27/12/2025
Fiscalización 2026 un reto para contribuyentes / Marco González Kuri
Columna: Políticas, traiciones y algo más
Título: Fiscalización 2026 un reto para contribuyentes
Por: Marco González Kuri
Durante años se nos dijo que la digitalización facilitaría la vida del contribuyente. Y así fue: facturar, declarar y pagar nunca había sido tan sencillo. Lo que casi nadie explicó es que esa comodidad vino acompañada de una transformación profunda del modelo de fiscalización en México, una que hoy coloca al contribuyente frente al sistema de control tributario más sofisticado de América Latina.
La fiscalización no se volvió estricta de la noche a la mañana. Fue una construcción silenciosa, gradual y metódica, planeada durante más de dos décadas por el Servicio de Administración Tributaria, al mismo tiempo que la economía, el trabajo y el consumo migraban de forma acelerada al entorno digital. Mientras el contribuyente celebraba la inmediatez, la autoridad afinaba el método.
El proceso inició con la factura electrónica en 2004, pero el verdadero parteaguas ocurrió entre 2011 y 2014, cuando el Comprobante Fiscal Digital por Internet (CFDI) se volvió obligatorio. A partir de ese momento, el SAT dejó de revisar papeles para comenzar a analizar datos estructurados. La fiscalización dejó de ser artesanal y se volvió matemática.
Cada factura electrónica es un archivo con identidad fiscal, fecha cierta, monto exacto y validación oficial. En términos prácticos, la autoridad ya no pregunta cuánto gana el contribuyente: lo sabe. Y cuando existe una diferencia entre lo facturado y lo depositado, la ley faculta a presumir ingresos, trasladando la carga de la prueba al propio contribuyente.
El Código Fiscal de la Federación respalda este modelo de forma clara. Los artículos 29 y 29-A establecen la obligación y los requisitos del CFDI; el artículo 42 otorga amplias facultades de comprobación, incluidas las revisiones electrónicas y de gabinete; y el artículo 59 permite presumir ingresos con base en depósitos bancarios. La contabilidad dejó de ser un ejercicio interno para convertirse en un sistema de fiscalización compartida con la autoridad.
El segundo gran paso fue integrar al sistema financiero y a las plataformas digitales como auxiliares permanentes del fisco. Bancos, aplicaciones de transporte, hospedaje y comercio electrónico reportan información de manera directa, bajo criterios alineados con la OCDE. En este modelo, el flujo de dinero importa más que la intención del contribuyente.
Hoy la fiscalización opera mediante un cruce simple, pero implacable: lo que el contribuyente declara, lo que el banco reporta y lo que las plataformas informan y retienen. Cuando las cifras no coinciden, la discrepancia fiscal se activa de forma automática. Ya no hay visitas domiciliarias como primer paso; hay una notificación en el buzón tributario que inicia el procedimiento.
En otras palabras, ya no se fiscaliza a la persona: se fiscaliza el flujo del dinero. El sistema no discute versiones ni escucha explicaciones previas; detecta diferencias y actúa conforme a la ley.
De cara a 2026, el modelo fiscal no apunta a crear nuevos impuestos, sino a cerrar definitivamente los espacios de desorden. La tendencia es clara: auditorías electrónicas y de gabinete, cartas invitación con cifras prellenadas, mayor control sobre los depósitos en efectivo y suspensión de sellos digitales por inconsistencias, conforme al artículo 17-H Bis del CFF. La autoridad ya no acusa primero: detecta. Y una vez detectada la diferencia, la carga de la prueba recae íntegramente en el contribuyente.
Para empresarios, profesionistas y personas físicas en Veracruz y en todo el país, las alertas son evidentes. Todo ingreso debe estar debidamente documentado; préstamos, donativos y traspasos entre cuentas propias deben justificarse legal y contablemente. Los depósitos bancarios sin soporte generan presunción de ingresos: el SAT no distingue intenciones, distingue cifras. El efectivo sigue siendo el mayor factor de riesgo y el principal detonador de revisiones electrónicas. Las plataformas digitales ya informan por cuenta del contribuyente; lo que no se declara. Ignorar el buzón tributario equivale, en los hechos, a consentir: hoy, no responder es aceptar.
México dejó atrás la fiscalización artesanal. Hoy opera un modelo donde el cruce de datos vale más que la interpretación y donde el error, más que la evasión deliberada, es el principal enemigo del contribuyente. En este entorno, no sobrevive quien paga menos, sino quien entiende mejor sus obligaciones y se asesora a tiempo. Porque frente al algoritmo, la improvisación siempre pierde.