13/04/2026
La reunión de 15 años de graduados se convirtió en un campo de batalla cuando abrieron la cápsula del tiempo. Adentro no había recuerdos bonitos, sino la carta suicida de un amigo que desapareció hace años, señalando directamente al culpable que estaba sentado ahí mismo en la mesa. Las sonrisas fingidas se borraron de golpe y la desconfianza inundó el lugar. ¿Quién de todos ellos será el asesino de sangre fría?
El jardín de la imponente casona en San Ángel estaba iluminado por cientos de luces led que colgaban de los jacarandás, creando un ambiente de ensueño que contrastaba con la pesadez del aire nocturno de la capital. La generación 2009 de la Preparatoria Nacional se había reunido para celebrar quince años de haber egresado. Había risas, abrazos fingidos, presunción de cargos ejecutivos y el inconfundible aroma a tequila y nostalgia.
En la cabecera de la mesa principal, Lâm (ahora Leonardo) lucía un traje italiano hecho a medida. Era el anfitrión y el patrocinador absoluto del evento. Se movía con la gracia de un hombre que había conquistado el mundo de las finanzas, estrechando manos y repartiendo promesas de negocios. A su lado, Hà (ahora Elena), su esposa y antigua reina de belleza de la prepa, mantenía una sonrisa perfecta, aunque sus ojos no dejaban de buscar la salida.
—¡Bueno, bueno! —gritó Jorge, el antiguo jefe de grupo, subiéndose a un pequeño estrado—. Antes de que el mariachi empiece a tocar, es momento de abrir la "Cápsula del Tiempo" que enterramos detrás del gimnasio hace quince años. La rescaté ayer de la escuela antes de que iniciaran las obras de remodelación.
Un murmullo de emoción recorrió las mesas. Trajeron una caja de metal oxidada, cubierta de tierra seca. Uno a uno, los exalumnos fueron recuperando objetos: fotografías Polaroid descoloridas, cartas de amor nunca enviadas y boletos de conciertos de bandas de rock que ya nadie escuchaba.
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