19/05/2026
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El calor no espera… y los recibos castigan
En Sinaloa hay familias que ya no le tienen miedo al calor. Le tienen miedo al recibo de la luz.
Porque una cosa es abrir el sobre y encontrarte con dos mil pesos. Y otra muy distinta es recibir cobros de siete, diez, trece o hasta veintinueve mil pesos, con fecha límite de pago en cuestión de días. Para muchas personas eso no representa una deuda: representa una sentencia económica imposible de cumplir.
La realidad del sinaloense promedio no coincide con los escritorios donde se diseñan las tarifas eléctricas. Aquí hay gente que vive al día. Jornaleros, albañiles, vendedores, madres solteras, pequeños comerciantes. Personas que apenas completan para comida, gasolina y renta. ¿Cómo se supone que alguien que gana 200 o 300 pesos diarios pague un recibo que equivale a varios meses de trabajo? ¿Qué esperan que haga la gente? ¿Apagar el aire acondicionado cuando afuera hay temperaturas que superan los 40 grados?
Porque aquí el aire acondicionado no es lujo. Es supervivencia.
La Comisión Federal de Electricidad ha explicado que muchos de estos cobros elevados corresponden al consumo realizado antes de que iniciara oficialmente el subsidio de verano el 1 de mayo. También argumenta que los cortes de facturación no coinciden igual para todos los usuarios y que eso provocó que parte del consumo se cobrara todavía bajo tarifa normal.
Técnicamente quizá haya una explicación. Socialmente, no hay justificación.
Porque el calor no inicia el día que marca el calendario burocrático. El calor comenzó semanas antes. La gente empezó a encender minisplits desde abril porque simplemente no había otra opción. En colonias populares hay casas de lámina, techos calientes y niños durmiendo entre abanicos que solo avientan aire hirviendo. Pedirle a la ciudadanía que “controle el consumo” en estas condiciones raya en el cinismo.
Y mientras miles protestan afuera de las oficinas de la CFE, las respuestas siguen siendo frías: “haga convenio”, “levante aclaración”, “espere revisión”.
Pero el problema de fondo sigue intacto.
El sistema está diseñado para castigar al que más necesita electricidad en las temporadas más extremas. Basta rebasar ciertos límites para perder subsidios y entrar a tarifas mucho más caras. Usuarios han denunciado aumentos de hasta 53%, además de brincos repentinos que duplican o triplican recibos habituales.
Y entonces ocurre algo todavía más grave: el miedo.
Miedo a prender el aire.
Miedo a usar el abanico.
Miedo a que llegue otro recibo impagable.
Miedo a que corten la luz en plena ola de calor.
En un estado donde las temperaturas extremas ya forman parte de la vida cotidiana, la electricidad dejó de ser un lujo hace muchos años. Es un servicio básico ligado incluso a la salud y la dignidad humana.
La pregunta es sencilla: ¿hasta cuándo se seguirá tratando el consumo eléctrico en Sinaloa como si viviéramos en clima templado?
Porque mientras las autoridades hablan de tarifas, porcentajes y fechas de subsidio, hay familias enteras haciendo cuentas para decidir algo absurdo: si comen, o pagan la luz.
Ya es hora, ya vienen las campañas… aprovechen!!!!
Atte. El Parra