ARGOS - Casa de relatos

ARGOS - Casa de relatos Editorial sin fines de lucro para la difusión del arte y la cultura. Dirección: Arturo García Oros

🎥🎬 *De Prepa 9 a la Cineteca Nacional: dos jóvenes cineastas que transformaron su realidad en arte*La Unidad Académica P...
19/10/2025

🎥🎬 *De Prepa 9 a la Cineteca Nacional: dos jóvenes cineastas que transformaron su realidad en arte*

La Unidad Académica Preparatoria No. 9 de la Universidad Autónoma de Nayarit vuelve a poner el nombre de Villa Hidalgo en alto.
Los cortometrajes “Sombra”, de José Julián Badillo Ruiz, y “Perfección”, de Jhomara Nohemí Mirlario Reynoso, fueron seleccionados para la Muestra Nacional del Concurso ANUIES en Corto 2025, que se llevará a cabo los días 21 y 22 de octubre en la Ciudad de México, con proyecciones oficiales en la ANUIES y la Cineteca Nacional.

Ambos jóvenes representarán a Nayarit en este encuentro donde se exhiben las 20 mejores producciones estudiantiles del país, un logro que refleja el espíritu creativo, libre y reflexivo de Prepa 9, así como el acompañamiento de su asesor Apolonio Medina. Y por supuesto, gracias a la gestión de la Secretaría de Educación Medía Superior de la UAN que permitirá trasladar y hospedar a estos jóvenes artistas.

🎭 *El arte que nace del aula… y del alma*

Cuando llegó la noticia, la emoción recorrió los pasillos.
No era solo un reconocimiento al talento, sino a todo lo que implicó llegar hasta aquí: noches de grabación, ideas difíciles, dudas, aprendizaje y, sobre todo, valentía.

Desde *ARGOS – Casa de Relatos*, quisimos conocer lo que hay detrás de esos cortos.
Y lo que encontramos fue mucho más que cine: encontramos humanidad.

🪞 *Jhomara: la perfección como espejo*

Jhomara —o Mara, como le gusta que la llamen— creció en Villa Hidalgo.
Habla con serenidad, pero sus palabras revelan una batalla silenciosa por encontrarse a sí misma.

Su cortometraje “Perfección” nace de una herida conocida: el perfeccionismo.

“Siempre he tenido esa necesidad de hacerlo todo bien. Pero entendí que la perfección puede volverse una carga que te lastima. Quise mostrar eso a través de una historia, de una versión de mí misma que se pierde en su deseo de ser suficiente.”

En su obra, la cámara se convierte en espejo.
Es cine como autoconocimiento.

“Exentar no siempre significa aprender. Aprender también es equivocarse, detenerse, respirar y aceptar que no todo tiene que salir perfecto.”

Y entonces lo comprendió:

“Buscar la perfección puede hacerte olvidar que ya eres suficiente.”

Para ella, Prepa 9 fue un espacio donde crear, fallar y volver a intentar se volvió posible.
Donde el arte no se finge: se siente.

🌑 *Julián: la sombra como verdad*

Julián, de la comunidad de Aután, mira el mundo con ojos críticos.
Su obra “Sombra” no busca agradar… busca incomodar.

“Siempre se habla del acoso hacia las mujeres, pero se minimizan los casos que viven los hombres. Yo quise hablar de eso, de algo que casi no se dice.”

“Sombra” explora la obsesión, los límites del deseo y la incomodidad moral.
No hay sangre ni sustos: el terror se insinúa.

“Quiero que el espectador reflexione sobre lo que se calla, sobre lo que evita mirar.”

Nunca había tomado una cámara profesional, pero aprendió con práctica y con ayuda de su compañera Kinereth Herrera, su “dupla creativa”.

Julián es, ante todo, un provocador con propósito.

“Me enorgullece que de mi pueblo haya talento. Gente que piensa diferente.”

🎞️ *El cine como aula extendida*

Tanto Jhomara como Julián coinciden:
Prepa 9 es un espacio de libertad creativa.

Un lugar donde se puede ser uno mismo, sin miedo al juicio.
Donde docentes como el maestro Polo acompañan para que las ideas florezcan.

El arte que nace allí no es casualidad.
Es consecuencia de una escuela sensible y comprometida con su comunidad.

Desde Villa Hidalgo, Nayarit, surgen miradas que cuestionan, sanan y provocan.

🧠 *Lo que aprendieron*

Jhomara descubrió que el arte no es perfección… es verdad.
Julián entendió que atreverse ya es un triunfo.

Ambos representan los dos polos del alma humana:
la luz que busca armonía y la sombra que exige ser reconocida.

🫰 *De Villa Hidalgo a la Cineteca Nacional*

El 21 y 22 de octubre, sus obras serán proyectadas en la Cineteca Nacional frente a jóvenes, docentes, directivos y cinéfilos de todo el país.

Y aunque viven este momento con emoción, el verdadero logro ya ocurrió:
transformaron su experiencia en arte… y su arte en voz.

✍️ *Epílogo: cuando el arte regresa a casa*

Hace poco, Jhomara escribió para ARGOS el relato “Migajas y Crayones”, donde narraba cómo su familia, su pueblo y los pequeños actos de amor moldearon su manera de mirar el mundo.

Hoy, su mirada ya no solo se escribe… se filma.

Y mientras ella busca la luz de la imperfección, Julián explora las sombras de lo humano.

Dos caminos distintos, una misma raíz:
el deseo de crear, de pensar, de sentir.

Porque el arte, cuando nace del alma,
siempre termina regresando al lugar donde todo comenzó:
Prepa 9 de Villa Hidalgo.

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🪶 ARGOS – Casa de Relatos

28/06/2025

Cuando Un Himno Nace Del Alma: el homenaje del Ballet Prepa 9

El lunes 23 de junio, ante la mirada atenta y emocionada de alumnos de la generación 2022-2025, de madres y padres de familia, de docentes, trabajadores y de la comunidad de Villa Hidalgo, el ballet de Preparatoria No. 9 ofreció un momento que quedará para siempre en la memoria colectiva.

Bajo la dirección del maestro Daniel Hernandez Verdias, gran formador de generaciones y figura imprescindible en la historia cultural de la prepa y de nuestro pueblo, se presentó, casi como un susurro venido del alma, un nuevo bailable, acompañado de una melodía inédita que se escuchó por primera vez: el Himno Prepa 9.

La letra, creación del destacado y querido escritor nayarita Hugo César Delgado Ayala, resonó como un canto de gratitud y orgullo. Con versos que honran los cimientos, las luchas y los sueños que han dado forma a nuestra casa de estudios, el himno dice:

🎼
Tus inicios, sacrificio,
un pilar, tus fundadores,
personal con mucho oficio,
tus alumnos, los mejores.

Personajes han sorteado,
por tu causa tempestades,
como el siempre recordado,
ilustre doctor González.

Tus jóvenes buscan sapiencia,
aunque trabajo conlleve,
tu enseñanza es de excelencia,
con orgullo prepa nueve.

Ser un zorro es compromiso,
es la esencia de tu raza,
el sentimiento preciso,
de sentirse como en casa.

Tus alumnos traen linaje,
en su sangre traen talento,
dan la cara con coraje,
arrasando en cada evento.

Tus jóvenes buscan sapiencia,
aunque trabajo conlleve,
tu enseñanza es de excelencia,
con orgullo prepa nueve.
🎶

La danza, la melodía y la letra entretejieron un momento sublime que hizo vibrar a los presentes; quienes conocen el legado de esta gran institución no pudieron evitar estremecerse. La figura del Dr. Fernando Javier González Ibarra, mencionada en la segunda estrofa, iluminó la memoria colectiva. Aquel ilustre director, impulsor del Plan 2003 —modelo innovador del bachillerato en la UAN, adoptado exitosamente en nuestra prepa— fue recordado con respeto y amor, a pocos meses de su partida.

El bailable fue un tributo: un abrazo simbólico al Dr. González Ibarra y a toda una generación de soñadores que han hecho de la Preparatoria No. 9 un orgullo para Villa Hidalgo. Las lágrimas discretas, los aplausos sentidos y el eco de la nueva melodía confirmaron lo que ya es un hecho: este Himno Prepa 9 se ha convertido en parte del alma de nuestra institución.

Un instante que, sin duda, quedará guardado para siempre en el corazón de todos.

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🪶 Por ARGOS - Casa de Relatos
Villa Hidalgo, Nayarit | Junio 2025

"Una Universidad Viva: testigos del cambio"Crónica del Tercer Informe de Labores de la Rectora Norma Liliana Galván Meza...
19/06/2025

"Una Universidad Viva: testigos del cambio"
Crónica del Tercer Informe de Labores de la Rectora Norma Liliana Galván Meza
📚 Por ARGOS – Casa de Relatos

El día de ayer, en sesión solemne del Honorable Consejo General Universitario, se llevó a cabo la presentación del Tercer Informe de Actividades de la Universidad Autónoma de Nayarit, correspondiente al ciclo 2024-2025. La Dra. Norma Liliana Galván Meza, rectora de nuestra alma mater, encabezó este acto con un mensaje que resumió no sólo los avances administrativos y académicos, sino también el espíritu de transformación que hoy recorre los pasillos de la UAN.

Bajo el lema "Responsabilidad y Perseverancia", la rectora hizo un recuento puntual de los logros obtenidos en infraestructura, finanzas, investigación, calidad académica, inclusión, vinculación social y rendición de cuentas. Y aunque cada cifra y logro mencionado fue motivo de aplauso, hubo algo aún más potente detrás de su voz: la fuerza de una mujer que ha sabido hacer historia.

Porque sí: este no fue un informe cualquiera. Fue el testimonio del liderazgo de la primera mujer en dirigir la Universidad Autónoma de Nayarit. En un contexto heredado de crisis financiera, de incertidumbre y desgaste institucional, fue una mujer quien asumió el timón, trazando una ruta de recuperación firme, transparente y profundamente humana.

Desde Preparatoria No. 9, cuatro consejeros universitarios acudieron como testigos y actores de esta historia que se sigue escribiendo:
– Mía Navarro, Consejera Estudiante,
– Julián Mendoza, Consejero Presidente,
– Aida Hernández, Consejera Docente,
– y Arturo García, Consejero Director.

Juntos representaron no solo a una escuela, sino a una generación comprometida con el futuro de la educación pública. Su presencia reafirma el principio de que una universidad viva es aquella en la que sus estudiantes, docentes, trabajadores administrativos y manuales no sólo asisten, sino participan, escuchan, reflexionan y se suman a la transformación.

Y es que la UAN de hoy —esa que camina "por lo nuestro, a lo universal"— es una institución que no se conforma con permanecer: busca renovarse, abrirse al mundo sin perder sus raíces, fortalecer su autonomía con una visión crítica y con profunda sensibilidad social.

El mensaje fue claro: hay mucho por hacer, pero el rumbo está trazado. Y hoy, gracias a una mujer que rompió el techo de cristal en el corazón de la universidad, podemos decir con certeza que el cambio no sólo es posible, ya está en marcha.

Una universidad viva no se define por sus muros, sino por su gente.

Y ayer, desde las aulas hasta el estrado, la comunidad universitaria fue testigo del poder de una historia que sigue latiendo.

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✍️ Publicado por ARGOS – Casa de Relatos
Villa Hidalgo, Nayarit
Junio 2025

"De servir a SER"📖Relato de vida de Elvira Bañuelos Arias🪶Redacción original: Diego Alexander Sosa RodríguezEn el año de...
10/06/2025

"De servir a SER"
📖Relato de vida de Elvira Bañuelos Arias
🪶Redacción original: Diego Alexander Sosa Rodríguez

En el año de 1963, en el pintoresco pueblo de Villa Hidalgo, Nayarit, nació una niña de ojos grandes y mirada despierta: Elvira Bañuelos Arias.

Séptima de catorce hermanos —justo en medio—, su infancia transcurrió entre el bullicio familiar, el olor a leche recién ordeñada y el calor de la leña encendida en la cocina de su madre.

Elvira no tuvo una niñez ligera. Creció en una familia de escasos recursos, donde la necesidad era parte del día a día. Desde pequeña, su lugar en la familia fue claro… aunque nunca elegido. Ayudaba a su madre con las labores del hogar, cuidaba a sus hermanos menores y participaba en el negocio familiar: hacer quesos frescos, tarea que recaía en las mujeres, mientras los hombres se dedicaban al campo o a trabajos considerados “de mayor esfuerzo”.

Cuando quería salir a jugar con sus amigos de la cuadra, debía hacerlo con un hermano en brazos. Eso lo complicaba todo, pero sus ganas de jugar —como todos los niños— eran más fuertes que cualquier carga.

Creció bajo la firme creencia de que una mujer había nacido para servir: primero a sus hermanos, luego a un marido que, tarde o temprano, llegaría. Y ese sería, según le enseñaron, el único hombre que debía existir en su mundo.

Hizo muchas cosas que no la hacían feliz, pero durante años creyó que así debía ser. Se casó joven, como le inculcaron, y vivió una vida marcada por sacrificios y silencios que nunca terminaron de cuadrarle.

Pero el tiempo —ese sabio lento— fue transformándolo todo.

Poco a poco, Elvira comenzó a ver el mundo con otros ojos. A su alrededor, se gestaba un cambio profundo e inevitable. Y mientras Elvira despertaba, también lo hacía el mundo. Villa Hidalgo ya no era el mismo de su infancia: las calles se llenaban de voces nuevas, de mujeres que buscaban su independencia, de hijas que soñaban con viajar, estudiar, trabajar, decidir. Como si un viento invisible, venido de otros lugares, trajera consigo nuevas formas de ser mujer, de vivir. La televisión, el internet, las escuelas… todo parecía alinearse para dar voz a las mujeres que antes habían sido silenciadas. Y Elvira, sin saberlo, florecía junto con su tiempo.

Hoy, ya en la adultez, Elvira es una mujer plena. Madruga para ir al gimnasio, trabaja para sí misma y se da gustos sin pedir permiso. Se considera alguien completamente diferente. Tiene una mentalidad más amplia, más libre. Se llena de orgullo al ver cómo las mujeres de hoy se valoran, se hacen escuchar, ya no se conforman.

Y sonríe.

Sonríe al ver a las nuevas generaciones vivir no para servir… sino para ser.

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Publicado por ARGOS - Casa de Relatos, dentro del proyecto VOCES DEL PUEBLO.

"La Calle UNESCO"📖 Relato de ficción inspirado en memorias orales🪶Redacción original: Keyline Alejandra Noriega Rodrígue...
07/06/2025

"La Calle UNESCO"
📖 Relato de ficción inspirado en memorias orales
🪶Redacción original: Keyline Alejandra Noriega Rodríguez
🎤Entrevistada: Alicia Rodríguez

“Este relato no está basado en hechos reales… pero casi.”

Cuando una abuela cuenta sus recuerdos, una nieta escucha con los ojos cerrados… e imagina.

Así nació este texto: no como testimonio exacto, sino como un cuento de amor tejido con la memoria de un pueblo.

Keyline Alejandra, estudiante de 16 años, transforma los ecos del pasado en un relato entrañable, donde la nostalgia, la plaza, el cine, la poesía y los primeros amores se funden en una voz literaria que honra a Villa Hidalgo.

En "Voces Del Pueblo" celebramos también estas historias ficticias que contienen verdades más profundas que los hechos. Porque si un lugar vive en la imaginación de sus jóvenes, entonces seguirá latiendo por siempre.

Capítulo 1 – La calle Unesco y los secretos del tabaco

Mi nombre es Alicia Rodríguez Ibarria. Nací un 28 de septiembre de 1954, en un pequeño y maravilloso pueblo…

Ahora que tengo tiempo —y canas—, me gusta sentarme por las tardes en el sofá marrón y acogedor de mi casa, con una taza de café en la mano, y dejar que los recuerdos me visiten sin prisa.

Villa Hidalgo, mi pueblo, era pequeño, sí, pero lleno de alma. Todo tenía un ritmo propio, pausado, con ese encanto de los lugares donde todavía se escuchan grillos por la noche y donde el tiempo no corre, camina.

Desde pequeña he vivido en la calle Unesco, un nombre que siempre me intrigó. Mientras otras calles llevaban nombres de héroes nacionales o fechas importantes, la mía sonaba a algo lejano, extranjero.

Con el tiempo supe la historia: al final de la calle se encontraba una escuela piloto, construida con apoyo de la UNESCO. Era un proyecto educativo experimental, casi único. Ahí, según se decía, se hacían pruebas con distintas variedades de tabaco, y llegaban expertos de Cuba, Alemania, Estados Unidos… Hablaban raro, se vestían distinto y tomaban notas en unos cuadernos enormes.

Mis amigas y yo íbamos en las tardes, fingiendo que buscábamos a alguien, pero en realidad solo queríamos mirar. Nos parecía un mundo lejano dentro de nuestro propio pueblo. Un pedazo de otro planeta… justo al final de nuestra calle.

Capítulo 2 – La vuelta en la plaza

Nuestro verdadero mundo era la plaza, el corazón del pueblo. Ahí todo sucedía: las risas, las confesiones, los chismes, los amores. En septiembre, la plaza se vestía de gala. La noche del 15, nos arreglábamos con esmero y salíamos a celebrar el Grito de Independencia.

Había algo mágico, una costumbre que a mí me fascinaba: la forma en que los hombres giraban en un sentido y las mujeres en otro, formando círculos en torno al kiosco. Nos cruzábamos una y otra vez, y en esos breves encuentros… nacían historias enteras.

Fue ahí donde lo vi por primera vez: Alejandro, con su camisa blanca bien planchada y esa forma de mirar que parecía decir “Te estoy esperando”.

Caminaba entre los demás chicos, bromeando, pero con la mirada fija, buscándome.

Nos cruzamos la primera vez sin tocarnos, apenas un “Hola” con los ojos. La segunda, nos sonreímos. La tercera, él dijo algo, pero la música lo cubrió. Yo me hice la que no oía, aunque por dentro me temblaba hasta el alma.

A la cuarta vuelta, Alejandro se detuvo justo frente a mí, rompiendo la tradición. Los dos quedamos inmóviles, mientras el resto seguía girando a nuestro alrededor. El bullicio de la plaza se volvió murmullo lejano.

—Te ves bonita —dijo, sin timidez.

—Tú también… pareces nuevo —respondí, riendo nerviosa.

Él dio un paso más cerca. Los cuetes estallaron en el cielo justo entonces, iluminando su rostro por un instante con luces verdes y rojas. Me ofreció su brazo, como si fuéramos adultos en una fiesta elegante, y me llevó a dar una vuelta, pero esta vez juntos, del mismo lado. Dejamos de girar como los demás. Caminamos recto, como si el mundo se hubiera detenido.

Pasamos frente al carrito de algodones, al vendedor de banderitas, a la señora que ofrecía buñuelos con piloncillo. Él me compró uno y lo partimos por la mitad. Sus dedos rozaron los míos, y sentí un calor que no tenía nada que ver con el clima.

—¿Siempre vienes al Grito? —le pregunté.

—Desde que tengo memoria. Pero este año… me nacieron más ganas.

No supe qué contestar. Me limité a mirar el cielo, lleno de luces artificiales. El regidor del pueblo gritó “¡Viva México!” y todos lo seguimos. Pero en mi pecho el grito fue otro. Era un “¡Sí!” que no dije, pero sentí. Un “sí” a estar ahí, a vivir ese momento, a quedarme un poco más a su lado.

Después del Grito, fuimos al kiosco y nos sentamos en una de las bancas laterales. Desde ahí veíamos cómo la gente reanudaba sus vueltas, sus charlas, sus juegos. Alejandro sacó una navajita del bolsillo y talló una inicial en el respaldo de la banca: la “A”. Luego me la pasó.

—Haz la tuya —dijo.

Yo dudé, pero lo hice. Una “A”, al lado de la suya. Torpe, temblorosa. Luego, él dibujó una rosa entre ambas letras. Era sencilla, pero clara. Pequeña. Como ese momento. Como todo lo que sentimos sin decirlo.

Nos quedamos ahí hasta que la banda dejó de tocar. Él me acompañó a casa, y antes de despedirse me dio un beso en la mejilla. Muy leve. Casi no lo sentí. Pero a mí… me duró toda la vida.

Capítulo 3 - Versos, ferias y recuerdos

En noviembre, el pueblo despertaba más temprano que nunca. El día 20, antes del desfile, todos salíamos con cubetas a regar la calle, para que el polvo no se levantara al paso de los niños disfrazados de revolucionarios. Yo participé una vez, vestida de adelita, con trenzas falsas que me puso mi tía, porque no me alcanzaba el cabello. Caminamos por todo el centro, saludando con la mano como si fuéramos parte de un desfile nacional. Las madres lloraban de orgullo, y los abuelos aplaudían como si en nosotros vieran la esperanza de que el país siguiera adelante.

Y luego estaban los viernes de cine. ¡Ay, el cine! Teníamos dos: el Encanto y el Azteca. Las funciones comenzaban a las ocho de la noche, pero a las seis ya estábamos formados. Lo mejor era que los viernes eran dos por uno, y si no tenías dinero, podías llevar huevos de gallina para pagar. El boletero los recibía como si fueran billetes, y nunca faltaba quien llegara con su canastita, bien envuelta, a hacer su trueque. Nos dejaban salir temprano de la secundaria por eso. Era un pequeño ritual de felicidad: el boleto, el refresco en bolsita, la película en blanco y negro, y la emoción de ver si él se sentaba cerca.

Pero nada se comparaba con lo que pasaba en diciembre. La Feria de las Rosas era nuestra Navidad anticipada. Todo el pueblo se vestía de fiesta: luces colgando entre los árboles, música por todas partes, olor a churros y buñuelos, y ese aire frío que te hacía apretarte el rebozo. Pero el verdadero corazón de la feria era el concurso de poesía. Quien escribiera el poema más bello para Villa Hidalgo ganaba la Rosa de Oro. Era literal: una rosa delicada, forjada en oro, que brillaba como el sol de mediodía. Decían que la había hecho un español que pasó por el pueblo muchos años atrás y se quedó a vivir porque se enamoró de la tranquilidad. Nunca supimos si era cierto, pero nos gustaba creerlo.

Yo tenía diecisiete años cuando me animé a participar. Siempre había escrito en secreto. Tenía un cuaderno azul que escondía entre los dobleces del colchón. Ahí guardaba mis pensamientos, mis preguntas, mis rabias. Pero esa vez, me atreví. Mi tía Martha me empujó, como siempre.

—Si no hablas, el mundo nunca sabrá que existes —me dijo.

Pasé noches enteras escribiendo. Me sentaba bajo la luz de la luna, con los dedos entumidos de tanto borrar y volver a escribir, buscando palabras que olieran a barro, que supieran a pan recién horneado, que sonaran como las campanas del domingo.

Cuando subí al escenario a leer, el papel me temblaba en las manos. Pero a medida que leía, el murmullo del público se fue apagando. Me escuchaban. Y sentí que, por un instante, el alma del pueblo latía al ritmo de mis versos.

No gané. El premio se lo llevó don Arturo Oros, un maestro jubilado, con un poema que hablaba de Villa Hidalgo en los tiempos en que se llamaba “El Nuevo”. Todos lloramos al oírlo, así que no me dolió perder.

Lo que gané fue algo más profundo: al bajar del escenario, entre los aplausos, mis padres y mi tía Martha estaban ahí, con una cara de orgullo como si hubiera sido yo la ganadora. Alejandro también me esperaba. No dijo nada. Solo me tomó de la mano y caminamos. Bajo las luces de feria y la música lejana, sentí que, por un momento, la vida era perfecta.

Capítulo 4 – Lo que nunca se borra

Con el tiempo, todo cambió.

La escuela piloto cerró. Uno de los cines se volvió un Oxxo, el otro, una taquería.
Alejandro y yo nos casamos, envejecimos juntos, tuvimos hijos… y también nietos hermosos, como la que ahora relata mi historia.

Pero cada vez que escucho un poema, o veo una rosa, regreso a esos días.

Vuelvo a Villa Hidalgo, ese lugar que, aunque ha cambiado, sigue latiendo dentro de mí como aquel pueblo de costumbres vivas y corazón de fiesta.

Vuelvo a la plaza llena de giros, a los huevos en la taquilla, a las cubetas regando la tierra.

Y a esa calle Unesco que habita en mí y yo en ella, como una poesía que no se borra.

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Publicado por ARGOS - Casa de Relatos, dentro del proyecto VOCES DEL PUEBLO.

La Bruja Que Vino Por Su Palabra📖 Relato oral de la señora Ignacia Jiménez Aguilar🪶 Redacción original: Davidova Díaz Ló...
05/06/2025

La Bruja Que Vino Por Su Palabra
📖 Relato oral de la señora Ignacia Jiménez Aguilar
🪶 Redacción original: Davidova Díaz López

Hay relatos que no necesitan inventarse.
Basta con escuchar a quienes llevan la memoria en la piel.

Desde Villa Hidalgo, Nayarit, nos llega una historia que nace de la tradición y del poder de la palabra.
La señora Ignacia Jiménez tenía apenas ocho años cuando vivió algo que aún hoy, más de seis décadas después, la estremece.

Una noche. Una lechuza. Un grito.
Y al día siguiente, una figura vestida de sombra, que regresó... por la sal.

Este testimonio fue recogido por su nieta, Davidova, quien lo transcribió con la devoción de quien hereda un secreto familiar.

En ARGOS creemos que la historia oral es también historia sagrada.
Y que hay brujas que no aparecen en los libros, pero sí en los recuerdos que nadie ha podido borrar, como el que nos presenta Davidova a continuación:

*
Yo me llamo Ignacia Jiménez, y esto me pasó en la localidad de Villa Hidalgo, Nayarit.

Una noche, nos salimos a sentar afuera: mi abuela, mi hermana y yo. Eran entre las nueve y media y diez de la noche. De pronto, una lechuza empezó a pasar por encima de nosotras, se regresaba y volvía a pasar. Enfrente había unos árboles grandes de guamúchil.

Entonces mi abuela, muy segura, me dijo:

—Grítale a la lechuza. Si es de las buenas, no pasa nada. Y si es de las malas… ahí se va a notar.

Y con una voz seria, me dio una frase para gritarle:

—Dile así: ¡Mañana vienes por tu sal… para que te piques el ojal!

Yo la repetí, con miedo, con nervios, pero la dije como ella me indicó:

—¡Mañana vienes por tu sal… para que te piques el ojal!

Y ya. No pasó nada. Nos quedamos un rato más y luego nos fuimos a dormir.

**
Al día siguiente, como a las diez y media de la mañana, nos quedamos solas en casa mi hermana y yo. De pronto oí una voz:

—Niña… niña…

Volteé, aunque me dio un mal presentimiento. En ese tiempo yo tendría unos ocho o nueve años.

—Niña… niña… —volvió a decir.

Y cuando volteé bien… era una bruja.

Una bruja de las de verdad —o al menos así la vi yo—. Con su gorro puntiagudo, toda vestida de negro, con una nariz horrible. Me paralicé del susto. No podía ni hablar.

Me fui para atrás y le grité a mi hermana:

—¡Toña! ¡Ahí está la lechuza!

Mi hermana, confundida, me preguntó:

—¿Por qué dices que es la lechuza?

Y le respondí:

—Porque me está pidiendo la sal que le grité ayer…

Porque sí: eso me había dicho la bruja. Me habló otra vez y me dijo:

—Niña… ¿me regalas poquita sal?

Entonces Toña reaccionó:

—¡Córrele! ¡Vámonos con la abuela!

La bruja estaba como a cinco o seis metros de distancia, y el patio conectaba con la casa de mi abuela, que quedaba como a unos ochenta o cien metros. Salimos corriendo por el patio, y fuimos directo a avisarle.

Mi abuela no dudó. Tomó un Cristo y salió a buscar a la lechuza. Revisamos las esquinas, las calles, por todos lados… pero ya no había nada. Ni rastro de esa figura horrorosa.

***
Y eso es algo que nunca se me va a olvidar.
Por eso, hasta la fecha, le tengo horror a las lechuzas.

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Publicado por ARGOS – Casa de Relatos, dentro del proyecto VOCES DEL PUEBLO. Recuperando las memorias de Villa Hidalgo, una historia a la vez.

Don José Ángel: la vida, la tierra y el corazón🪶Entrevista y redacción original: Jessica de Jesús López Madera“Yo me lla...
03/06/2025

Don José Ángel: la vida, la tierra y el corazón
🪶Entrevista y redacción original: Jessica de Jesús López Madera

“Yo me llamo José Ángel Madera González, nací el 2 de agosto de 1940. Ya tengo 85 años y aquí sigo, gracias a Dios…”

📚 Proyecto: VOCES DEL PUEBLO
Así comienza esta historia.
Un testimonio real. Una memoria viva.
Don José Ángel ha visto pasar los años como quien riega la tierra: con paciencia, trabajo y corazón.

En esta entrevista, su nieta —Jessica— se convierte en cronista de la historia de su familia, del pueblo, de una época que no debe olvidarse.

Este relato es un regalo de generaciones.
Un espejo en el que Villa Hidalgo puede verse y reconocerse.
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Yo me llamo José Ángel Madera González, nací el 2 de agosto de 1940. Ya tengo 85 años y aquí sigo, gracias a Dios. Yo no sé escribir, nomás leer poquito.

Mire, cuando yo era niño, allá por los años cincuenta, la vida era muy distinta.
No había luz. Nos alumbrábamos con cachimbas de petróleo o con veladoras, y las casas eran de palapas, cercadas con palos, no como ahora, que ya todo es de material. No había calles empedradas, ni plaza, nomás un mercadito chiquito… y ahí se vendía maíz y frijol, lo que se podía.

Mi papá vivió más de cien años, no recuerdo si fueron ciento cuatro, pero sí pasó de los cien. Era fuerte, de esos hombres que no se rajan, y trabajó en el campo toda su vida.
Yo también trabajé en el campo desde chamaco, desde que tenía uso de razón, porque si no trabajabas, no comías. Cultivaba tabaco, era lo que había.
La vida era muy pobre, pero uno se las arreglaba como podía. Y más porque éramos doce hijos en la familia… aunque una ya se nos adelantó.

No había fábricas ni talleres como ahora. La gente era albañil, panadero, carnicero… de esos oficios que servían para vivir al día.

Luego, con el tiempo, llegó la luz al pueblo. Y con la luz, llegó el cine.
¡Qué bonito era! La gente se emocionaba, gritaban y aplaudían cuando salía el Santo, o el Blue Demon… hasta Bruce Lee. Se sentía como si estuvieran ahí de veras.
Y yo, para divertirme, me iba a jugar béisbol con los amigos. No había muchas cosas, pero con poquito, uno era feliz.

En las fiestas también era hermoso. Hacían misas de alba, peregrinaciones, castillos de pólvora, bailes…

Y algo que ya casi no se ve: el Día del Trabajo se hacía una marcha con las empresas y sus sindicatos. El Día de la Santa Cruz, los albañiles hacían su fiesta, ponían su cruz y hasta misa había en la iglesia. Todo eso… ya se fue perdiendo.

Después vinieron los cambios. Se empedraron las calles, se amplió la plaza. En el 2013 metieron el boulevard.

Cuando llegó Tabamex, allá por los años cincuenta, hubo trabajo para muchos. Luego vino la Coca Cola, y más tarde, en el 2015, llegaron los chinos con una empresa de hortalizas. También dieron empleo.

Pero allá por el noventa, cuando se fue Tabamex por malos manejos, ya no fue igual. Se sintió feo. Se acabó mucho trabajo… y con eso, parte de la economía.

Yo conocí a una bella mujer, una maestra que se llamaba María Eva Rodríguez Serrano. Me casé con ella en diciembre de 1970, y formamos una familia.
Tuvimos cuatro hijos: Xóchitl, Dinora, Doreida y el más chico, Ángel. Todos salieron profesionistas. Me siento bien orgulloso de ellos.

Tengo ocho nietecitos… y la más chiquita es la que me está entrevistando ahorita.
Pero no todo fue felicidad. En el 2006 se me murió mi amada esposa, de cáncer. Y desde entonces no ha sido igual.

Se siente un hueco en el corazón.

También me acuerdo mucho de un gran hombre del pueblo. Le decían el Prieto Crispín. Se llamaba Crispín Durante Zamorano.

Era muy querido. Ayudaba a todos, especialmente a los más pobres. Pero el gobierno lo mató… porque nos ayudaba.

Así era la injusticia.

Yo nomás quiero decirles a los jóvenes que no desaprovechen lo que tienen.
Estudien, trabajen, échenle ganas.

No se olviden del pueblo, ni de nuestras costumbres. Sobre todo el 12 de diciembre, el día de la Virgen de Guadalupe. Que no se pierda eso.
Que no se les olvide Villa Hidalgo, que antes se llamaba "El Nuevo".

Migajas y Crayones🪶Por Jhomara Nohemí Miralrío Reynoso📚 Proyecto: VOCES DEL PUEBLOEste texto forma parte de Voces del Pu...
29/05/2025

Migajas y Crayones
🪶Por Jhomara Nohemí Miralrío Reynoso

📚 Proyecto: VOCES DEL PUEBLO
Este texto forma parte de Voces del Pueblo, una iniciativa de ARGOS – Casa de Relatos que busca dar voz a las memorias íntimas y profundas que habitan en los rincones de nuestras comunidades. Cada relato es una raíz que nos sostiene, una historia que merece ser contada.

[Capítulo 1: Cuando llegamos al pueblo]

De Sauta a Villa Hidalgo no hay mucha distancia en el mapa, pero sí en destino.
Tu papá Modesto y yo, Ángela Guzmán, llegamos con los bolsillos vacíos de dinero, pero llenos de sueños.
Los dos éramos maestros. Él, con esa paciencia que lo hacía especial. Yo, con amor por los niños y las canciones.
Pero la vida pidió un sacrificio. Y tu papá lo hizo sin dudar:
—Toma mi plaza, Ángela —me dijo—. Yo buscaré otra forma de sostenernos.
Así se volvió panadero.
Aprendió a tratar la masa con el mismo cariño con el que trataba a sus alumnos.
Y su pan… su pan llenó de aroma cada calle del pueblo.
Mientras tanto, yo me convertía en maestra de preescolar.
Entre dibujos torcidos, risas chiquitas y canciones de colores, encontré mi lugar.

[Capítulo 2: Lo que se le pide con el corazón]

Tuvimos tres hijos primero. Varones. Llenos de vida y travesuras.
Pero cada noche, en silencio, yo le pedía algo más a Dios:
—Una niña, Señor. Solo una.
Y Dios me escuchó… a su tiempo.
No me dio una. Me dio dos.
Dos reflejos. Dos razones.
Y mi corazón, que ya era grande, se hizo infinito.

[Capítulo 3: La raíz que me sostuvo]

Y en esa historia, hubo alguien más que me sostuvo: tu abuela.
Fuerte, seria, pero generosa.
Me cuidó como si fuera su hija.
Cuando partió, dejó un silencio que no se llena…
Pero su voz aún me guía, siempre firme:
—Sigue, Ángela. No pares.

[Capítulo 4: El pan, las letras y los lazos]

Hoy miro atrás y veo a tu papá saliendo al amanecer a hornear.
Y a mí, rumbo al preescolar con cuentos y crayones.
Vivimos un bucle de sacrificio y amor.
De migajas en la mesa y dibujos en la pared.
Y aunque el tiempo pase, yo me quedo aquí, en este pueblo, en esta historia.
Porque aquí encontré todo lo que no sabía que necesitaba.

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