27/04/2026
[Historia de la creación del distrito Veintiséis de Octubre de Piura]
“Las Chiquitas reveladoras”
Juan Carlos Ordinola Pingo ✍️
En el complejo y muchas veces áspero proceso de creación del distrito Veintiséis de Octubre, no solo se libraron batallas contra la indiferencia del Estado, sino también disputas internas que reflejaban intereses contrapuestos, liderazgos en pugna y visiones distintas sobre el rumbo del proyecto. En ese contexto, una fuente inesperada, la sección periodística conocida como “Las Chiquitas” de un diario local, dejó entrever fragmentos reveladores de aquella trama política y social.
Durante años, el proyecto de distritalización permaneció entrampado en la inercia del Comité Pro Distrito, sin avances sustantivos. Para el año 2009, habían transcurrido ya 26 años sin resultados concretos. Era tal el escepticismo que incluso voces periodísticas sostenían con ironía que el proyecto “no pasaba ni con ajicito”. Sin embargo, ese escenario cambiaría radicalmente con la irrupción del Frente Único de Defensa y Desarrollo del Sector Oeste de Piura, cuya articulación de bases sociales y capacidad de movilización marcaron un punto de inflexión.
El Primer Congreso de los Pueblos del Sector Oeste, realizado en 2009, no solo significó el relanzamiento del proceso, sino también un acto de sinceramiento político. En ese espacio, Ausberto Merino Córdova reconoció públicamente las limitaciones del Comité Pro Distrito, denunciando el abandono de sus propios integrantes, quienes, según afirmó, solo aparecían en coyunturas electorales o cuando buscaban beneficios personales. Esta autocrítica abrió paso a una reconfiguración del liderazgo y a la consolidación de una nueva etapa basada en la legitimidad del pueblo organizado.
A pesar de los avances políticos logrados hacia el año 2012, persistía la incredulidad en ciertos sectores. No obstante, la aprobación de la Ley N.° 29991, que dio vida legal al distrito Veintiséis de Octubre, confirmó una verdad histórica: cuando los pueblos se organizan y actúan con determinación, son capaces de quebrar estructuras de poder aparentemente inamovibles.
Paralelamente, las tensiones internas no desaparecieron. La sección “Las Chiquitas” dejó entrever acusaciones, alineamientos y conflictos que evidenciaban la existencia de intereses políticos en juego. En una de sus publicaciones, se sugería la cercanía de determinados actores con el entonces gobernador regional Javier Atkins Lergios, insinuando respaldos y posicionamientos que respondían más a cálculos políticos que a convicciones colectivas.
En ese escenario, figuras como Abraham Parrilla Troncos emergieron rodeadas de cuestionamientos. Según diversas versiones, su vinculación con el Gobierno Regional, a través del Programa de Apoyo Social, habría sido utilizada como plataforma de proyección personal, generando fricciones con otros sectores del movimiento. La historia posterior demostraría que estos intentos de capitalización política no lograron consolidarse en respaldo ciudadano.
Otro episodio significativo involucró a dirigentes como Santos Ayala Chunga, Humberto Toro Carhuapoma y Patricio Bermeo Córdova, cuyas discrepancias con la conducción del proceso derivaron en su salida del Comité Pro Distrito. Este hecho, lejos de ser anecdótico, marcó el quiebre definitivo de una estructura que ya no representaba el sentir mayoritario. Como respuesta, se impulsó la creación del Comité Cívico de Gestión e Implementación del Distrito Veintiséis de Octubre, una instancia renovada que incorporó a representantes del Frente Único, entre ellos Juan Carlos Ordinola Pingo y dirigentes como Ana Chanduvi Siesquen entre otros.
Este acto tuvo una carga simbólica y política significativa: el reconocimiento explícito del rol protagónico del pueblo organizado en la conquista del distrito. No obstante, fiel a los principios democráticos que guiaban su accionar, Ordinola solicitó que su incorporación fuese sometida a la decisión de la asamblea general, la cual ratificó por unanimidad su participación, consolidando así la legitimidad de la nueva estructura.
Las tensiones también tuvieron eco en los medios de comunicación, particularmente en espacios radiales desde donde se lanzaron críticas y cuestionamientos a la conducción del proceso. Estas pugnas evidenciaban no solo diferencias ideológicas, sino también la disputa por el control político de un logro que comenzaba a vislumbrarse como inevitable.
En ese contexto, la mención a “la Olla”, símbolo inicial del Partido Nacionalista Peruano liderado por Ollanta Humala, no era casual. Reflejaba la preocupación de ciertos sectores por la posible capitalización política del proceso. Sin embargo, los hechos posteriores demostraron que el impulso legislativo que permitió la creación del distrito, promovido por la bancada nacionalista con figuras como Leonidas Huayama y Santiago Gastañadui, respondió a un compromiso político que trascendió intereses individuales.
A la distancia, este episodio revela una verdad fundamental: los procesos históricos no son lineales ni exentos de conflicto. Las disputas internas, lejos de debilitar la causa, pusieron a prueba la coherencia, la legitimidad y la vocación de servicio de sus protagonistas. Y fue precisamente en ese escenario de tensiones donde se consolidó el liderazgo auténtico, aquel que no busca protagonismo, sino que emerge del reconocimiento colectivo.
Así, las llamadas “Chiquitas reveladoras” no solo fueron notas periodísticas de coyuntura, sino piezas que, leídas en perspectiva, permiten comprender la complejidad humana y política detrás de una de las conquistas más importantes del pueblo del sector Oeste de Piura: la creación del distrito Veintiséis de Octubre.