24/12/2025
¿Sabías que…? 😧
La Navidad, como la conocemos hoy, no nació únicamente como una celebración religiosa. Su origen es mucho más antiguo y está ligado a uno de los momentos más importantes del año para las civilizaciones antiguas: el solsticio de invierno, que ocurre entre el 21 y el 25 de diciembre, cuando se registra la noche más larga y, a partir de ahí, los días comienzan a alargarse nuevamente.
Para pueblos agrícolas de Europa, Asia y América, este fenómeno marcaba el regreso gradual del sol, el renacimiento de la luz y la continuidad de la vida. Culturas como la romana celebraban la Saturnalia, dedicada a Saturno, dios de la agricultura, con días de convivencia, intercambio de alimentos y regalos. En el norte de Europa, los pueblos germánicos celebraban el Yule, encendiendo fuego y troncos sagrados como símbolo de protección y renovación.
Siglos después, el cristianismo adoptó esta fecha para conmemorar el nacimiento de Jesús de Nazaret, aunque no existe evidencia histórica que confirme que haya nacido el 25 de diciembre. La elección de la fecha fue simbólica: Jesús fue presentado como la luz del mundo, naciendo justo cuando la oscuridad comienza a retroceder.
El relato del nacimiento en un pesebre refuerza una idea central: la esperanza no surge del poder ni de la riqueza, sino de la sencillez, de lo humilde y de lo humano. La Navidad se convirtió así en una síntesis entre antiguas celebraciones solares y un mensaje espiritual centrado en la compasión, la comunidad y el renacer interior.
Con el paso del tiempo, estas tradiciones se transformaron, pero su significado esencial permanece. En estas fechas, las personas tienden a reunirse, perdonar, compartir y mirarse con más humanidad. No es solo costumbre ni religión: es una respuesta profundamente humana a la oscuridad del invierno, una forma ancestral de recordarnos que no estamos solos y que, incluso en los momentos más difíciles, la luz siempre encuentra la manera de regresar.
Feliz Nochebuena y feliz Navidad para todos. 🎄