desarrollo -documentos obligados por ley- han pasado a sustituir la verdadera producción intelectual de quien encabeza la universidad.
Una alarmante tendencia a la baja
Este vacío de producción científica en la oficina principal de la avenida Francisco J. Múgica no es una cuestión menor. En los rankings internacionales, las universidades públicas ganan prestigio gracias a las publicaciones y al nivel de sus cuerpos académicos. Que la cabeza de la institución carezca de ese rozamiento internacional debilita la posición de la Casa de Hidalgo frente a otras universidades del país.
La gestión de Yarabí Ávila transcurre entre eventos protocolarios, fotos oficiales y revisiones de contratos; tareas necesarias, pero grises. Al carecer del respaldo que dan los libros impresos y las investigaciones citadas por la comunidad global, su autoridad se sostiene únicamente en el nombramiento político y la estructura burocrática.
La Universidad Michoacana, que alguna vez presumió tener como rectores a los hombres y mujeres más cultos del estado, hoy es administrada con eficiencia de oficina gubernamental. Para muchos nicolaitas, el diagnóstico es claro: la técnica administrativa venció al espíritu universitario, y en ese proceso, el nivel de la Rectoría cayó varios peldaños.
Acaso el darse cuenta la Rectora de sus nulas credenciales e investigación, que se afane en regalar doctorados honoris causa, como si reconocer la trayectoria de académicos destacados supliera sus evidentes debilidades en investigación y en general de lecturas. En definitiva, la Michoacana se encuentra dirigida por una persona que se siente más cómoda gritando en los estadios, que tomando una pluma para generar una línea de conocimiento.