Los comienzos son por casualidad o causalidad, una tarde al salir del colegio una carta callo a mis pies… era El Mago, el arcano mayor N.2, yo sin saber aún que era el tarot, y mucho menos saber que aquella carta simbolizaba el inicio, radiante, arriesgado e impaciente, el arcano curioso que te invita a ser tú mismo. El camino estaba marcado, aunque para ese entonces yo solo alcanzaba a maravillar
se con los colores y las imágenes ilegibles que componían aquella carta que yo guardaba bajo mi almohada como un bendito presente. La respuesta a lo que tenía en mis manos y miraba cada noche antes de dormir, llego una tarde de abril con los ojos abiertos e infinitos de mi abuela al saber de dónde había venido esa carta hasta mis pies. Ella me enseño lo que era el tarot, lo que suponía su llegada a mi vida y el placer de una mujer mayor al compartir conmigo su más grande y escondido don. Gracias abuela. Han pasado 30 años desde ese momento, años en los que la fui desarrollando mi capacidad de interpretación y absorción de conocimientos que hoy me conceden el placer de ayudar y brindar mi servicio a miles de personas que buscan una guía, una respuesta.