06/02/2026
Hoy se cumplen cuatro meses desde que dejé la modalidad multigrado unitaria. Durante cinco años, como docente y directora comisionada, aprendí a través de experiencias y retos que la educación necesita hoy más que nunca compromiso y pasión para ejercerse con amor. Comprendí también que, en muchas ocasiones, el sistema presenta obstáculos que pueden mermar la salud física y mental de cualquier docente; sin embargo, el verdadero motor para continuar son esas personitas sonrientes y curiosas que te esperan con emoción, día con día, fuera del salón de clases, recordándote el sentido y la razón de tu vocación.
Como bien señala Paulo Freire: “La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”, y son precisamente esas pequeñas miradas llenas de ilusión las que transforman nuestra práctica y renuevan nuestra esperanza.
Haber pertenecido a una escuela multigrado dejó una huella imborrable en mi quehacer profesional. Al mismo tiempo, me permitió reconocer que Dios me fortalece y me acompaña en cada momento, pues muchas veces dudé de mi trabajo y de mis capacidades; sin embargo, cuando eso ocurría, Él se encargaba de confirmarme, a través de las personas y las circunstancias, que iba por el camino correcto. Esta etapa no solo consolidó mi vocación docente, sino que reafirmó mi fe, mi resiliencia y mi compromiso con una educación humana, sensible y transformadora...
Hoy vivo una nueva experiencia desde otra perspectiva docente que les compartiré en otra ocasión
Dime ¿cuál es tu experiencia en la escuela multigrado? ¿Cuál es tu mayor reto del aula multigrado?