03/09/2026
🇵🇪 En el Perú, Tom Angelripper conoció a su peor enemigo: la electricidad ⚡😆
Cuando se habla de conciertos metaleros internacionales en el Perú, la verdad es que no hemos sido precisamente los más privilegiados; hay que aceptarlo. Cada vez que alguna banda o artista internacional de metal nos ha elegido como destino, hemos intentado proyectar la imagen de ser un colectivo unido, patinando estrepitosamente en algunos casos, ya sea por falta de organización o por la carencia de los medios necesarios. 🤑
Y aunque no podemos dejar de lado grandes logros como aquella primera llegada de Iron Maiden al Estadio Nacional, en la cual miles de seguidores provenientes de distintos puntos del Perú, improvisaron uno de los primeros campamentos urbanos alrededor del coloso deportivo en aquel lejano 2009, tampoco podemos olvidar aquellas grandes decepciones que molieron nuestro espíritu hasta dejarnos hechos polvo. Entre ellas, la fatídica cancelación del concierto de Black Sabbath + Megadeth en 2013. Un episodio que hasta hoy duele recordar, sobre todo si te pones a escuchar aquel CD del álbum 13 que regalaron por la compra de la entrada física. 🥴
Pero entre todos estos sucesos existe un episodio que merece un lugar especial dentro de las leyendas negras de los conciertos en el Perú. Y es que resulta inevitable no mencionarlo por la forma extraña y casi surrealista en la que se desencadenó una serie de acontecimientos que, con el paso de los años, fueron adquiriendo el estatus de mito urbano entre los seguidores del metal en el país. Nos referimos, por supuesto, a la maldición de S***m en el Perú.
¿Pero cuáles fueron aquellos acontecimientos que dieron origen a esta supuesta leyenda negra?
Para entenderlo, tenemos que trasladarnos al 2004, año en el que el revival del thrash metal se encontraba en plena efervescencia. Bandas como Merciless Death, Violator o Fueled by Fire crecían a pasos agigantados gracias al renovado interés por un sonido y una estética visual que habían permanecido relegados en el baúl de los recuerdos frente a las nuevas tendencias. La repercusión fue tal que algunos de estos grupos, incluso sin contar todavía con un disco de larga duración oficial en su haber y con apenas un par de años de formación, conseguían captar el interés de críticos y disqueras, algo que a muchas bandas de la vieja guardia les había costado entre seis y ocho años consolidar. Ellos, en cambio, lo hacían en tiempo récord. 👀
Y justamente este renovado interés terminó sirviendo como incentivo para que algunos nombres de antaño abandonaran su autoexilio y salieran a encarar un nuevo rumbo en carreras que, durante más de una década, permanecían estancadas. Los retornos triunfales comenzaron a gestarse durante aquellos años: el caso más sonado fue el de Exodus y su Tempo of the Damned, y detrás de ellos llegarían Hirax, Death Angel y una larga lista más.
En este panorama, las cosas pintaban bien para el género, sin dejar de lado a la escena alemana, que ya había sentado las bases desde el 2001 con estupendos resultados, entre ellos Violent Revolution de Kreator y The Antichrist de Destruction. Pero para el 2005, quienes no habían bajado la guardia por ningún motivo eran los liderados por Tom Angelripper. S***m se mantuvo fiel a sus principios durante toda la década de los noventa y encaraba el nuevo milenio con nuevas expectativas que los llevarían a realizar una gira sudamericana en 2005, recorriendo varios países de Latinoamérica por primera vez e incluyendo al Perú, con fecha fijada para el 24 de febrero de 2005.
La expectativa era enorme. Uno de los integrantes del Big Four del thrash alemán estaba por visitarnos, y los encargados de la organización eran los Mutantbanger, productora que ya venía dando sus primeros pininos en alianza con un booker brasileño de cierta experiencia en la región. Todo se proyectaba para convertirse en un espectáculo memorable. El interés, además, no partía únicamente de la comunidad metalera: ciertos colectivos punk también confirmaron su presencia debido al nexo antibélico que siempre caracterizó a S***m a lo largo de su discografía y que, ideológicamente, ellos también compartían. 🧨
Semanas antes, se había definido que el Resert Club sería el escenario escogido para el concierto. Un local con más pinta de coliseo que de antro para conciertos de este tipo. Sus vistosas tribunas rodeaban el escenario principal y, en el frontis, un extenso salón tapizado por una desgastada alfombra granate le otorgaba al lugar una apariencia casi cómica. Llegar hasta el Resert Club para mí fue casi una odisea, pero ni bien localicé el punto, pude notar que la afluencia del público no dejaba de crecer con el paso de los minutos.
La cola se iba acumulando mientras los mutantes coronaban una aparente noche triunfal con sus infaltables Punto G, ron Cartavio o cañazo del centro de Lima. Brebajes malditos que, a esas alturas, ya comenzaban a hacer estragos entre los metalebrios que se agolpaban en las inmediaciones de aquel recinto.
Minutos antes de que se iniciara el concierto, ya se contaba con un aforo respetable que dió cierto alivio a la promotora local que venía bastante angustiada debido a las bajas ventas. Y es que, a pesar de que se había establecido una sola zona a un precio general de S/50, un monto irrisorio que hoy fácilmente te alcanza para comprarte un pollo a la brasa con sus respectivas papas y el infaltable gaseosón, para aquel entonces todavía significaba un importante golpe al maltratado bolsillo del banger de a pie. Aun así, y haciendo honor a esa mala costumbre tan nuestra de dejarlo todo para última hora, la mutantada comenzó a ponerse las pilas en los últimos días, haciendo que el evento lograra salir a flote contra todo pronóstico. 👹⌛
Una vez apagadas las luces, sonaban los primeros acordes de Among the Weirdcong, y todo rastro de incredulidad se desdibujaba del rostro de los presentes. S***m descargaba toda su metralla sobre el escenario, provocando una reacción eufórica entre los asistentes. Incluso recuerdo haberme dado la vuelta para mirar hacia las tribunas y encontrarme con gente pogeando desde las gradas; algunos, debido a su avanzado estado de embriaguez, terminaban resbalando como bultos rodantes después de recibir algún que otro empujón. Y así transcurrían los masazos uno tras otro. Outbreak of Evil y Witching Metal sonaron bestiales, pero por más entusiasmo que desbordaba al escuchar por primera vez estos temazos, una extraña sensación de incomodidad no dejaba de consumirme; un mal presagio que terminaría por confirmar mis sospechas de que algo no andaba bien. 🧐
A un lado del escenario, tres individuos discutían ferozmente y, a juzgar por la expresión de sus rostros, era evidente que no estaban llegando a ningún entendimiento. Desconocía el motivo de tan acalorada discusión; pero ver esa escena no me daba buena espina. Y, a poco de iniciado S***my and Lust, lo que ya intuía terminó haciéndose realidad. De un momento a otro y sin previo aviso, la palanca general de electricidad fue bajada de improviso y el local quedó sumido en las tinieblas. La gente, confundida, se amontonaba frente al escenario, mientras el manager de S***m instaba a los miembros de la banda a abandonar el entarimado. Nadie sabía qué hacer ni qué decir. Todos permanecíamos a la espera de alguna respuesta que pudiera dar razón de tan abrupto desenlace. ❌
El silencio cómplice, el desconcierto y la falta de comunicación fueron una combinación letal que incitó a la muchedumbre a dejarse llevar por la violencia. Y el primero en pagar pato fue aquella alfombra que decoraba el salón, la cual, en un abrir y cerrar de ojos fue hecha mi**da. Luego le siguieron los baños, que quedaron vandalizados hasta tal punto que el agua comenzó a empozarse y a salir al exterior. Y esto no terminó ahí. El malestar se trasladó a las afueras del local, donde incluso se pudo presenciar una pelea campal entre algunos mutantes enardecidos por el alcohol y un grupo de pandilleros que pululaban por la zona. Solo la presencia del serenazgo pudo apaciguar, en cierta manera, los ánimos bastante caldeados en ese momento.
Nada justifica la violencia, pero cada hecho desafortunado le siguió a otro hasta que no se pudo tener un control real de la situación. Una verdadera lástima, sobre todo porque S***m se había mostrado receptivo con el público peruano desde su llegada al aeropuerto, pasando por la firma de autógrafos en el Hotel Bypass de Jesús María, hasta las propias previas del show. Todo parecía encaminado a convertirse en una noche histórica, hasta que el verdadero némesis de la historia hizo su aparición desde las sombras. ☠
En el Perú, Tom Angelripper conoció a su peor enemigo: la electricidad. ⚡ Y este sería el inicio de la maldición de S***m en Perú.
¡No te pierdas la segunda parte de esta historia!
¿Estuviste en aquella primera visita de S***m a nuestro país? 🤘 ¿Fuiste testigo de estos acontecimientos? Cuéntanos cómo viviste aquella noche. 👂👀