07/01/2026
Conocí a Charles Manson en la cárcel, pero déjame decirte algo: no era el personaje que todos vimos en documentales o noticias. Era un hombre bajito y flaco, parecía un alma perdida, casi un vagabundo. Tan pobre que usaba un cordón como cinturón porque no podía comprar uno. Muchos presos quisieron aprovecharse de él por su tamaño, pero nosotros lo protegimos cuando descubrimos su extraño talento: podía hipnotizarte. Lo dejamos dormir frente a nuestra celda y, una noche, nos hizo sentir que estábamos dr* gdos… sin que hubiera nada real. A través de la hipnosis, convenció a dos de nosotros de que estábamos bajo los efectos de dr* gs, y lo increíble es que nuestros cuerpos reaccionaron como si fuera cierto. Vomitamos, sudamos, todo. Era como si realmente tuviera el poder de meterse en tu mente.
Después lo trasladaron y me dio tristeza. En el fondo, era un tipo confundido, no el monstruo que el mundo conoció después. Era un hombre frágil, quebrado por dentro. Mi amigo, que también lo conoció en San Francisco, me contó que las chicas que lo siguieron no eran malas, solo estaban destruidas. Venían de la calle, de situaciones terribles, buscando a alguien que las protegiera. Y él, con su voz tranquila, su mirada y un poco de ácido, se presentó como un salvador. No fue el dm* nio que inventó la televisión, fue un hombre que entendía el dolor ajeno… y lo usó para liderar a otros tan rotos como él.
Danny Trejo, cuando conoció a Charles Manson en prisión.