10/10/2025
Poza Rica, 26 años después...
Hace poco tuve que emigrar de Poza Rica hacia una ciudad del norte, buscando una nueva oportunidad de trabajo. Hoy, 10 de octubre, despierto y veo las noticias: algo que sucedió hace casi 26 años ha vuelto a ocurrir. Otra vez, Poza Rica se inunda.
Yo era un niño entonces, de apenas 5 años. Recuerdo claramente aquella inundación: en mi familia fuimos de los pocos que decidimos quedarnos en casa. Vivíamos en una de dos pisos y nos resguardamos en la planta alta mientras el agua subía. Pese a mi corta edad, tengo grabada en la memoria la destrucción, el miedo, y ese silencio extraño que queda cuando el agua se retira.
Hoy todo se repite, pero ahora lo veo desde lejos. Y pienso que, con el tiempo, la gente se confió. Durante años se prepararon para que no volviera a pasar, pero cuando las lluvias no llegaron y los ríos se calmaron, muchos bajaron la guardia. El recuerdo se fue diluyendo entre los problemas de siempre: la política, la inseguridad, la rutina.
Los gobernantes, más enfocados en conservar su poder que en cuidar la infraestructura o atender las zonas de riesgo, olvidaron que la naturaleza no olvida. Y cuando el ser humano se distrae, ella golpea con precisión. Es imbatible
Todo esto nos recuerda algo esencial: no debemos olvidar que vivimos en un mundo que no nos pertenece. Somos nosotros quienes pertenecemos a él.
La naturaleza no es enemiga, pero tampoco es complaciente. El sedentarismo, la falsa sensación de control, es la peor maldición que hemos cultivado como humanidad.
Solo nos queda aprender a movernos, a adaptarnos, a recordar. Porque la memoria es también una forma de supervivencia.
Hoy, tanta gente vuelve a perderlo todo. Algunos incluso la vida. Las calles siguen cubiertas de agua, y lo que se respira es zozobra, tristeza y resignación. Pero también hay algo que permanece: la vida misma.
Mientras algunos lo han perdido todo, aún conservan lo más valioso: la oportunidad de seguir aquí, de reconstruir, de abrazar a los suyos. Y eso, en medio de la tragedia, ya es una bendición.
Fuerza para Poza Rica. Si alguna vez salimos adelante de aquel desastre hace 26 años, esta vez también lo haremos. Porque la memoria, la unión y la esperanza son más fuertes que cualquier tormenta.
Y que esto nos quede como lección: nunca debemos confiarnos pensando que hemos domado a la naturaleza. Ella no se somete ni se rinde; solo nos recuerda, de vez en cuando, que somos parte de ella y no sus dueños.
A.S.