04/12/2025
¿Por que un/a estudiante podría preferir simular en una evaluación mediante el uso de la IA en lugar de exponerse a confirmar qué tanto ha aprendido? Antes de ensayar una respuesta habría que decir que esta preferencia es anterior a la IA. Hasta hace no mucho tiempo se recurría al plagio, a copiar el trabajo de algún/a compañero/a, a negociar calificaciones, entre otras estrategias.
Creo que existen múltiples razones (seguramente hay más) para ello. Una de las razones podría ser que ese/a estudiante percibe que la información que requiere procesar para aprobar un examen o entregar un trabajo es inútil. De hecho, si lo que tiene que hacer para aprobar lo puede realizar con IA quiere decir que su percepción es correcta.
Otra de las razones podría ser que lo evaluado sea mucho más amplio o riguroso que lo enseñado o que lo evaluado no sea percibido por el/la estudiante como parte del aprendizaje. Puede ser, también, que las evaluaciones se superpongan y que no haya una adecuada planificación de los contenidos que el/la estudiante debe procesar al mismo tiempo durante cada período escolar. La falta de coordinación entre las/los docentes durante cada período escolar es un hecho ampliamente sabido en la comunidad.
Podría ser, también, que el/la estudiante no cuente con las herramientas suficientes para poder procesar los contenidos que está obligado a incorporar. Aparece aquí, además de la falta de sincronización entre los contenidos de diversas asignaturas mencionada, la falta de planificación diacrónica de los contenidos, de tal suerte que lo visto en los períodos previos no alcance para procesar los nuevos contenidos. Desde otra perspectiva, podría atribuirse a la falta de hábitos, estrategias, manejo de los lenguajes, etc., que no fueron adquiridos suficientemente en ciclos escolares previos.
No deberíamos descartar la falta de motivación, la sensación de que cualquier esfuerzo es en vano porque las posibilidades de conseguir las recompensas adecuadas son escasas o porque la distribución de las recompensas es independiente del rendimiento escolar sincero. En este caso, la estrategia racional es simular un rendimiento que no se ha alcanzado efectivamente. Por otra parte, el paso por la Universidad podría ser sólo un mecanismo de postergación del ingreso al mercado debido a la escasez de oportunidades.
Es posible que el aprendizaje en la Universidad sea aburrido, monótono, desmedido, incomprensible. Leer, estudiar y aprender son procesos mucho más complejos y difíciles que cualquiera de los estímulos con los que compite. Los estímulos extra universitarios seguirán existiendo y apelar a que nos quedaremos con los que resisten esas competencias desleales no garantiza que nos quedemos con los mejores ni con la cantidad necesaria.
Es muy probable que lo que no esté funcionando sean los estímulos. Si lo único necesario es la certificación, con independencia de lo que se aprende, el aprendizaje se constituye en un escollo a sortear de la manera más rápida posible. Lo aprendido en la Universidad puede ser inútil y la primera operación posterior a la certificación sería olvidar todo lo allí aprendido. El aprendizaje práctico en los puestos de trabajo terminaría siendo lo que calificaría a los profesionistas.
Evidentemente algunas de estas razones superan la capacidad de actuación de la Universidad pero hay muchas otras sobre las que deberíamos empezar de inmediato a trabajar. La crisis no es sólo el resultado de la revolución tecnológica, es anterior a ella. Hace ya mucho tiempo que venimos fingiendo que todo está bien, que todos nuestros planes de estudio están certificados y que la Universidad destaca en los rankings internacionales. Si nosotros somos los primeros en simular ¿por qué no deberían hacerlo también los y las estudiantes?
Dr. En C.P. J. Arzuaga.