09/09/2026
🔵 | Se apagaron las luces de Selva Mágica: 38 años de risas, gritos y recuerdos llegaron a su fin
Hay lugares que no solamente forman parte de una ciudad, sino también de la historia personal de quienes los visitaron. Para miles de tapatíos, Selva Mágica fue precisamente eso: un sitio donde la emoción comenzaba desde que se cruzaban sus puertas y terminaba mucho después de subir al último juego.
Después de 38 años de operación, el tradicional parque de diversiones ubicado junto al Zoológico de Guadalajara, en Huentitán El Bajo, cerró sus puertas, poniendo punto final a una etapa que acompañó a varias generaciones.
Durante décadas, Selva Mágica fue escenario de domingos familiares, cumpleaños, paseos escolares, citas, primeras salidas con amigos y aquellas tardes en las que el único objetivo era subir una y otra vez a los juegos mecánicos.
Para muchos, todavía quedan en la memoria los gritos al bajar de una montaña rusa, las vueltas en los juegos, las filas bajo el sol, las fotografías familiares y esa sensación de emoción que provocaba elegir cuál sería la siguiente atracción.
El cierre del parque, de acuerdo con la información difundida, responde a una reestructuración financiera ante la inviabilidad de mantener su operación, además de factores como el desgaste de la infraestructura y los elevados costos de mantenimiento. En los últimos años, algunas de sus atracciones ya habían presentado cierres parciales.
Pero más allá de las razones financieras, el cierre de Selva Mágica representa para muchos tapatíos algo difícil de medir en pesos y centavos: la despedida de un pedacito de su infancia.
Porque Selva Mágica no era solamente juegos mecánicos.
Era llegar con la familia, escuchar desde lejos el ruido de las atracciones, comprar algo para comer, hacer fila con los amigos y decidir quién se atrevía primero a subir al juego que parecía más peligroso.
Era también regresar a casa cansado, con fotografías, anécdotas y, en ocasiones, con el estómago todavía dando vueltas después de tantas emociones.
Ahora, después de casi cuatro décadas, las luces comienzan a apagarse y las atracciones que alguna vez estuvieron llenas de gritos y risas quedarán en silencio.
Para las nuevas generaciones quizá será solamente el recuerdo de un antiguo parque de diversiones. Para quienes crecieron en Guadalajara durante estas décadas, en cambio, Selva Mágica siempre será ese lugar donde alguna vez fueron niños, donde compartieron tardes con sus padres, hermanos, amigos o hijos y donde construyeron recuerdos que ningún cierre puede borrar.
Hoy sus puertas se cierran, pero las historias permanecen.
Porque algunos lugares dejan de existir físicamente, pero se quedan para siempre en la memoria de quienes alguna vez gritaron, rieron y disfrutaron de una tarde de diversión en Selva Mágica.
38 años después, Guadalajara se despide de Selva Mágica… pero difícilmente quienes la conocieron podrán despedirse de todos los recuerdos que dejó.