Soriano

Soriano Soy un joven que está innovando,emprendiendo,impulsando a otros a ser mejores, trabajo para Amozoc un municipio hermoso, el cual vamos a transformar.

El músico de jazz estadounidense Plas Johnson, quien interpretó el famoso tema musical de "La Pantera Rosa", lamentablem...
23/07/2026

El músico de jazz estadounidense Plas Johnson, quien interpretó el famoso tema musical de "La Pantera Rosa", lamentablemente ha fallecido.

Jongkuch 'JK' Mach tiene 18 años y mide 2,29 metros. Nació en Perth, Australia, y hasta los 14 solo jugaba fútbol en el ...
13/07/2026

Jongkuch 'JK' Mach tiene 18 años y mide 2,29 metros. Nació en Perth, Australia, y hasta los 14 solo jugaba fútbol en el patio con sus seis hermanos. Ese año pegó un estirón hasta 1,93 metros, se cambió al básquetbol y todo empezó a acelerarse.

Hoy entrena en el programa de élite del Instituto Australiano del Deporte en Canberra, bajo las órdenes del entrenador Robbie McKinlay, quien también formó al hoy jugador de la NBA Josh Giddey. Mach pasó de pesar 73 kilos a 91 a fuerza de pollo, arroz, batidos de chocolate y cuatro sesiones de gimnasio por semana. Ya tiene ofertas de las universidades LSU, Colorado y Santa Clara.

Su ídolo es el francés Victor Wembanyama, de 2,24 metros y estrella de los Spurs. McKinlay evita comparaciones exageradas, pero admite que los cazatalentos de la NBA no le quitan el ojo. Cuando le preguntan dónde se ve en dos años, Mach no duda: 'quiero estar en San Antonio, jugando junto a Victor Wembanyama'.

Elvis Presley no llevaba dinero para dejarle propina al conductor. Así que decidió regalarle la limusina.La historia fue...
10/07/2026

Elvis Presley no llevaba dinero para dejarle propina al conductor. Así que decidió regalarle la limusina.

La historia fue contada por el presentador Larry King, quien aseguró haberla escuchado del propio chófer.

Elvis se encontraba en Miami Beach para presentarse en el centro de convenciones. Después de aterrizar en el aeropuerto de Miami, un helicóptero lo trasladó hasta un helipuerto cercano. Allí lo esperaba una limusina que debía recorrer apenas unas cuantas calles para llevarlo al lugar del concierto.

El conductor cumplió su trabajo, esperó durante la presentación y, cuando terminó el espectáculo, llevó nuevamente a Elvis hasta el helicóptero.

El recorrido completo había sido muy corto, pero antes de bajar, Presley se volvió hacia él y le hizo una pregunta inesperada:

—¿Esta limusina es suya o pertenece a la empresa?

El hombre respondió que trabajaba para una compañía y que el vehículo no era suyo.

Elvis no llevaba efectivo. De hecho, quienes lo conocieron recordaban que rara vez cargaba dinero y que, cuando quería agradecerle algo a alguien, podía terminar regalándole una joya, un automóvil o cualquier objeto valioso que tuviera cerca.

Entonces tomó una decisión tan extravagante como generosa: compró la limusina a la empresa y se la entregó al conductor.

—Ahora es suya —le dijo.

Según el relato repetido por Larry King, Elvis también le sugirió que dejara de trabajar para otros y comenzara su propio negocio.

Para el chófer, aquella había comenzado como una jornada más: recoger a una celebridad, conducir unas pocas calles y esperar pacientemente su regreso. Horas después, era propietario del mismo automóvil que había conducido por encargo.

Elvis Presley fue una figura llena de contradicciones. Vivió rodeado de lujo, excesos y una fama difícil de imaginar, pero también fue conocido entre sus allegados por realizar regalos impulsivos sin convertir cada gesto en publicidad.

Aquel conductor no recibió una fotografía, un autógrafo ni una propina generosa.

Recibió la posibilidad de cambiar su vida porque, durante unos minutos, llevó en su automóvil al Rey del Rock and Roll.

Esta familia no estaba posando junto a un árbol cualquiera.Estaba frente al cadáver de uno de los gigantes que alguna ve...
01/07/2026

Esta familia no estaba posando junto a un árbol cualquiera.

Estaba frente al cadáver de uno de los gigantes que alguna vez dominaron los bosques del este de Estados Unidos.

La fotografía fue tomada hacia 1920 y muestra a la familia Shelton junto a un enorme castaño americano en la región de las Grandes Montañas Humeantes.

El árbol ya estaba mu**to.

Pocos años antes, habría parecido imposible imaginar un paisaje sin castaños. En algunas zonas de los Apalaches representaban una parte importante del bosque y podían alcanzar más de treinta metros de altura.

Su madera era resistente, fácil de trabajar y duradera. Con ella se construían casas, graneros, cercas, postes, muebles y traviesas ferroviarias.

Sus nueces alimentaban a familias, ganado y animales silvestres. Cada otoño se recogían y vendían grandes cantidades, convirtiéndose en una fuente de alimento e ingresos para numerosas comunidades rurales.

Era un árbol tan útil que formaba parte de casi todos los aspectos de la vida.

Entonces apareció el tizón.

En 1904, trabajadores del Zoológico del Bronx, en Nueva York, observaron que varios castaños estaban enfermando. La causa era un hongo procedente de Asia, hoy conocido como Cryphonectria parasitica, frente al cual el castaño americano tenía muy poca resistencia.

El hongo atacaba la corteza y formaba lesiones que rodeaban el tronco. Al interrumpirse la circulación de agua y nutrientes, todo lo que quedaba por encima terminaba muriendo.

La enfermedad avanzó rápidamente por los bosques orientales.

En apenas unas décadas, cerca de 4.000 millones de castaños murieron. Para mediados del siglo XX, la especie había desaparecido casi por completo del dosel de los bosques que antes dominaba.

En el sur, muchos ejemplares ya sufrían además una enfermedad de las raíces conocida como tinta o pudrición por Phytophthora. El castaño fue atacado desde arriba y desde abajo.

Su desaparición transformó el paisaje.

Robles, nogales y otras especies ocuparon parte del espacio que había dejado, pero ninguna reemplazó completamente su combinación de madera, alimento y valor cultural.

El castaño americano no se extinguió por completo.

Sus raíces suelen sobrevivir bajo tierra y producir nuevos brotes. Sin embargo, cuando estos crecen, el hongo vuelve a atacarlos antes de que puedan convertirse en los gigantes del pasado.

Por eso, esta fotografía resulta tan poderosa.

La familia Shelton aparece diminuta junto al tronco de un árbol que alguna vez sostuvo hogares, alimentó comunidades y cubrió m***añas enteras.

No retrata solamente la muerte de un castaño.

Retrata el momento en que una sociedad comenzó a comprender que incluso aquello que parecía eterno podía desaparecer en una sola generación.

Durante cinco años, un perro saludó al cartero con la misma pelota de tenis todos los días, hasta que una mañana, su due...
20/06/2026

Durante cinco años, un perro saludó al cartero con la misma pelota de tenis todos los días, hasta que una mañana, su dueño salió con ella en la mano.

En 2019, un nuevo cartero comenzó a realizar entregas en un vecindario y rápidamente descubrió una parada que siempre había esperado.

Un perro amistoso lo esperaba en la puerta principal.

Al principio, el cartero trajo algunas golosinas para ganarse la confianza del perro. Al poco tiempo, el perro dejó de verlo como un extraño. Mientras otros perros ladraban detrás de las vallas, éste simplemente esperaba, meneando la cola, como si supiera exactamente cuándo llegaría su amigo.

Pronto, su rutina se convirtió en tradición.

El cartero se acercaba, le entregaba una golosina, le rascaba detrás de las orejas y el perro salía corriendo a coger su pelota de tenis favorita y la dejaba caer con orgullo junto a la puerta antes de que el cartero continuara su ruta.

Cada vez que alguien más cubría la ruta, el perro actuaba de manera diferente. Él no correría hacia ellos. Se quedaría atrás y observaría, esperando al cartero que había elegido como amigo.

Durante cinco años, esa rutina nunca cambió.

Entonces, una mañana, llegó el cartero y notó que el perro no estaba allí.

En cambio, el dueño salió sosteniendo la vieja y gastada pelota de tenis del perro y explicó en voz baja que había fallecido de vejez.

El dueño le dijo que ver al cartero se había convertido en el momento más destacado del día del perro. Antes de guardar definitivamente el balón, quería que se lo quedara el cartero.

El cartero estaba allí con lágrimas en los ojos, sosteniendo la pelota que había sido parte de su ritual diario durante tantos años.

Y por un momento, ninguno de los dos dijo una palabra.

En el norte de Mongolia, una joven de la tribu Tsaatan m***a su reno entre los bosques de la taiga. Con apenas 500 perso...
19/06/2026

En el norte de Mongolia, una joven de la tribu Tsaatan m***a su reno entre los bosques de la taiga. Con apenas 500 personas, esta comunidad nómada mantiene viva una tradición ancestral.

Los renos no son solo animales de pastoreo: son transporte, alimento, abrigo y parte de sus rituales espirituales. Viven en tipis hechos con pieles, migran estacionalmente y consagran a los renos como seres sagrados.

En Irán, una mujer llamada Someyah Mehri pidió el divorcio a su marido porque era un ladrón y drogadicto que a menudo la...
11/06/2026

En Irán, una mujer llamada Someyah Mehri pidió el divorcio a su marido porque era un ladrón y drogadicto que a menudo la golpeaba cuando se enojaba.

Días después de la petición de Someyah, Afghanipour se coló en el dormitorio donde dormía con las dos niñas, de 3 y 5 años, con un balde de ácido corrosivo. Sin previo aviso, el hombre arrojó el ácido sobre el trío dormido. Luego escapó del dormitorio.

Mehri se despertó con dolor y comenzó a gritar pidiendo ayuda. “Estoy ardiendo”, “Estoy ardiendo”, gritó. Nazanin se despertó cuando su madre gritó. El ácido apenas tocó su piel. La Rana más joven no tuvo tanta suerte; el ácido cubrió su cuerpo.
Afghanipour cortó los cables eléctricos antes de atacar a su esposa e hijos con ácido.

El gato no entendía de diagnósticos, protocolos ni tratamientos. Solo entendía que su humano estaba entrando cada semana...
07/06/2026

El gato no entendía de diagnósticos, protocolos ni tratamientos. Solo entendía que su humano estaba entrando cada semana a un lugar donde necesitaba valor.

Arthur acudía al centro oncológico con el cansancio de quienes aprenden a vivir entre salas de espera, batas blancas y silencios largos. No iba solo. A su lado caminaba Ptolomeo, un gran gato atigrado gris que parecía haber decidido, sin permiso y sin explicación, que aquel viaje también le pertenecía.

El centro tenía normas claras sobre animales. Y eran necesarias. En un lugar donde muchas personas atraviesan tratamientos delicados, la higiene, la seguridad y la tranquilidad de los pacientes no son detalles menores. Pero Ptolomeo no llegó como una molestia. Llegó como una presencia serena.

La primera vez, la recepcionista lo vio sentarse en el vestíbulo como si conociera perfectamente su papel. No maullaba, no corría, no buscaba atención. Simplemente esperaba. Cerca de Arthur. Cerca del dolor. Cerca de quienes tal vez necesitaban mirar algo vivo, suave y tranquilo antes de enfrentar otra jornada difícil.

Con el tiempo, el gato dejó de ser una rareza y se convirtió en parte silenciosa de la rutina. Algunos pacientes lo acariciaban. Otros solo lo miraban de lejos. Ptolomeo parecía entender la diferencia. Se acercaba a quien lo aceptaba y respetaba a quien prefería permanecer en su propio mundo.

Durante ocho meses estuvo allí.

Mientras Arthur recibía su tratamiento, Ptolomeo esperaba. Mientras otros contaban los minutos, él ocupaba un rincón con la paciencia de los animales que no preguntan, no juzgan y no exigen explicaciones. Su compañía no curaba la enfermedad, pero hacía algo que también importa: volvía un poco más humano un lugar dominado por el miedo.

El día en que Arthur terminó su última sesión, Ptolomeo caminó de regreso a casa junto a él.

Y quizá esa fue la imagen más poderosa de todas: un hombre saliendo de una etapa difícil y un gato avanzando a su lado, como si hubiera cumplido una misión que nadie le enseñó.

Hay presencias que no necesitan palabras para sostenernos.

Ptolomeo fue una de ellas.

⚡ Le dio luz al mundo… pero se fue en soledadEl 7 de enero de 1943, Nikola Tesla murió en Nueva York, en la habitación 3...
31/05/2026

⚡ Le dio luz al mundo… pero se fue en soledad

El 7 de enero de 1943, Nikola Tesla murió en Nueva York, en la habitación 3327 del hotel New Yorker.

Tenía 86 años.
En la puerta colgaba un cartel: «No molestar».
Su cuerpo fue encontrado solo dos días después.

La causa oficial de la muerte fue trombosis coronaria. Pero detrás de esas palabras breves había años de soledad, pobreza y silencio que rodearon a un hombre que cambió el mundo.

Tesla fue uno de los principales creadores del sistema de corriente alterna — la misma electricidad que hoy alimenta nuestros hogares y ciudades.

Estaba muy adelantado a su tiempo: soñaba con la transmisión inalámbrica de energía, desarrollaba la radio, los motores eléctricos y pensaba en energías renovables cuando todo eso parecía ciencia ficción.

Hubo un tiempo en que fascinaba a Nueva York: encendía bombillas con sus propias manos, creaba rayos en su laboratorio, tenía inversores y admiradores.

Pero cuando sus ideas se volvieron demasiado audaces — especialmente su sueño de energía gratuita para todos — el apoyo desapareció. El genio empezó a ser visto como un soñador excéntrico.

En sus últimos años vivió con sencillez. Comía de forma modesta, pasaba sus días alimentando palomas en el parque y sentía un cariño especial por una paloma blanca, diciendo que la amaba como un hombre ama a una mujer.

Cuando ella murió, algo dentro de él también pareció apagarse.

Y aun así, tras su muerte, el mundo se detuvo por un momento. Cientos de personas acudieron a su funeral y, con el tiempo, la historia comenzó a devolverle el lugar que merecía.

Hoy, el nombre de Tesla sigue vivo — en la ciencia, en la tecnología y en el futuro que ayudó a crear.

Nikola Tesla murió solo.
Pero no olvidado.

Se fue habiendo cambiado el mundo… y su luz sigue brillando. ⚡

🏜️✨🧹 Mientras todos pensaban que estaba loca por pasar sus días barriendo arena en medio del desierto, una mujer terminó...
27/05/2026

🏜️✨🧹 Mientras todos pensaban que estaba loca por pasar sus días barriendo arena en medio del desierto, una mujer terminó salvando uno de los mayores misterios arqueológicos del planeta. María Reiche dedicó gran parte de su vida a estudiar y proteger las famosas Nazca Lines en Peru, caminando sola bajo el intenso sol del desierto con una escoba, una brújula y una cinta métrica mientras muchos habitantes la llamaban “la gringa loca”. Durante décadas limpió la arena, midió figuras gigantescas y defendió aquellos antiguos trazos que el tiempo y el viento amenazaban con borrar, convencida de que escondían un enorme valor histórico y astronómico. Con el paso de los años, el mundo finalmente comenzó a reconocer la importancia de su trabajo y las líneas de Nazca terminaron convirtiéndose en uno de los sitios arqueológicos más admirados del planeta. María Reiche nunca buscó fama ni riquezas; vivió de manera humilde hasta su muerte en 1998, pero dejó una herencia inmensa: demostrar que la perseverancia de una sola persona puede evitar que la historia desaparezca bajo el polvo del olvido.

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