29/04/2026
DIRECTOR DE PROTECCIÓN CIVIL SIN CASCO: EL DISCURSO QUE SE DERRUMBA EN LA PRÁCTICA.
Así las cosas con Juan Gerardo Vallejo, titular de Protección Civil Municipal de Silao.
Mientras desde su cargo exige, regula y aprueba operativos que impactan directamente la vida diaria de miles de ciudadanos —particularmente motociclistas—, él mismo aparece sin el equipo mínimo de seguridad que su propia dependencia promueve y, en muchos casos, impone. Sin casco, exponiéndose como cualquier mortal en ruedas.
El contraste es brutal y revelador.
Por un lado, el discurso oficial: responsabilidad, cultura de la prevención, respeto al reglamento de tránsito, protección de la vida. Por el otro, la práctica de quien ostenta el cargo: reglas para los de abajo, flexibilidad (o descuido) para los de arriba.
Esto no es un simple descuido personal. Es un síntoma claro de cómo funciona una parte importante de la autoridad en muchos municipios: los funcionarios se creen intocables. Aprueban multas, retiros de unidades y operativos estrictos contra ciudadanos comunes —a quienes en Silao incluso les llevan al corralón motocicletas sin placas, aunque la ley permita garantizar con licencia o tarjeta de circulación—, pero cuando se trata de ellos mismos, el reglamento parece volverse opcional.
¿Cuántas veces hemos visto esta doble vara? Se exige casco al motociclista de delivery que intenta ganarse el día, pero el director de Protección Civil sale sin él. Se sanciona severamente al ciudadano por no portar placas, pero las autoridades se mueven con impunidad.
Esto genera algo más profundo que enojo: genera descrédito. Cuando quienes tienen la obligación de dar ejemplo fallan en lo básico, el mensaje que envían a la sociedad es devastador: “Haz lo que yo digo, no lo que yo hago”. Y en materia de seguridad vial, donde cada descuido puede costar vidas, ese mensaje es especialmente peligroso.
Un funcionario público, sobre todo en Protección Civil, debería ser el primero en encarnar las normas que promueve. No por postureo, sino por coherencia y por respeto a los ciudadanos que paga con sus impuestos. Porque si el titular de la dependencia encargada de prevenir riesgos no toma en serio su propia seguridad, ¿qué credibilidad puede tener cuando exige que otros la tomen?
La reflexión va más allá de un casco. Se trata de la distancia cada vez mayor entre el discurso oficial y la realidad cotidiana. De la impunidad selectiva que erosiona la confianza en las instituciones.