30/12/2025
Libros contra balas: la masacre que México intentó olvidar.
Pedían autonomía para estudiar, y el gobierno les respondió con plomo en la plaza pública.
El 30 de diciembre de 1960, la ciudad de Chilpancingo, Guerrero, se tiñó de rojo en uno de los capítulos más tristes de la represión estudiantil en México. Estudiantes y ciudadanos se habían congregado pacíficamente en la Alameda Granados Maldonado. Su delito: exigir la autonomía de su universidad y protestar contra el gobierno despótico del general Raúl Caballero Aburto. No tenían armas, tenían ideales. Pero el poder no entiende de diálogos cuando se siente amenazado.
Bajo órdenes del gobierno estatal, el ejército mexicano, concretamente el 24º Batallón de Infantería, rodeó a la multitud. No hubo advertencia, no hubo gas lacrimógeno; hubo fuego real. Las balas de los fusiles Máuser destrozaron la tarde. Cayeron mu***os alrededor de 20 personas (las cifras oficiales, como siempre, intentaron minimizar el horror) y más de un centenar resultaron heridas. La sangre de los jóvenes manchó los cuadernos y las calles.
La brutalidad fue tal que el gobierno federal no pudo ocultarla. La indignación nacional provocó la desaparición de los poderes en el estado y la caída del gobernador Caballero Aburto pocos días después. La universidad consiguió su autonomía, pero el precio fue una generación de estudiantes que pagó con su vida el derecho a pensar libremente.
Esta masacre es el prólogo sangriento de lo que vendría después en 1968 en Tlatelolco. Nos enseña que la libertad académica en América Latina no fue un regalo, fue una conquista arrebatada a sangre y fuego. ¿Recordamos hoy a los mártires de Chilpancingo o hemos dejado que el polvo de la historia los cubra?
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