17/07/2026
La construcción del Ferrocarril Mexicano: la obra que unió el puerto de Veracruz con la Ciudad de México y transformó al país
El Ferrocarril Mexicano fue una de las obras de ingeniería más importantes del siglo XIX en América Latina. Con una longitud cercana a los 425 kilómetros, logró conectar el puerto de Veracruz con la Ciudad de México, atravesando montañas, barrancas y valles que representaban algunos de los desafíos geográficos más complejos del país.
Su inauguración, el 1 de enero de 1873, marcó el inicio de una nueva etapa para el desarrollo económico y social de México, al facilitar el transporte de mercancías, personas y productos agrícolas entre el Golfo de México y el altiplano.
Un proyecto que comenzó en 1837
La historia del Ferrocarril Mexicano inició el 22 de agosto de 1837, cuando el gobierno mexicano otorgó la primera concesión al empresario veracruzano Francisco Arrillaga para construir una línea férrea de vía ancha.
Las obras comenzaron en 1842 en el puerto de Veracruz, con base en los estudios topográficos del ingeniero José Faure. Desde el inicio participaron técnicos belgas y también llegaron desde Bélgica las primeras locomotoras destinadas al proyecto.
Después de años de trabajo, el 13 de septiembre de 1850 se inauguró el primer tramo ferroviario del país, de 11.5 kilómetros, entre Veracruz y El Molino.
Posteriormente la línea se extendió hasta Tejería y San Juan, alcanzando cerca de 26 kilómetros bajo la dirección del ingeniero Santiago Méndez.
La ruta hacia la capital
Mientras tanto, en 1855, los hermanos Mosso comenzaron la construcción de un pequeño tramo entre la Ciudad de México y la Villa de Guadalupe, utilizando locomotoras estadounidenses y bajo la supervisión del ingeniero Robert Bennett Gorsuch.
Sin embargo, la fase decisiva llegó cuando los hermanos Escandón asumieron la concesión en 1857 y contrataron al reconocido ingeniero estadounidense Andrew Talcott, quien realizó los estudios para definir el recorrido definitivo.
Tras analizar varias alternativas, se eligió la ruta que pasaría por Córdoba, Orizaba, Paso del Macho, Apizaco y Puebla, descartando el proyecto que atravesaba Jalapa y Perote.
Una construcción llena de obstáculos
La obra avanzó lentamente debido a la inestabilidad política del país, las guerras internas y la Intervención Francesa.
Durante el Segundo Imperio, el emperador Maximiliano de Habsburgo consideraba indispensable terminar el ferrocarril para impulsar el desarrollo nacional.
En esos años la empresa pasó a manos de capital británico bajo el nombre de Compañía Limitada del Ferrocarril Imperial Mexicano, lo que permitió continuar los trabajos.
En 1867 la vía ya llegaba hasta Paso del Macho, un punto estratégico para continuar el descenso hacia la costa.
El enorme reto de la ingeniería
Los últimos kilómetros fueron los más complicados.
Entre Paso del Macho y Atoyac fue necesario construir grandes puentes para cruzar profundas barrancas.
Más adelante, entre Fortín y Esperanza, los ingenieros enfrentaron el mayor desafío de toda la obra: un recorrido de apenas 66 kilómetros donde el tren debía salvar un desnivel de 1,444 metros.
En total, el tramo comprendido entre San Andrés Chalchicomula y Veracruz requirió la construcción de:
39 puentes
16 túneles
23 estaciones
Todo ello sobre una geografía considerada una de las más difíciles del continente.
La inauguración del Ferrocarril Mexicano
Finalmente, el 1 de enero de 1873, el presidente Sebastián Lerdo de Tejada inauguró oficialmente el Ferrocarril Mexicano en la estación de Buenavista, en la Ciudad de México.
La línea inició operaciones con:
28 locomotoras.
377 vagones de carga y pasajeros.
Con ello quedó unida por primera vez la capital del país con el puerto de Veracruz mediante una vía férrea continua.
Un legado que sigue vigente
A lo largo de más de 150 años, el Ferrocarril Mexicano ha sido objeto de numerosas modernizaciones.
Durante el siglo XX muchos puentes fueron reforzados, otros sustituidos y la infraestructura resistió incluso la Revolución Mexicana, cuando cerca del 40 % de los puentes ferroviarios del país fueron destruidos.
La última gran modificación ocurrió a partir de 1983, cuando varios tramos fueron rectificados para permitir recorridos más rápidos y seguros, dejando fuera de servicio antiguos segmentos entre Boca del Monte, Fortín, Potrero y Paso del Macho, que hoy forman parte del patrimonio histórico ferroviario.
Un símbolo del progreso nacional
Más que una línea ferroviaria, el Ferrocarril Mexicano representó el anhelo de modernizar al país y fortalecer el comercio, la industria y la comunicación entre regiones.
Su construcción requirió más de tres décadas de esfuerzos, la participación de ingenieros mexicanos y extranjeros, así como la realización de algunas de las obras de ingeniería civil más impresionantes del siglo XIX en México.
Hoy, a más de 150 años de su inauguración, continúa siendo una de las obras más emblemáticas de la historia ferroviaria nacional y un legado que marcó el desarrollo económico y social de México.
Fuente: Mirada Ferroviaria, Año 15, No. 46 (septiembre-diciembre de 2022), pp. 10-13.