15/02/2026
Agustín Lizárraga Ruiz (1865–1912): el agricultor cusqueño que llegó a Machu Picchu antes de la expedición científica
Agustín Lizárraga Ruiz nació el 12 de junio de 1865 en Cusco, en una región donde la presencia de restos arqueológicos incas formaba parte del paisaje cotidiano. Fue agricultor y conocedor del territorio andino, especialmente de las zonas cercanas al Valle Sagrado y al río Vilcanota. Como muchos campesinos de la época, combinaba el trabajo agrícola con exploraciones en busca de nuevas tierras de cultivo.
A fines del siglo XIX, Machu Picchu no era un sitio estudiado científicamente ni difundido internacionalmente, pero sí era conocido por pobladores locales, arrieros y agricultores de la zona. En ese contexto, el 14 de julio de 1902, Lizárraga llegó a la ciudadela inca acompañado por Enrique Palma Ruiz, Gabino Sánchez y Toribio Recharte.
Durante su visita dejó una inscripción en el Templo de las Tres Ventanas que decía:
“Agustín Lizárraga – 14 de julio – 1902”
Esta firma fue vista años después por el explorador estadounidense Hiram Bingham, quien llegó a Machu Picchu el 24 de julio de 1911 con apoyo de la Universidad de Yale y la National Geographic Society. En sus apuntes, Bingham menciona haber observado el grafiti, el cual posteriormente fue borrado.
La diferencia fundamental entre ambos radica en el alcance del hallazgo:
Lizárraga realizó un descubrimiento local y previo, sin respaldo institucional ni proyección internacional.
Bingham llevó a cabo un descubrimiento científico, documentado con estudios arqueológicos, fotografías y difusión mundial.
Gracias a la publicación en la revista National Geographic, Machu Picchu fue presentado al mundo como un gran hallazgo arqueológico, consolidando la narrativa internacional que lo vinculó principalmente a Bingham.
Agustín Lizárraga falleció el 11 de febrero de 1912, a los 46 años, ahogado en el río Vilcanota mientras intentaba cruzarlo. Su muerte ocurrió pocos meses después de que Machu Picchu comenzara a adquirir notoriedad global.
Hoy, su figura es reivindicada como parte fundamental de la memoria histórica peruana. Reconocer a Lizárraga no implica restar mérito al trabajo arqueológico de Bingham, sino comprender que la historia es más compleja: el sitio nunca estuvo “perdido” para las comunidades locales.
Su caso abre un debate más amplio sobre cómo se construyen los relatos históricos, quiénes reciben el reconocimiento oficial y cómo el conocimiento tradicional muchas veces queda relegado frente a la difusión académica internacional.
Agustín Lizárraga representa la memoria andina, el conocimiento del territorio y la necesidad de valorar el aporte de los peruanos en la construcción de su propia historia.