No apagues la luz

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DATO CURIOSO🧐La primera película de terror fue «Le Manoir du Diable» (La Mansión del Diablo), dirigida por Georges Méliè...
31/01/2026

DATO CURIOSO🧐

La primera película de terror fue «Le Manoir du Diable» (La Mansión del Diablo), dirigida por Georges Méliès en 1896.

Un cortometraje pionero
«La Mansión del Diablo» (1896) es una película de poco más de tres minutos dirigida y producida por Georges Méliès. Él no solo fue director, sino también un inventor dedicado a explotar recursos físicos para hacer realidad sus historias. Utilizó efectos especiales y técnicas como el stop trick para crear la ilusión de que objetos aparecían o desaparecían.

La innovación de mostrar al Diablo
La cinta presenta al Diablo encontrándose con diversos fantasmas. Aunque su propósito también era generar risas, la sola representación de Satanás en el cine resultaba innovadora para la época. Su temática y elementos permiten clasificarla como la primera película de terror e, incluso, como fundadora del cine de vampiros al incluir una transformación en murciélago.

El escenario y el rodaje
El cortometraje se ambientó en el jardín de la propia casa de Méliès, con un paisaje pintado detrás de los actores para dar sensación de profundidad.

Un elenco casi anónimo
En el siglo XIX la actuación no solía acreditarse. Solo se identifica con certeza a la actriz de teatro Jeanne d’Alcy, colaboradora habitual de Méliès y luego su esposa, quien interpretó a la mujer que sale del caldero. Se hipotetiza que el Diablo pudo ser el mago Jules-Eugène Legris, según el historiador Georges Sadoul.

Una obra recuperada del olvido
Esta obra se perdió con el tiempo y fue recuperada casi un siglo después, en 1988, en el New Zealand Film Archive. Con el auge de internet, pudo digitalizarse y difundirse en todo el mundo.

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"Moctezuma" la calle en Xalapa con almas en penaXalapa, con su neblina y misterio, esconde historias que te erizarán la ...
03/07/2025

"Moctezuma" la calle en Xalapa con almas en pena

Xalapa, con su neblina y misterio, esconde historias que te erizarán la piel. Una de las más escalofriantes es la de la casa del número 68 en la calle Moctezuma.
Esta vieja casona de piedra, con más de 90 años, se alza lúgubre y manchada por el tiempo. Pero lo más aterrador no es su aspecto, sino lo que se dice que habita en ella.

La leyenda cuenta que desde los ventanales de esta casa abandonada, se asoma una mujer de unos 30 años, arrastrando una muñeca percudida y gastada. Se dice que tanto ella como la muñeca buscan con quién jugar, pero "los niños también están mu***os".
Lo más inquietante es que, si la muñeca cae a la banqueta, la mujer comienza a llorar desconsoladamente. Solo hay una forma de calmarla: ¡alguien debe arrojarle la muñeca de vuelta por la ventana! Una interacción que borra la línea entre la vida y la muerte.
Los vecinos de la calle Moctezuma, aunque con temor, no niegan la presencia de almas en pena. .

Además quienes han intentado vivir o establecer un negocio allí, han terminado por huir o fracasar. Fue un hotel que quebró, luego una funeraria que tampoco prosperó.
Pero lo más terrible son los relatos de las familias que llegaron a habitarla. Se cuenta que todos tuvieron finales trágicos dentro de sus muros: hombres que se quitaron la vida, niños que murieron sin explicación y mujeres que fallecieron poco después de mudarse.

Personas mayores, como don Enrique Rebolledo (un vecino de más de 80 años), creen que la mujer y los niños atrapados en la casa buscan salir. Sus almas están suspendidas en el tiempo, observando a los mortales que pasan. La mujer, con su muñeca, se deja ver ocasionalmente, en una desesperada búsqueda de sus hijos.

"Quizá fue solo una historia... pero por si acaso, mantente alerta, no camines solo de noche... y nunca, nunca APAGUES LA LUZ"
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16/06/2025

Una noche cualquiera, me encontraba en la azotea de la casa que compartía con un par de amigos. Era un espacio sencillo, pero con una vista que siempre me dejaba sin aliento: el pueblo rodeado de enormes cerros, como si nos abrazaran. Esa noche, estábamos en una pequeña reunión, riendo y disfrutando de la compañía. Nada de alcohol, solo risas y buena vibra.

Pasada la medianoche, sentí que mi pila social se agotaba. ¿Te ha pasado? Decidí apartarme un poco y quedarme en silencio, admirando el paisaje. La tranquilidad de la noche era casi hipnótica, hasta que algo rompió ese momento.

A lo lejos, vi algo que no podía explicar: unas bolas anaranjadas flotando en el aire. Al principio, pensé que era mi imaginación, pero no. Me acerqué a una de mis amigas, le señalé aquello y, poco a poco, todos dejaron lo que estaban haciendo para mirar. Las bolas se acercaban. Eran dos, y parecían hechas de fuego.

El asombro nos dejó sin palabras, pero lo que sucedió después nos dejó helados. Las bolas cayeron, no muy lejos de donde estábamos, justo a dos casas de distancia. Habíamos escuchado rumores sobre estas "bolas de fuego", pero nunca imaginamos que seríamos testigos de algo así.

Desde esa noche, todo cambió. La casa en la que vivíamos nunca volvió a sentirse igual. Comenzamos a escuchar pasos recorriendo los pasillos, susurros que parecían venir de ninguna parte, y lo más inquietante: el llanto de una pequeña niña.

"Quizá fue solo una historia... pero por si acaso, mantente alerta, no camines solo de noche... y nunca, nunca APAGUES LA LUZ"

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"La noche en que ví a la Santa Muerte"El año rondaba en el 2019, estábamos en un pueblo pequeño muy cerca de la ciudad d...
07/06/2025

"La noche en que ví a la Santa Muerte"

El año rondaba en el 2019, estábamos en un pueblo pequeño muy cerca de la ciudad de puebla, este se encontraba rodeado de enormes cerros, había muchas leyendas paranormales del lugar, al inicio, cuando llegué a vivir ahí, era la persona más escéptica que podría existir, pero ese pueblo me hizo creer en que, si hay algo más viviendo entre nosotros, otras dimensiones e incluso que la mismísima santa muerte existe.
Esto me pasó a mí:
Un día cualquiera, estaba en mi departamento, este lo compartía con mi pareja, mi mejor amiga y en ese tiempo su novio. Los cuatro teníamos una convivencia tranquila. Pasados los meses una familia llegó a rentar al lado, lo que los volvió nuestros vecinos, al ser una cuartería, las ventanas de los departamentos estaban apenas separadas por un pequeño pasillo y ambos departamentos compartían una pequeña terraza, para nosotros no había problema ya que desde que llegaron rara vez los veíamos, solo sabíamos que tenían 3 hijos, lo cual dos de ellos eran muy pequeños, uno tenia meses de nacido y la otra contaba con apenas dos o tres años. Justo una semana después de que llegaron, la bebé de meses comenzaba a llorar todas las noches cerca de las 3 de la mañana. Provocando que todos nos despertáramos.
Comenzamos a notar que solo los veíamos en las noches y por el día el departamento se encontraba completamente cerrado. Llegó la temporada de exámenes y de entregar trabajos finales, como estudiante de veterinaria encargaban muchos proyectos por lo que nos tocaba desvelarnos como todo buen mexicano que dejaba todo para el final. Eran exactamente las 3:33 de la mañana cuando comencé a sentirme observada. Debo hacer un énfasis y mencionar que en temporada de calor acostumbrábamos a dormir con las ventanas abiertas y una de ellas era una puerta corrediza de cristal, la cual mientras estaba despierta permanecía abierta. cuando comencé a sentirme así voltee buscando a la persona que me miraba, pero no encontré a nadie, me coloqué de nuevos mis audífonos ya que mi novio estaba dormido y no quería molestarlo.
La sensación de ser observada volvió, voltee rápidamente para buscar de nuevo y afuera de mi ventana junto a la puerta, observé a la hija de tres años de los vecinos, comenzó a reírse y se marchó corriendo. Me había sacado el mayor susto de mi vida. Al asomarme ya no la vi, cerré la puerta y decidí que era momento de dormir. Con el corazón a mil y los nervios a flor de piel decidí cerrar todas las ventanas de mi cuarto, al llegar a la ventana que colindaba con la de los vecinos, la pude ver, un bulto enorme de la Santa muerte. En lo personal no me molesta nada de eso, a final de día cada uno tiene derecho a venerar a quien desee, y mientras no te metas con nadie ni sus creencias, no se corre ningún peligro de daño. Debo admitir que me sorprendió un poco el tamaño que tenía, pero algo más llamó mi atención, la pequeña niña estaba frente a ella viéndome. Me despedí diciéndole un adiós con la mano lo cual me dio mucho miedo y cerré rápidamente la ventana. Me acosté, pero no pude dormir. Y de nuevo, el bebé comenzó a llorar.
Al día siguiente el departamento de ellos estaba completamente cerrado pero la señora estaba en el área de lavaderos, la saludé normal y amablemente como lo hago con toda la gente, deseándole un buen día. Después de clases regresé con mi amiga al departamento y que no salíamos mucho, obviamente ya le había contado todo lo que había pasado en la noche. Estábamos preparándonos para recibir a unos amigos, cuando me dio por salir al balcón compartido, me recargué en el barandal y entonces me di cuenta de que había un pequeño candado ahí, en el área donde se introduce la llave tenia una cruz marcada con plumón negro. Lo estaba observando con mucha curiosidad ya que eso no estaba ahí hacía unos días atrás, alguien recién lo había colocado ahí.
No me había dado cuenta de que la señora estaba también en el balcón y estaba observando como observaba el candado. Se acercó a mí provocándome un gran susto. Anteriormente ya había platicado un poco con ella por lo que ya teníamos un poco de confianza para platicar. Me dijo que era un candado de protección y su lado del balcón también tenia uno. Que era inofensivo siempre y cuando no tratáramos de quitarlo, que no tuviéramos miedo, que todo estaría bien. Le dije que no había ningún problema con eso, y se fue diciendo que nos veríamos después.
Mis amigos llegaron, estuvimos platicando y uno de ellos notó el candado, les conté lo que la señora me había dicho y todos se quedaron un poco asustados, pero decidieron dejar el tema por la paz. Pero no sabia que dos semanas después viviría algo que hasta la fecha me cuesta creer.
Eran exactamente las tres de la mañana, Acababa de acostarme después de trabajar en un proyecto, cerré las ventanas antes, pero decidí dejar una abierta ya que hacia mucho calor. Estaba por quedarme dormida cuando un sonido de metal arrastrándose en el piso me quitó todo el sueño, se escuchaba en el pasillo de mi departamento, estaba aterrada, la perilla estaba girando como si alguien fuera a entrar, pero no sucedió, sin más, un olor fétido inundó mi cuarto acompañado de una infinidad de moscas, el techo comenzó a llenarse de pequeñas moscas y el revoloteo de estas se escuchaba muchísimo, el olor cada vez aumentaba más. Ahora el metal siendo arrastrado se escuchaba alrededor de mi cama. Por instinto cerré los ojos para no ver nada, pero comencé a sentir que alguien me observaba, entreabrí los ojos pero no veía nada, el sonido había cesado, las moscas dejaron de revolotear, me armé de valor y abrí los ojos completamente, y pude verla ahí parada, una silueta casi de dos metros, completamente negra, la capucha que cubría su cara estaba completamente oscura como si no hubiera nada ahí, me paralicé, no podía moverme, era la santa muerte y me estaba observando, tenia su enorme oz del lado izquierdo, su energía emanaba respeto, poder, frío, alivio, misterio, protección, era un mar de sensaciones, pero no podía moverme. Estuvo viéndome un par se minutos que se sintieron una eternidad, como si hubiesen sido horas. De pronto, se dio la vuelta y salió por la puerta de cristal, el hedor y las moscas se fueron con ella. Seguía en shock, sin poder moverme, pero solo cuando se fue, pude notar que estaba conteniendo la respiración, podía sentir la palidez en mi rostro, mis nervios estaban a flor de piel.
Al día siguiente mi amiga me contó que solo escuchó el metal sobre el piso y que trataron de abrir su puerta, pero que no vio nada más. Mi novio nos contó que había sentido la energía, había escuchado y visto las moscas, había olido el hedor de la muerte como a azufre y sangre, pero jura que no la vio. Fue la mejor y la peor experiencia que he tenido. Sentir su presencia y poder verla, apreciarla de esa manera es algo increíble pero que te llena de miedo. De mi parte siempre he respetado mucho a todo lo relacionado con entidades poderosas o Dioses, pero ese día, supe respetar realmente a la santa muerte, aunque no la venero, siempre tendrá mi respeto al igual que todos los demás.
No volvimos a ver a los vecinos, pero sabíamos que ahí estaban ya que su gato solía visitarnos muy seguido. Un mes después de lo ocurrido, los vecinos desaparecieron de un día para otro sin dejar rastro. No supimos más de ellos.
Bueno, esta es mi historia relacionada con la muerte, yo pude sentir y ver a la muerte y no necesariamente en un accidente. Fue algo completamente real, algo que hasta la fecha aun me pone los pelos de punta.

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07/06/2025

¿Una niña fantasmal o algo más? El misterioso caso de Pinoltepec

El video que verás a continuación fue captado por una cámara de seguridad en Pinoltepec, Emiliano Zapata, Veracruz—un pequeño pueblo cerca de Xalapa. Pero lo que registró esa noche ha dejado a los vecinos con más preguntas que respuestas.

Semanas atrás, los habitantes del lugar comentaban sobre una "niña" que rondaba esa misma calle cuando caía la oscuridad. Sin embargo, al analizar las imágenes, algo no cuadra: ¿realmente se trata de una niña... o de algo mucho más inquietante?.

Para aumentar el misterio, en el audio se escucha claramente el relincho de un caballo , algo extraño, considerando que en esa zona no hay caballos. ¿Coincidencia? ¿Un efecto de sonido inexplicable?

Las teorías son muchas: podría ser solo una persona caminando hacia su trabajo… pero, ¿por qué aparece en ese lugar a altas horas de la noche? ¿Y por qué se escucha ese relincho fantasmal?

¿Qué crees que es? ¡Deja tu opinión en los comentarios! 👀🔍

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"La Casa Compartida"Cuando tenía 20 años, recién había comenzado la universidad y me encontraba viviendo fuera de casa p...
06/06/2025

"La Casa Compartida"

Cuando tenía 20 años, recién había comenzado la universidad y me encontraba viviendo fuera de casa por primera vez. Renté una casa recién construida, compartida con dos chicas más. Al principio, todo parecía normal. Aunque solo me llevaba bien con una de ellas, la convivencia era tranquila. Unos meses después, la chica con la que no hablábamos se mudó, y una amiga nuestra ocupó su lugar. Poco a poco, nos volvimos inseparables, compartiendo no solo la casa, sino también las clases y las risas.
Sin embargo, exactamente seis meses después de haber llegado, algo cambió. Las discusiones comenzaron a surgir entre nosotras, y con ellas, llegaron los espantos. Todo empezó de forma sutil: risas de niños en la madrugada, conversaciones que parecían venir de ninguna parte. Los sonidos comenzaban a las doce de la noche y se apagaban al amanecer. Pero lo más inquietante era encontrar juguetes que teníamos en nuestros cuartos apareciendo en las escaleras, como si alguien los hubiera estado usando. Éramos solo tres en la casa, y ninguna de nosotras lo hacía.
Una noche, tras una discusión particularmente acalorada, estábamos en la habitación de una de mis amigas. Tratando de calmar los ánimos, les pedí que dejáramos de gritar. En ese momento, la puerta se cerró de golpe, como si alguien más estuviera en la habitación con nosotras, exigiendo silencio. Se escucharon pasos en el pasillo, pero al salir a revisar, no había nadie. Esto se volvió una constante: cada vez que discutíamos, algo sucedía para detenernos.
Una de mis amigas tenía un don especial: podía ver fantasmas. Una noche, durante una charla entre chicas, nos confesó lo que había estado viendo. Nos contó que, mientras cenaba sola en la cocina tras regresar de una fiesta, notó a una familia entera detrás de ella. Al principio pensó que eran vecinos asomándose por la ventana, pero al acercarse, descubrió que no había nadie afuera. Sin embargo, al volver la vista, ellos seguían ahí. Una de las señoras incluso le sonrió y la saludó con un leve movimiento de cabeza.
Según mi amiga, en la casa vivían dos señores, tres ancianas, dos mujeres jóvenes y cuatro niños. Al parecer, habían habitado ese lugar mucho antes que nosotras. Al hablar con los vecinos, confirmamos que efectivamente ahí vivía una familia cuya casa fue demolida para construir la nueva. Habían mu**to en un accidente automovilístico y, al parecer, no sabían que ya no pertenecían a este mundo.
Con el tiempo, aprendimos a convivir con ellos. Los niños jugaban con nosotras, moviendo cosas o lanzando piedritas cuando no les prestábamos atención. Nunca nos hicieron daño, pero su presencia era constante. Incluso, en más de una ocasión, nos protegieron. El casero tenía la costumbre de entrar a la casa al amanecer sin avisar. Los entes nos despertaban justo cuando él llegaba, susurrando cerca de nosotras o haciendo ruidos en el pasillo. Una vez, mi amiga escuchó cómo el seguro de su puerta se cerraba solo, impidiendo que el casero entrara.
Finalmente, decidimos mudarnos. Aunque fue triste despedirnos de esa casa y de sus habitantes, sabíamos que era lo mejor. Antes de irnos, les agradecimos por habernos cuidado. A veces, lo que más tememos puede convertirse en lo que más nos protege.

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05/06/2025

El Hombre del Sombrero Alto

Corría el año 2017 cuando me fui de foránea a estudiar en un pequeño pueblo cerca de la ciudad de Puebla. Aquel lugar estaba envuelto en un aire de misterio, con historias que se contaban de boca en boca: brujas que rondaban los cerros, perros infernales gigantes que aparecían en las noches más oscuras, y una figura alta, con sombrero, que ascendía de la tierra como si emergiera del mismo in****no. Nunca imaginé que una de esas leyendas tocaría mi puerta.

En 2018, comencé a rentar en una casa compartida. Era un lugar animado, lleno de vida, porque todos mis amigos vivían ahí. Las noches solían ser bulliciosas, con risas y música, pero mi amiga y yo éramos las que preferíamos quedarnos en casa viendo películas mientras los demás salían de fiesta. Una noche, pasada la medianoche, escuchamos un golpe fuerte en la azotea. El sonido nos hizo saltar. Pausamos la película y nos quedamos en silencio, intentando escuchar mejor. Entonces, comenzaron los pasos. Eran claros, pesados, como si alguien estuviera caminando justo sobre nuestras cabezas.

La azotea no tenía puerta, solo unas escaleras que conectaban directamente con el pasillo de la casa. Pensamos que alguien intentaba entrar. Salimos al pasillo, pero no había nadie. Regresamos al cuarto, tratando de convencernos de que solo era nuestra imaginación. Sin embargo, los pasos volvieron, esta vez bajando las escaleras. Se escuchaban cada vez más cerca, hasta que se detuvieron frente a nuestra puerta. Un suave toquido rompió el silencio. Nos miramos, paralizadas por el miedo, y no abrimos. Los pasos se alejaron, recorrieron el pasillo, subieron las escaleras y se desvanecieron en la azotea.

Con el tiempo, los pasos se volvieron frecuentes. Al principio, nos aterraban, pero poco a poco comenzamos a acostumbrarnos. Mis amigos, aunque asustados al principio, también llegaron a tomárselo como algo "normal". Pero todo cambió una noche.

Era una de esas noches en las que mi amiga y yo decidimos quedarnos en casa. Habíamos salido a comprar algo de cenar y regresamos cerca de la una de la mañana. Subí las escaleras primero, con mi amiga detrás de mí. Al abrir la puerta, lo vi. Una silueta alta, con un sombrero que casi rozaba el techo, estaba parada frente a la puerta de mi cuarto. Vestía completamente de negro, y aunque su rostro era indistinguible, sus ojos rojos brillaban como brasas. Sentí un escalofrío recorrer mi espalda. La figura volteó hacia una ventana polarizada al final del pasillo, y su reflejo me confirmó que no era humano. De repente, comenzó a desvanecerse, volviéndose transparente hasta desaparecer por completo.

Creí que mi amiga no lo había visto, pero cuando volteé hacia ella, su rostro pálido me dijo lo contrario. Entramos rápidamente a la casa, buscando algún rastro de lo que acabábamos de presenciar, pero no había nada. Esa noche no dormimos.

Los días siguientes fueron peores. Los pasos continuaban, pero ahora eran más agresivos. Bajaban las escaleras, llegaban a mi puerta y la golpeaban con fuerza, despertándome en medio de la noche. Una vez, al revisar la puerta por la mañana, encontré marcas de rasguños, como si un animal enorme hubiera afilado sus garras ahí. Nunca nos agredió directamente, pero su presencia nos tenía a todos paralizados de miedo.

Una noche, mientras veíamos otra película en el cuarto de mi amiga, escuchamos nuevamente los pasos. La puerta estaba abierta, pero el miedo nos impidió movernos. Los pasos comenzaron en el pasillo, acercándose cada vez más. Frente a la ventana del cuarto, que tenía una cortina blanca y casi transparente, vimos pasar la silueta del hombre alto. Sus pasos resonaban pesados, pero nunca llegó a la puerta. Se detuvo por un momento, como si nos estuviera observando, y luego se alejó, subiendo las escaleras hacia la azotea.

Hasta el día de hoy, no sé qué era esa figura ni por qué nos eligió a nosotros. Pero a veces, cuando estoy sola en la oscuridad, juro que puedo escuchar esos pasos otra vez. Subiendo, bajando, buscando algo... o alguien.

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