15/09/2021
Hoy celebramos a Nuestra Señora de los Dolores.
"Dichosa la Virgen María, que sin morir, mereció la palma del martirio junto a la cruz del Señor".
Los Evangelios nos demuestran que la Santísima Virgen María estuvo íntimamente unida a la pasión de su Hijo. Ella lo sufrió todo, con un profundo dolor en su corazón y un inmenso amor de Madre, para que disfrutemos de la gracia de la Redención. Sufrió voluntariamente para demostrarnos su amor, pues el amor se prueba con el sacrificio. Por eso está asociada de un modo particular a la gloria de su Resurrección y por ello el título de Corredentora.
La Iglesia católica conmemora dos veces al año los dolores de la Santísima Virgen, durante Semana Santa y el 15 de septiembre. El Papa Pío VII estableció la Fiesta de Nuestra Señora de los Dolores para el 15 de septiembre, un día después a la Exaltación de la Santa cruz.
La compasión de María, que celebramos en esta fiesta, nos recuerda que al pie de la Cruz la maternidad de María se extendió a todo el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, es decir, a todos nosotros. La santísima Virgen, por obediencia, contribuyó a la vida y aceptó la voluntad de Dios, a diferencia de lo que hizo la primera mujer, Eva, que por su desobediencia trajo la muerte.
La Iglesia nos exhorta a entregarnos sin reservas al amor de María y llevar con paciencia nuestra cruz acompañados de la Madre Dolorosa. Ella nos acompaña y nos da la fuerza necesaria para enfrentar las adversidades y seguir ante cualquier situación de dolor.
El sufrimiento de la Virgen de los Dolores nos enseña a tener fortaleza ante los sufrimientos de la vida. María quiere de verdad ayudarnos a llevar nuestras cruces diarias, porque fue en le calvario que el Hijo moribundo nos confió el cuidado de su Madre. Fue su última voluntad que amemos a su Madre como la amó Él.
La Iglesia nos invita a meditar estos siete dolores que sufrió la Virgen María, no solamente durante Semana Santa, sino toda la vida:
Primer Dolor: La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús.
Segundo Dolor: La huida a Egipto con Jesús y José.
Tercer Dolor: La pérdida de Jesús.
Cuarto Dolor: El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario.
Quinto Dolor: La crucifixión y la agonía de Jesús.
Sexto Dolor: La lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya mu**to.
Séptimo Dolor: El entierro de Jesús y la soledad de María.
Esta hermosa devoción ha sido alentada por muchos santos a lo largo de la historia, con el patrocinio directo de la Santísima Madre de Dios. Es así que, la Virgen María se le presentó a Santa Brígida de Suecia (1303-1373) y le comunicó lo siguiente: “Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, mas hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos...Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios”.
Además, la Madre de Dios prometió, a través de Santa Brígida, que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen rezando diariamente siete avemarías mientras meditan en sus lágrimas y dolores.
Por su parte, San Alfonso María de Ligorio (1696-1787) cuenta que Jesucristo reveló a Santa Isabel de Hungría que Él concedería cuatro gracias a los devotos de los dolores de su Santísima Madre.
Madre, déjanos acompañarte en tu dolor y alivia con tu ternura los nuestros.
Nuestra Señora de los Dolores, ruega por nosotros.