UniversoMaría

UniversoMaría Más de diez años persistiendo, con orgullo, en el noble oficio de la escritura. Todo lo que me gusta hacer intentando hacerlo bien.

ESTO NO ES UN CUENTO VLA BICICLETA QUE NO TUVO PAPÁUna de las cosas que siempre le pedí a mi padre fue una bicicleta. De...
20/10/2024

ESTO NO ES UN CUENTO V

LA BICICLETA QUE NO TUVO PAPÁ

Una de las cosas que siempre le pedí a mi padre fue una bicicleta. Desde muy niño entendí que estando ahí podía, por un momento, despegar mis pies del suelo y sentir el viento en la cara. Imaginaba siempre que pedaleando fuerte podría quizá hasta volar como en aquella película de “ET”. Vivía fascinado con la idea. Eventualmente veía a otros niños divirtiéndose con este invento de dos ruedas que les permitía desplazarse por cualquier lugar siendo libres. Me pasaba los días imaginando cuándo me tocaría a mí el momento de sentir esa misma felicidad.

Felizmente en casa nunca fuimos tan pobres. O quizá si lo fuimos, pero estoy seguro que sí me podían brindar esa oportunidad. Al final solo era un niño pidiendo un regalo de navidad o por mi cumpleaños. Supongo yo que se podía hacer un esfuerzo. Pero desde aquí, desde la comodidad de mi computadora escribiendo sobre mi pasado, tal vez es muy atrevido cuestionar por una realidad que yo no lograba palpar en ese entonces. Así que no podría juzgar. No estoy aquí para eso. Solo soy un escribidor indagando en su propio pasado. Al final yo solo soñaba con el momento en que me tocara montar mi propia bicicleta aunque claro, no ejercía mayor presión para que eso sucediera. Siempre fui de saber esperar, aunque ese regalo nunca llegó. Por lo menos, no para mí.

Eventualmente, yo le pedía prestado la bicicleta a algún vecino o algún amigo. Esperaba que se cansaran de jugar y cuando los veía bajar, corría a interceptarlos para que me dieran una oportunidad. Algunas veces me aceptaban y otras, más frecuentemente, me decían que no. Pero en esas chances que tenía, me subía emocionado y con la punta de los pies, avanzaba cómo podía. Casi como si de un baile de valet se tratara, yo avanzaba. No sabía manejar bicicleta a pesar de que ya era un niño grande, pero era porque nunca me habían enseñado. No tenía una en dónde practicar y la que pedía prestado la tenía que devolver a los pocos minutos porque los otros niños se reían de que yo no sabía manejar. Los dueños de las bicicletas, por supuesto, temían que las pueda chancar o quiñar. Era entendible -y hasta cierto punto lógico- porque si hubiera sido mía la bicicleta, también la hubiera cuidado de que alguien más la pueda dañar. Pero en esos pocos instantes en que yo intentaba pasearme, lo peor no era las burlas de mis similares, que con justa razón se reían de mí -aunque yo hoy pienso que se reían conmigo- porque no sabía manejar, sino los comentarios de mi padre cuando me veía intentándolo: «¿Y así quieres tu bicicleta?», «¡este “huevón” se va a chancar!», «¡cómo va a manejar así, mirando al suelo!», «encima se puede romper sus lentes por el golpe.», «no, no. Más caro va a salir. Otra cosa mejor.»

En ese entonces, yo no me daba cuenta de la gravedad de sus palabras. De hecho, juro que ni siquiera mi padre se daba cuenta de lo que estaba marcando en mí realmente. Dudo mucho que su intención haya sido ofenderme. Discrepo con toda persona que me diga que él lo hizo de mala fe. Quiero creer que por ahí no va el tema. Pues, estoy seguro, él quería inclinar mis pasatiempos por otro lado. El futbol siempre ha sido su pasión y desde entonces ya me presionaba para que yo me familiarizara más con la pelota. Y con justa razón, la verdad. El tipo era bravo jugando al futbol. No puedo ser mezquino con eso, pero lamentablemente su primer hijo varón le había salido cojo. Pero eso es un tema que ya tocaré más adelante porque también tiene mucha información crucial para poder seguir indagando en los gabinetes de mi mente.

Hasta aquí, todo esto que les cuento, lo relato yo desde la perspectiva del recuerdo borroso que tengo de mi infancia. Quizá si se lo preguntan a mi padre, otra seria la historia y la verdad, cada quién tiene su propia versión de los hechos y no estoy aquí para contrastar lo vivido, sino para reflexionar sobre lo aprendido en un texto que busca perduran como un llamado a la reflexión. Mi padre, a su manera y desde sus formas, siempre me apoyó y me formó a ser el hombre que soy y solo tengo palabras de agradecimiento para eso.

Pasa que, como él quería que yo juegue al fútbol sí o sí, se olvidó preguntarme si eso me gustaba. Simplemente lo dio por hecho y mi camino iba por otro lado. Es aquí cuando viene a mí la reflexión y es por eso que me puse a rascar la herida para poder seguir conociéndome más.

Tiempo después me di cuenta que no me iban a regalar la bicicleta. Así que fui hábil y persuadí a mi hermano menor para que él pidiera una, ¡y que rápido se la compraron! Debo entender que para ese entonces eran otros tiempos y seguro que el dinero ya no era un impedimento. Elijo creer que ese fue el motivo porque no quiero pensar que hay hijos favoritos para los padres. Eso aún no lo sé. No lo sabré hasta que Gustavo, mi hijo, tenga un hermano.

Con la llegada de esa BMX que le compraron a Sandro, mi hermano menor, llegó mi felicidad y desde entonces, cada vez que me subo a una bicicleta, siento esa libertad que ni siquiera la escritura o la lectura me da. Podría yo tener un día super matado o recontra angustiante y mi refugio siempre será salir a pedalear. Esa sensación de irme con la bicicleta es una pasión que solo trae alegrías para mí.

Por eso estoy aquí insistiendo con Gustavo. Quiero que aprenda a manejar bicicleta para ver si algún día yo también pueda comprarme una y salir a pasear los dos. Y así quizás, conocer otras ciudades, otros países, otras historias con tan solo pedalear.

Pero hay algo más. Hay algo que tengo presente y es lo que entendí desde que empecé a ser padre. A dónde sea que quiera ir Gustavo, yo tengo que estar ahí con él. Y si quiere manejar la bicicleta de por vida, si quiere ser músico, futbolista o lo que quiera ser. Yo ahí tengo que estar. Sin juzgarlo, sin menospreciarlo, sin persuadirlo a algo que yo quiero que sea. Confiando en él. Guiando sus pasos y entendiendo que yo no tengo porque cargarle a él, sueños truncos que yo no pude realizar. Él tendrá su propia realidad y de sus sueños y de sus metas, ya me contará. No lo puedo hostigar y condenar a que tiene que hacer lo que yo no pude cuando tuve su edad. Es y siempre será un ser independiente que tendrá un papá que lo sabrá respetar y, por sobre todas las cosas, lo amará hasta el final. Hasta dónde el camino me permita acompañarlo a andar… o con suerte, a bicicletear.

Anthony T.

TE ESPEROCómo se desprende el deseodel abrazo sincerode un ser que aún no está acá.Cómo hace unopara dejar de extrañaral...
17/03/2024

TE ESPERO

Cómo se desprende el deseo
del abrazo sincero
de un ser que aún no está acá.

Cómo hace uno
para dejar de extrañar
algo que nunca nos pertenecerá.

Cómo, me pregunto siempre,
cada que te vuelvo a recordar.
Y doy en cuenta que ya estás por llegar.

Se estremecen mis manos entonces,
cuando al escribirte poemas
tu silueta se torna más real.

Se siente el peso de tu cuerpo
sobre mi ansioso pecho
que te imagina respirar.

Se quebranta mi voz al final
cuando pronuncio tu nombre
Y creo imaginar que me respondes
Diciéndome papá.

Anthony T.

UNA HIGUERA HERMOSAEterna higueracompañera míacuántos añosde forma desinteresadame regalaste alegría.Tus ramas polvorien...
15/03/2024

UNA HIGUERA HERMOSA

Eterna higuera
compañera mía
cuántos años
de forma desinteresada
me regalaste alegría.

Tus ramas polvorientas
me brindaban
sombra y luz
en mis días azules
llenos de ilusión.

Y tus raíces,
al sentirlas aún
debajo de mis pies descalzos,
son cimientos perpetuos
que me unen a casa.

Hojas ásperas y toscas
intentaban embellecerte.
Y aunque no todos
apreciaban tu rara existencia,
yo supe encontrarme
en ese idilio nuestro.

Ese viento fresco
que atraía tu cuerpo
fue mi mejor consejero.
Y ese higo tuyo,
dulce y complaciente,
cuántas veces fue mi sustento.

Me forjaste comerciante
cuando por las tardes
me trepaba en tu cuerpo
y pañaba tus alimentos.

Al vender tus frutos,
esos que me regalabas
a por montones,
me educaste
a ganarme el dinero
como es correcto.

Cuando extraños
visitaban la casa
y se asustaban de tu fealdad,
yo te justificaba
alegando
que solo tú me cuidabas
de esos escurridizos duendes
que la gente decía que atraías.

Al yo nacer
tú ya estabas aquí.
Y cuando intenté
averiguar tu pasado
nadie era tan antiguo,
nadie tenía ya la respuesta.

Siempre fuiste
fiel compañera mía
y siempre seré para ti
ese niño quieto
que se dormía en tu reino.

Gracias, higuera mía
por arrullarme
como nunca nadie
jamás lo hizo.

Discúlpame
por no defenderte
cuando nadie más te quiso.

Eres, higuera mía,
el más bonito recuerdo
de los días felices
de mi antiguo cuento.

ANTHONY T.

LA NIÑA QUE LLORAHay una niña,no tan niña,que no hace otra cosa que llorar.Esas lágrimas suyasson tantas y a toda hora,q...
14/03/2024

LA NIÑA QUE LLORA

Hay una niña,
no tan niña,
que no hace otra cosa que llorar.

Esas lágrimas suyas
son tantas y a toda hora,
que se obligó
a construir un barquito.

Sobre ese improvisado navío
se esconde su espíritu
de tantas preguntas
que nadie puede contestar.

Esa niña,
como es muy niña,
no conoce otro camino.

Por eso construyó el barquito
Por eso no puede dejar de llorar
Por eso no se deja de preguntar
¡Qué hizo mal!

Esa niña,
que quiere dejar de ser niña,
sabe que siempre va a llorar.

Pero como ya va conociendo sus lágrimas
y por dónde las tiene que drenar,
no se preocupa de ese mar artificial.

Muy por el contrario
cuando empieza otra vez su diluvio
emprende valiente/temerosa navegación.

Esa niña,
que ya pronto deja de ser niña,
atraviesa esos mares que se bifurcan.

así su barquito
y sus lágrimas,
y sus preguntas,
la quieran ahogar.

Anthony T.

LLEGASTESe divide mi tiempoentre las horas que paso contigo,y las horas que no te tengo acá.Se inunda la casa si sonríes...
22/01/2024

LLEGASTE

Se divide mi tiempo
entre las horas que paso contigo,
y las horas que no te tengo acá.

Se inunda la casa si sonríes,
Queda vacía si no estás.
Ya no hay fantasmas en este lugar.

Tu ronroneo tiritante
en madrugadas eternas
amansa mi ansiedad.

Que te duermas en mis brazos,
que confíes tu existencia en mi regazo,
eso me llena de paz.

Ahora reemplazo rutinas
por largas horas de sueño
imaginando que ya podemos salir a jugar.

Anhelo llevarte al mar
a que conozcas la libertad
de poder nadar en la inmensidad.

Tus expresiones de sorpresa
son la respuesta a la monotonía.
Cuando me miras todo se vuelve a renovar.

Soy prisionero eterno
en el encierro de tus ojos
esperando verte despertar.

Tomó sentido mi existencia
en el primer instante
en el que me dijiste papá.

Anthony T.

ESTO NO ES UN CUENTO IVZAPATOS DE REGALO (2/2)Con los meses, eso de ir a la iglesia los domingos dejó de ser una obligac...
18/01/2024

ESTO NO ES UN CUENTO IV

ZAPATOS DE REGALO (2/2)

Con los meses, eso de ir a la iglesia los domingos dejó de ser una obligación y se volvió una tradición. En enero empezó mi calvario, es cierto, pero ya para abril yo lo disfrutaba. Para entonces yo era el que se levantaba temprano. Los sábados pasaba la noche tranquilo para poder levantarme sin apuro al día siguiente y a las 6:30 a.m. yo ya estaba parado en la puerta de la casa de mi ex novia. 6:50 a.m. nosotros ya estábamos sentados en el parque, en las afueras de la iglesia, esperando entrar puntuales a ese rito cómplice que habíamos forjado ella y yo.

El domingo 26 de abril salí muy contento de la iglesia. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer. No había escuchado ni un carajo lo que había dicho el cura, pero para ser sinceros yo estaba feliz. Casi nunca escuchaba la misa y lo poco que llegaba a calar en mí, siempre era cuestionado por mi alma de muy poca fe. Pero yo era feliz así porque mi ex novia era feliz concurriendo a ese templo conmigo. Siempre fui así, de ella y para ella. Y si algo podía hacer yo para hacerla feliz, lo hacía. Me costaba en un principio, seguramente, pero lo intentaba hasta conseguirlo y así fue. Ella, y sobretodo su madre, se sentían orgullosas de mi cambio. De hecho, yo también me sentía mejor. Había dejado esa vida desordenada y me sentía encaminado.

Pero continuando con mí relato. Ese domingo salí contento y quise invitar a mi abuela a tomar desayuno. Animé a mi ex novia para regresar a casa por ella y luego volver a salir para buscar un local tranquilo en donde comer bien.

Llegamos a mi casa y mi abuela estaba, como siempre, calentando su agua y llenando su crucigrama.

- ¡María! –le grité desde la ventana y la asusté. Apretó su periódico del susto-. Ábreme la puerta, mami.

Ella se rio y se acercó a mí.

- Cámbiate, mami. Vamos a comer chanchito –le dije, y me miró sorprendida.
- No te preocupes, papi. Ya puse mi agüita y tu abuelo ya debe estar regresando con los tamales –me dijo, mientras me apretaba el brazo levemente.
- Vamos, mami. No me desprecies –insistí.
- No, papi. Tranquilo. Para la otra será, ¿ya? –me dijo y me sonrió.

Sonreí por defecto, pero algo sorprendido por su respuesta y volteé a ver a mi ex novia que también se resignó y no dijo nada.

- Ya, mami. Pero verdad, dentro de dos semanas ya es día de la madre. ¡Qué vas a querer, ah! Mira que estoy con plata. ¡Aprovéchame! –le bromeé y nos reímos los tres-. ¡Qué vas a querer que te traiga!, ¿Mariachis?, ¿payasos?, ¿hora loca?

Ella sonrió como siempre, con la boca entre cerrada porque le avergonzaba no tener algunos dientes, y me agarró la mano hablándome bajito.

- Tranquilo, papi. No exageres. Unos zapatitos están bien. No tengo zapatos –me confesó, como no queriendo hacerlo, avergonzada de lo que pedía.
- Ya, María. Así quedamos. Unos zapatos serán entonces. Ese día nos vamos los dos y compramos el que tú quieras –le prometí mientras apretaba su mano.

Luego de eso salí a comer chicharrón con mi ex novia y continué sintiéndome feliz por el resto del día. los proyectos que tenía me iban bien. Tenía salud, había mejoras en mi vida económica, tenía una mujer que me adoraba y que me prometía no soltar mi mano nunca. ¡Qué más le podía pedir a Dios! Nada, seguramente. Él me estaba premiando con todo, pero como yo casi nunca lo escuchaba, creo que se molestó. A los dos días de haberme sentido tan completo, mi abuela murió y lo que pasó después lo tengo repitiéndose aquí dentro. Una y otra vez, todo tal cual como pasó. Así como lo quiso Dios.

Me quedo con eso. Casi nueve años después y nunca pude regalarle esos zapatos que tanto quería. No me pidió más. Nunca me pidió nada. Su humildad no le permitía cuestionarme lujos. Ella quería unos zapatos para usarlos a diario y yo nunca se los pude regalar. Mi ex novia, que se llamaba igual que mi abuela, también partió a los pocos meses. Me fui en picada y por más que ella trató de ayudarme poniendo todo de su parte, yo nunca pude salir. Estuve muy abajo cuando a la distancia vi cómo dejó de estirar su mano hacia mí y se fue.

Yo estaba pasando por la mejor etapa de mi vida y me sentía afortunado. Ellas me hacían sentir vivo y conocían esa otra mitad que yo no le enseñaba a nadie. Amaba y, sobre todo, yo me sentía amado. A primera vista yo había conseguido la felicidad absoluta y creo que por eso Dios empezó a sentir celos de mí. Desde aquel domingo 26 de abril, no me ha permitido volver a ser feliz.

Anthony T.

ESTO NO ES UN CUENTO IVZAPATOS DE REGALO (1/2)Hubo un tiempo -muy lejano a este por supuesto-, en el que los domingos te...
17/01/2024

ESTO NO ES UN CUENTO IV

ZAPATOS DE REGALO (1/2)

Hubo un tiempo -muy lejano a este por supuesto-, en el que los domingos tenía que ir a misa. Era algo que estaba ya establecido para mí. No importaba si el sábado me había embriagado a más no poder. La resaca se me pasaba a las 7 a.m. entre penitencias y versículos. Por ese entonces, yo tenía una compañera con la que había pactado cambiar mi vida e ir mejorando poco a poco mi vínculo con la religión.

Mi relación con Dios siempre había sido lejana. Le tenía miedo a veces y en otras ocasiones, también le tenía odio. Pero, a decir verdad, ese odio no tenía fundamentos. Nunca me había hecho nada malo. Ahora que lo pienso, de seguro actuaba así por el presentimiento que yo ya tenía de que las cosas se iban a poner bastante feas en mi vida en los próximos años.

Como les contaba, Los domingos eran de misa. Aquella compañera mía, en esos primeros meses de aquel 2015, sufría mucho porque tenía que ir a mi casa y levantarme a la fuerza. Era como mi carcelera, lo recuerdo claramente. Escuchaba sus pasos en la escalera como a las 6 a.m. y yo me aferraba a la frazada con pavor. Pero ella, muy elegante como siempre, no exageraba en gritos. Unas cuantas palabras eran suficientes y yo ya estaba de pie en la ducha. Sus palabras para mí, eran credo y ley.

Y ahí estaba yo. 7 a.m. de un domingo cualquiera, cabeceando y bostezando a más no poder, pero sin desfallecer. De rato en rato siempre buscaba como distraerme, es cierto. No es que desde el primer día me haya gustado la idea. Entonces a veces miraba de reojo a esa compañera (que Dios me quitó de manera injusta muchos años después), y me sorprendía la postura que tenía. Estaba ahí: Inmóvil, atenta, con los ojos fijos, como si de un ave de presa se tratara. Escuchaba cada palabra y se adelantaba unos milisegundos completando la oración. Ella sabía lo que el cura iba a decir porque eran también sus palabras el mensaje que Dios tenía para mí.

Unos pasos más allá estaba Silvana, mi ex suegra. Ella siempre estaba con un rosario en la mano rezándole a todos los santos a una velocidad incalculable. Veía mover la yema de sus dedos y me sorprendía como iba balbuceando sus rezos mientras apretaba los ojos. Los domingos para ella siempre fueron sagrados desde que vio partir a uno de sus hermanos. Refugiarse en la religión fue la respuesta que ella necesitaba en ese entonces para poder aceptar su perdida y desde entonces se encomendó a Dios. Alguna vez la escuché decir que, desde aquel entonces, todo fue bendiciones para ella.

De rato en rato, como soltando los brazos de tanto rezar, Silvana empujaba levemente a su esposo que, sin vergüenza alguna, se quedaba dormido en plena misa. A veces, mientras veía al señor disfrutar de esas fugaces siestas, yo me reflejaba en él. Alguna vez me confesó incluso, muy serio al hablarme por supuesto (porque si algo recuerdo de él, son las poquísimas veces que me dirigió la palabra), algo que voló mi cabeza: «Yo creo en Dios, Joaquín –me dijo-. Tener la suerte de haber coincidido con mi esposa, entra tanta gente, es algo que solo él ha podido realizar. Estaré eternamente agradecido con mi señor por eso. Soy afortunado por él, pero no me puede exigir que mi único día de descanso, lo tenga que pasar aquí hasta el mediodía pues, hombre».

PSDT: Mañana, a la misma hora, publicaré la segunda parte. Gracias por leer.

Anthony T,

ESTO NO ES UN CUENTO III BUENOS DÍAS DE NUEVOVine a pasear con Gustavo a un parque que está muy cerca de casa para que p...
05/01/2024

ESTO NO ES UN CUENTO III


BUENOS DÍAS DE NUEVO

Vine a pasear con Gustavo a un parque que está muy cerca de casa para que pueda dormir tranquilo. En este, su octavo mes de vida, él está pasando por un proceso muy complicado a nivel emocional. Por supuesto, Anee sabe explicarme muy bien este tipo de cosas. Esta crisis del desapego tiene al bebé ansioso y propenso al llanto cada vez que se separa de su madre –me explicó ella-. Al parecer, esto no incluye al padre dentro de todo este proceso y es por eso que creo que a mi hijo no le importa mucho si estoy cerca o lejos. Solo quiere a su mamá y a nadie más.

Lamentablemente -para él- hoy me tocó descansar y mi niño ha tenido que soportarme toda la mañana. Desayunamos juntos y, para poder ayudarlo a dormir, me lo llevé a pasear.

Fue así como terminamos caminando con calma por los alrededores de ese parque. Entre que él iba renegando, no sé si por su crisis o porque yo cantaba feo las canciones de Bartolito, me percaté que había tres tipos jugando en la loza deportiva. Era un padre junto a sus dos hijos adolescentes. Ellos eran más altos que él, tenían mejor físico que él, jugaban mejor al futbol que él, pero más allá de eso, estaban con él. El vínculo que los unía no era solo el deporte como tal, sino también una amistad sincera y una relación genuina que solo nace entre hombres que se conocen de toda la vida. Los vi felices insultándose mientras jugaban futbol. Eran como cualquier otro grupo de amigos que se joden duro por alguna finta con el balón. Eran tres tipos interactuando como grandes amigos.

Me senté cerca con Gustavo que, para ese entonces, ya se había quedado dormido en su coche. Me acomodé y enseguida empecé a analizar sus comportamientos. Me pasa siempre este tipo de cosas más de las que puedo recordar. Suelo quedarme en silencio eventualmente para poder estar más presto al accionar de la gente. Es algo que no sé qué tan bien o mal esté, pero es algo que recién ahora empecé a reconocer en mí. Entre ellos había insultos, lisuras, algunos golpes sutiles y un contacto físico que al parecer no les generaba molestia alguna. Muy por el contrario, todo eso parecía estimular la relación. Nada se podía presentar como algo que pudiese exacerbar esa unión tridimensional y a mí, eso me tenía consternado.

¿En qué momento se rompió el vínculo con mi padre? –fue lo primero que escribí en el bloc de notas de mi celular-, ¿alguna vez tuve una relación así de cercana con él?, ¿cómo se fue acrecentando esa brecha entre nosotros? Miles de preguntas se desprendieron de una situación tan cotidiana que no supe cuál responder primero. Todo se me acumuló de una manera tan inminente que mis ojos no pudieron soportar el creciente caudal que terminó por desbordarse en lágrimas.

Me vi ahí, a los pies de mi hijo, viéndolo descansar placenteramente, y recé para que nuestra relación nunca se distanciara. Casi inmediatamente y como si alguien le hubiera pasado la voz para que se despertara, lo vi abrir sus grandes ojos negros. No sé si lo levantó mi llanto, o sintió que su padre lo necesitaba, pero me busco con la mirada y me sonrió. Buenos días de nuevo, mi negrito –le dije-, y me reconoció. Lo saqué del coche, lo cargué, lo abracé fuerte y lloré una vez más, pero esta vez ya no de tristeza. La alegría de verme intentando ser ese padre que siempre necesité me calmó el alma.

Anthony T.

La dependencia emocional genera tantos conflictos internos para quien lo sufre, que muchas veces el remedio inmediato qu...
03/04/2023

La dependencia emocional genera tantos conflictos internos para quien lo sufre, que muchas veces el remedio inmediato que se busca con desesperación termina siendo vacío y sin sentido.

¿Has tenido la misma sensación de angustia?, ¿Te has visto reflejado en el fragmento de esta novela?

Házmelo saber en los comentarios.

-Para pensar en escribir, hay que escuchar primero.

Travesuras de la niña mala, Mario Vargas Llosa
Página 127

LO ETERNOGracias, María. Falta poco para tu cumpleaños y por fin puedo volver a sonreír con sincera alegría desde que te...
24/11/2021

LO ETERNO

Gracias, María. Falta poco para tu cumpleaños y por fin puedo volver a sonreír con sincera alegría desde que te habías mu**to. Gracias porque estoy seguro que ya te aburriste que te arruine los cumpleaños llorando. Eres tú. Me has devuelto las ganas de vivir, esas ganas que perdí desde que te vi partir. Hoy sonrío y por fin me siento pleno y feliz. Ya no ruido aquí.

Ahora, no quisiera que con esto se entienda, como que ya te estoy olvidando. Te recuerdo y te llevo hoy más que nunca. Tu imagen visita mis lagunas llenas de ausencia de pensamiento y ahí se quedan. Las cosas lindas que vivimos las llevo conmigo a dónde vaya, pero hoy tu fotografía en mi cajón escondido, no es otra cosa que alegría de haber coincidido en el mismo universo contigo.

Que inmenso me siento al volver a sentirme completo. Gracias, María, por enseñarme a entender que yo puedo vivir con tu ausencia eterna. Y en ese sentido, en el de la eternidad, que lejano suena ¿no?, ¿nos volveremos a encontrar ahí?, ojalá sea así. Recuerdas la triste escena cuando muere el personaje principal de tu película favorita “Gladiador”. Él va caminando por los campos en donde vivía con su esposa y su hija, y mientras va muriendo, va viendo más de cerca a su adorada familia. Así pues, ¿nos encontraremos nosotros?, ¿se encontrarán los mu**tos con otros mu**tos?, ojalá sea así. Tengo el fuerte deseo de volverte a encontrar después de que haya mu**to. Quiero darte ese abrazo eterno. Quiero volver a tomar tus desayunos, mirar la novela, dormir en la sala juntos. Quiero volver a sentarme en tu pierna y sentir como me secabas el cuerpo después de bañarme con agua caliente. Quiero volver a debatir contigo por responder una pregunta del crucigrama. Quiero que algún día Cevallos vuelva a ser campeón y grites conmigo los goles de tu hijo, jugando por fin, en el equipo de tus amores.

Grande me siento, y es gracias a ti, Mamamaría. Me has devuelto la felicidad y por fin me siento lleno. Mi alma, mi espíritu, mi cuerpo, toditos ellos, están llenos de ti, pero ya no te recuerdo con una lágrima. Has pasado a ser mi símbolo de cruz al pasar por una iglesia. Te has convertido en mi santa devoción y así ya es descabellado imaginar el sufrir por tu ausencia.

Feliz cumpleaños adelantado, mami. Aquí está tu nieto favorito abriendo los brazos y esperando que llegues y me des un abrazo. Aquí me quedo esperando que vuelvas a inspirarme a escribir de recuerdos bonitos que vivimos, y ya no del día de tu muerte. Te recuerdo y mis grietas, que antes lastimaban mi alma, hoy se aprietan para protegerme del dolor y me siento superado.

No estamos juntos, pero te llevo conmigo bien adentro. Y eso me basta y me sobra para dar fe que, cuando llegué a comprender porque Dios te llevó a su encuentro, por fin pude llegar a sentirme vivo otra vez.

Nos vemos a las doce para la serenata. Cantaremos unas de Pedro Infante como te cantaba tu tío Carmelo, y comeremos pollito a la brasa con gaseosa, burlándonos, aunque sea por un día, del triste dolor de los que sufren de gastritis.

Nos vemos mañana, María. En unas horas voy a volver a sentir esa alegría que sentía cuando te daba un beso de feliz cumpleaños. Mañana volveré a seguir siendo yo porque nuestros universos han vuelto a coincidir, y esta vez si será para lo eterno.

09/05/2021

Un saludos para todas las madres, en especial las que aguantan nuestras ideas local y sonidos disidentes ✊. ¡Feliz día, ma!

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