25/09/2025
Prueba y error No.1
Lo primero es ajustar el zoom, aumentar la letra y buscar una buena tipografía. Elegí American Typewriter por qué me recordó a las viejas máquinas de escribir, y quería parecer más old school, aunque nadie viera esta confesión, bueno no quise decir confesión, buscaba más algo así como reinterpretación de falso testimonio.
Me está dando por recordar por qué decidimos salir aquel día, no sé si yo hice la invitación, o tu comentaste algo sobre que el clima era perfecto para salir a buscar la banca de un parque y besarnos como colegiales. A mi cualquiera de las dos verdades me suena coherente, lo cierto es que ese día que nos vimos, en la mañana yo salí a caminar y de la nada en la banca del jardín donde siempre me siento a fumar se me acercó una perra. No era una perra fina, pero tenía buena actitud, llegó moviendo la cola y se echó a mis pies, yo por un instante pensé que era una de esas perras callejeras que van buscando algo de comer y quizá un nuevo hogar, así son los animales cuando sienten una buena vibra, quizá una conexión, mi primera reacción fue silbar, con algo de miedo, porque no hubiera sido la primera vez que me muerde un perro de la nada, ellos tienen su temperamento, a veces la conexión es inmediata, a veces nunca la consigues del todo. Yo buscaba entre mis cosas algo que darle, por algún momento imaginé que si tuviera una galleta y se la diera quizá seguiría su camino y yo podría seguir fumando mi cigarro tranquilamente, como si fuera un niño que se te acerca a pedir una moneda y no se va hasta que la consigue y busca a su siguiente víctima, pero no encontré nada que darle así que todo mi plan se quedó flotando en el viento.
A medida que terminaba el cigarro y me disponía a regresar a la casa para bañarme, me cruzó la idea de que quizá necesitaba un perro en mi vida y que ésta era la señal que dios me mandaba para simplemente llevarla a casa y ponerle un nombre y preocuparme por comprar croquetas no tan finas, y buscar una cobija vieja e improvisar una cama en algún rincón de la sala, pero luego pensé que primero tendría que lavar la cobija y quizá también tendría que darle un baño a la perra, porque ese es el protocolo básico de la adopción callejera, todo eso me causó pereza de solo pensarlo así que cuando pisaba el cigarro y estaba a punto de levantarme y dejar a la perrita a su suerte a los pies de la banca, escuché una voz que la llamaba, aunque paró las orejas, y con una mirada expresiva buscó hacia el punto de donde provenía la voz, no se levantó, lo mismo hice yo, mi sorpresa fue darme cuenta de que la dueña del perro era una belleza de mujer, ahí fue cuando pensé que era mejor no levantarme y esperar su reacción, quizá ella se acercaría y podríamos iniciar una conversación, sobre lo que fuera, los perros, la vida, el feminismo, el clima, mis ganas de platicar con ella, la necesidad de que ella notara algo en mí que por alguna extraña razón la perra había percibido. Conforme se acercaba, yo comencé a pensar en todos mis defectos inmediatos, tenía la boca reseca por el cigarro, yo no venía con mis mejores galas, los anteojos que traía tenían una notoria mancha que yo por desidia no había limpiado, pero sobre todo había prejuzgado mal a la pobre perrita y hasta intenté buscar una salida fácil para deshacerme de ella.
En todo eso pensaba mientras la chica se acercaba cada vez más y yo comencé notar el sudor en mis manos y una falta total de imaginación para hacer algún comentario ingenioso que diera pie a una charla.
Por El Tábano