04/12/2025
“Dennis Nilsen: El vecino amable que ocultaba un in****no en su departamento”
En las tranquilas calles de Londres, a comienzos de los años 80, vivía un hombre que, a simple vista, parecía inofensivo: Dennis Nilsen, un funcionario público reservado, amable con sus colegas y siempre dispuesto a ofrecer conversación. Pero tras la puerta de su pequeño departamento, escondía uno de los secretos más macabros del Reino Unido.
Nilsen solía recorrer bares y estaciones de tren en busca de jóvenes vulnerables, a quienes atraía con promesas de un lugar donde dormir, una comida caliente o simplemente compañía. Para muchos, él parecía un salvador… sin saber que estaban entrando en la guarida de un depredador.
Una vez dentro, sus invitados se convertían en prisioneros sin saberlo. Con una calma escalofriante, Nilsen los atacaba y, después, seguía un ritual perturbador: conservaba los cuerpos por días, los sentaba en el sillón, los acomodaba en su cama e incluso les hablaba como si aún estuvieran vivos. Ese contacto postmortem era lo que él consideraba su “única forma de no sentirse solo”.
Cuando el olor se volvía insoportable, iniciaba la siguiente parte de su macabro proceso: desmembrar los cuerpos y deshacerse de las partes más pequeñas tirándolas por el desagüe. El resto las quemaba en el jardín o las escondía bajo las tablas del piso.
Con el tiempo, el sistema de cañerías de su edificio no soportó más. Los vecinos empezaron a notar extraños atascos y un olor nauseabundo que subía por las tuberías. Finalmente, un trabajador de mantenimiento encontró la verdad: restos humanos mezclados con grasa y agua negra.
La policía llegó a su casa el 9 de febrero de 1983. El hedor en la vivienda era tan fuerte que varios agentes terminaron vomitando. Nilsen, sin oponer resistencia, confesó todo con una frialdad espantosa.
“Solo quería que se quedaran conmigo”, dijo, como si hablara de un deseo inofensivo.
En total, admitió haber quitado la vida a al menos 15 hombres.
Fue condenado a cadena perpetua. Pasó el resto de su vida en prisión, donde murió en 2018 por complicaciones médicas.
Un hombre que logró ocultar su monstruosidad detrás de una apariencia común. Un recordatorio de que, a veces, los peores horrores viven en el piso de arriba.