16/12/2025
Los hombres pueden sufrir más que las mujeres en las rupturas afectivas, no porque amen menos, sino porque muchas veces aprenden a amar en silencio. Desde chicos se les enseña a no llorar, a no hablar de lo que sienten y a “aguantarse como hombres”. Entonces, cuando una relación termina, el dolor no siempre sale en palabras o lágrimas, sino que se queda atorado.
Mientras muchas mujeres buscan apoyo, hablan con amigas y procesan la pérdida, muchos hombres siguen con su vida por fuera, pero por dentro cargan la ausencia, la culpa y las preguntas sin respuesta. No lo publican, no lo confiesan, no lo piden… lo resisten. Y resistir también cansa.
Además, para muchos hombres la relación era su principal espacio emocional. Ahí podían ser vulnerables, bajar la guardia, sentirse escuchados. Cuando eso se rompe, no solo pierden a la pareja, también pierden el lugar donde podían ser ellos mismos.
Sufrir no es cuestión de género, sino de cómo nos enseñaron a manejar el dolor. Y muchas veces, el sufrimiento más profundo es el que no se ve, el que no se dice… el que se carga solo.