01/06/2026
Duelen los silencios, las despedidas que no querías, los cambios que no pediste y las personas que un día prometieron quedarse. Duele despertar y recordar que las cosas ya no son como antes. Duele extrañar, esperar, aferrarse a recuerdos y preguntarse una y otra vez qué habría pasado si todo hubiera sido diferente.
Pero te prometo algo: no te mueres de eso.
Crees que sí, porque hay días en los que el pecho pesa demasiado, en los que las lágrimas parecen no terminar y en los que el corazón se siente cansado de luchar. Hay noches en las que el dolor ocupa tanto espacio que parece imposible imaginar un mañana distinto. Sin embargo, el tiempo sigue avanzando y, aunque al principio no lo notes, tú avanzas con él.
Poco a poco vuelves a reír sin sentir culpa. Vuelves a disfrutar una canción, una conversación, una tarde tranquila. Poco a poco dejas de mirar hacia atrás con la misma intensidad. No porque olvides, sino porque aprendes a vivir con lo que pasó. Descubres que tu corazón era más fuerte de lo que pensabas y que dentro de ti había una valentía que ni siquiera conocías.
Hay heridas que tardan en cerrar, pero terminan enseñándote que perder no siempre significa fracasar, que soltar también es una forma de amor y que algunas personas llegan a tu vida para quedarse, mientras que otras llegan para enseñarte algo y después partir.
Así que si hoy te duele, llora si lo necesitas. Extraña si tienes que extrañar. Siente todo lo que tengas que sentir. Pero no olvides esto: el dolor es una etapa, no un destino. Lo que hoy parece imposible de superar, un día será solo una historia que contarás desde la calma.