27/02/2026
HOY FUI A UN SEPELIO…...
Hoy enterraron a un hombre que conocí en vida.
Y si soy honesto…
nunca lo vi sonreírle a alguien que no estuviera a su “nivel”.
Tenía casas enormes.
Carro del año.
Yates.
Joyas que brillaban más que su corazón.
Y también tenía una costumbre:
humillar.
Humillaba al mesero.
Humillaba al empleado.
Humillaba al vecino.
Humillaba a cualquiera que ganara menos que él.
Recuerdo una vez que me miró de arriba abajo y me dijo:
“Cuando tengas lo que yo tengo, hablamos.”
Ese día me sentí pequeño.
Hoy, frente a su ataúd…
entendí que el pequeño siempre fue él.
LO QUE EL DINERO NO PUDO COMPRAR
Mientras el cajón bajaba lentamente a la tierra, miré alrededor.
No había yates estacionados junto a la tumba.
No había escrituras de mansiones sobre el ataúd.
No había relojes de oro marcando la hora de su partida.
Solo madera.
Solo tierra.
Solo silencio.
El carro del año no hizo fila detrás del féretro.
Las joyas no lloraron.
Las cuentas bancarias no dijeron “presente”.
Y lo más fuerte…
casi nadie lloraba de verdad.
Había rostros serios, sí.
Pero no vi amor.
Vi compromiso.
Vi obligación.
Porque cuando siembras desprecio…
no puedes esperar cosechar lágrimas sinceras.
EL GOLPE QUE ME DIO LA TIERRA
Me quedé parado viendo cómo lo cubrían de tierra,
y sentí un golpe en el pecho.
Tanto que acumuló.
Tanto que presumió.
Tanto que usó para pisotear a otros…
Y al final se fue con lo único que tenía cuando nació: nada.
Ahí entendí algo que me dolió admitir:
El dinero nunca fue el problema.
El problema fue creer que valía más que las personas.
UNA REFLEXIÓN INCÓMODA (PARA MÍ TAMBIÉN)
Volví a casa pensando en cada vez que yo mismo he mirado a alguien por encima del hombro.
En cada vez que he sentido orgullo por tener “un poco más”.
En cada vez que confundí éxito con superioridad.
Porque la muerte no negocia estatus.
No pide estados de cuenta.
No distingue marcas.
Nos iguala.
Del polvo somos…
y al polvo volveremos.
CUANDO LLEGUE MI DÍA
Porque llegará.
No quiero que la gente diga:
“Tenía mucho.”
Quiero que digan:
“Nos trató bien.”
Porque al final, lo único que se queda viviendo después de nosotros
no son nuestras propiedades…
Son nuestras huellas en el corazón de los demás.
Y créeme…
No hay tumba más fría
que aquella a la que nadie quiere volver a visitar.