17/09/2026
¿QUIÉN PUEDE AÑADIR A SU VIDA UNA HORA?
Por Enoc García
Vivimos corriendo, corremos para llegar al trabajo, para cumplir compromisos, para atender pendientes, para alcanzar metas y, muchas veces, hasta para descansar. El reloj parece convertirse en nuestro mayor enemigo, siempre sentimos que nos falta tiempo.
Pero hay una pregunta que Jesús hizo hace más de dos mil años que sigue teniendo una enorme vigencia: “¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?” (Mateo 6:27).
La pregunta de Jesús no era solamente acerca del tiempo. Era acerca de nuestras preocupaciones, de ese afán constante por controlar aquello que está fuera de nuestras manos.
Hoy podríamos plantearla de otra manera: ¿Quién puede añadir a su vida una hora? Nadie.
Podemos ganar dinero, comprar cosas, cambiar de trabajo, mejorar nuestra alimentación, hacer ejercicio, planificar nuestro futuro y llenar nuestra agenda de actividades, pero ninguno de nosotros tiene la capacidad de agregarle sesenta minutos al día.
Todos recibimos las mismas 24 horas la diferencia está en qué hacemos con ellas. El tiempo que desperdiciamos no regresa
Podemos perder dinero y volver a ganarlo, podemos perder una oportunidad y encontrar otra, incluso podemos equivocarnos y comenzar de nuevo pero el minuto que acaba de pasar nunca volverá, y sin embargo, muchas veces vivimos como si nuestro tiempo fuera infinito.
Pasamos horas preocupados por lo que todavía no sucede, lamentándonos por lo que ya pasó o entreteniéndonos con cosas que, al final del día, no dejaron absolutamente nada en nuestra vida.
Tenemos tiempo para revisar el teléfono una y otra vez, para discutir, para preocuparnos, para compararnos con los demás y para perseguir cosas que quizá mañana ya no tendrán importancia, pero muchas veces decimos que no tenemos tiempo para Dios.
Ahí es donde esta pregunta de Jesús adquiere un significado mucho más profundo.
No se trata de tener tiempo, sino de darle valor. Jesús continúa enseñando en Mateo 6 que no debemos vivir dominados por la ansiedad acerca de lo que comeremos, beberemos o vestiremos, y después pronuncia una de las declaraciones más importantes de ese pasaje:
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mateo 6:33).
Jesús no está diciendo que dejemos de trabajar, de planificar o de cumplir nuestras responsabilidades, nos está enseñando a poner cada cosa en su lugar, porque podemos tener una agenda llena y una vida vacía, podemos conquistar muchas cosas y, al mismo tiempo, perder aquello que verdaderamente importa, podemos tener tiempo para todo, excepto para detenernos delante de Dios y preguntarnos: ¿hacia dónde estoy llevando mi vida?
Quizá el problema no sea que nos falte tiempo. Quizá el problema sea que no siempre sabemos en qué estamos invirtiendo el que tenemos.
Todos los días recibimos un regalo que no podemos almacenar para mañana: el tiempo. Cada amanecer representa una oportunidad para amar a nuestra familia, para decir “te quiero”.
Para perdonar, para ayudar a alguien, para hacer el bien, para acercarnos a Dios, para corregir nuestros caminos, para cumplir aquello que Dios puso en nuestro corazón.
La Biblia dice en Efesios 5:15-16: “Mirad, pues, con diligencia cómo andéis... aprovechando bien el tiempo.”
Aprovechar el tiempo no significa vivir desesperadamente ocupados, significa vivir con propósito.
Podemos pasar todo el día haciendo cosas y, al final, descubrir que descuidamos las más importantes.
Nadie sabe cuánto tiempo le queda, esa realidad puede parecer incómoda, pero también puede convertirse en una llamada de atención.
¿Cuánto tiempo llevas posponiendo esa conversación con
tus padres?
¿Cuánto tiempo llevas diciendo que algún día buscarás a Dios de verdad?
¿Cuánto tiempo llevas esperando “el momento adecuado” para cambiar?
¿Cuántas veces has dicho: “Cuando tenga tiempo, voy a acercarme más a Dios”?
El problema es que el momento perfecto casi nunca llega, siempre habrá trabajo, habrá pendientes, problemas, siempre habrá algo que ocupe nuestra atención.
Por eso, buscar a Dios no puede depender de que nos sobre tiempo, debe convertirse en una prioridad dentro del tiempo que ya tenemos.
No necesitas añadir una hora a tu día, necesitas comenzar a utilizar de otra manera los minutos que Dios ya te regaló.