06/06/2026
NI ESTÁN TODOS LOS QUE SON, NI SON TODOS LOS QUE ESTÁN
Víctor Manuel Trejo
Por: Víctor Manuel Trejo
En días recientes, la libertad de expresión en San Luis Potosí ha sido puesta a prueba. La detención de diversos reporteros bajo el marco de la nueva legislación sobre Inteligencia Artificial ha desatado un debate necesario, no solo sobre la legalidad de dichas detenciones, sino sobre la propia naturaleza del oficio periodístico en la era digital.
Ante el ruido informativo que se ha generado, sobre todo en las redes sociales, es urgente hacer una pausa y cuestionarnos: no todo lo que se publica en la red es periodismo.
La irrupción de la tecnología ha traído como consecuencia que cualquier ciudadano con un teléfono móvil se convierta en un emisor de mensajes, lo cual es perfectamente válido pues es un derecho consagrado en la Carta Magna y además es un derecho humano fundamental que debe ser protegido. Ese derecho se llama Libertad de Expresión.
Pero, es necesario aclarar que la libertad de expresión no es equivalente al ejercicio del periodismo. Mientras que la libre expresión es el derecho de opinar, el periodismo es una disciplina de rigor, una metodología basada en la verificación de hechos, la jerarquización de la información y, sobre todo, una responsabilidad ética ante el interés público.
El periodista no solo "sube contenido"; el periodista investiga, contrasta fuentes, se desplaza al lugar de los hechos y asume la responsabilidad legal y social de lo que publica. Cuando la autoridad estatal utiliza una ley ambigua —como la actual "Ley IA"— para encarcelar a comunicadores sin distinguir entre un ejercicio periodístico legítimo y la simple propagación de contenido digital, no solo se está cometiendo una injusticia individual, sino que se está debilitando la salud democrática de la entidad.
La defensa de los detenidos no debe centrarse únicamente en el argumento de la libertad de expresión, sino en la reivindicación del oficio periodístico.
He aquí el quid del asunto:
Un periodista cuenta con una trayectoria, con un método y con un compromiso comprobable. La Fiscalía no puede, bajo un criterio discrecional, igualar el trabajo de investigación de un reportero con la desinformación generada por perfiles anónimos o malintencionados.
Si el Estado busca combatir la desinformación mediante la vía penal, debe empezar por reconocer que el periodismo profesional no es su enemigo, sino su contrapeso necesario.
La criminalización de la prensa mediante el acoso judicial no es más que un mecanismo para imponer el silencio en un momento en que la ciudadanía más necesita la transparencia.
Como sociedad, debemos exigir que se respete la labor de quienes, con ética y rigor, documentan nuestra realidad. Pero, también hay que insistir en que no todo el que escribe o formula una opinión en redes sociales es un periodista.
La diferencia entre el ruido digital y el periodismo es, en última instancia, la diferencia entre la confusión y la verdad. Defender esta distinción es la única manera de garantizar que la libertad de informar siga siendo el pilar fundamental de la democracia potosina y la del país.
No debemos olvidar que lo que decía Javier Darío Restrepo, periodista colombiano: "El periodismo que dignifica la profesión es aquel que sirve a la parte más noble del ser humano y aporta a la vida de la sociedad"
Hay que dignificar el oficio del reportero del periodista, porque en cuestión de periodismo, ni están todos los que son, ni son todos los que están.
¿No lo cree usted?