12/06/2026
Las imposiciones de la FIFA:
Bares y restaurantes no podían transmitir los partidos usando una suscripción doméstica normal.
No bastaba tener TV abierta, cable residencial o una cuenta personal de streaming.
Quedó prohibido usar cuentas personales de streaming en establecimientos comerciales.
(Aunque el dueño pagara legalmente la suscripción, si era una cuenta residencial no podía usarse para proyectar partidos a clientes).
No se pueden organizar transmisiones públicas con fines comerciales sin autorización.
Las plazas públicas y gobiernos locales necesitan derechos especiales para proyectar los partidos.
(Por eso el Gobierno de la Ciudad de México tuvo que adquirir derechos de retransmisión para instalar pantallas gigantes y festivales futboleros oficiales).
Se prohibió el uso de señales, enlaces ilegales y decodificadores no autorizados.
Se habló de multas millonarias, clausuras temporales y posibles acciones legales por violación de derechos de transmisión.
Leí por ahí: "El deporte del pueblo, que dejó fuera al pueblo" y reflexiono lo siguiente:
Lo rudo no es lo que hace la FIFA, sino lo que aceptamos nosotros.
Que millones de personas sigan consumiendo un producto cada vez más caro, más excluyente y más alejado de nuestras raíces populares revela hasta qué punto hemos normalizado que todo se convierta en mercancía, incluso aquello que nació como una expresión comunitaria.
¿Qué dice eso de nosotros como sociedad? Nos quejamos de la avaricia, pero que rara vez estamos dispuestos a renunciar a aquello que la alimenta.
Me pregunto entonces si la protesta más congruente no debería ser este post "indignado" (aunque la crítica pública tiene valor), sino cuestionar nuestros hábitos de consumo.
Si consideramos inaceptable el modelo que representa la FIFA, la acción más coherente sería no financiarlo: no comprar boletos a precios abusivos, no pagar paquetes especiales para verlo y no participar en la fiebre consumista que rodea al evento.
La historia demuestra que pocas cosas hacen cambiar a las grandes organizaciones; una de ellas es LA PÉRDIDA DE ATENCIÓN, AUDIENCIA Y DINERO.
El problema es que la mayoría queremos expresar nuestro desacuerdo sin renunciar al espectáculo.
Entonces me pregunto: ¿estamos indignados por la avaricia... o solo porque esta vez nos tocó quedarnos fuera?