25/08/2026
HISTORIA DE LOS VENCIDOS
Escribe: Prudencio Ramos Canaza
200 años de la independencia del Perú y América y miles de engaño
Desde el día siguiente de la captura del Inca Atahualpa por los españoles chapetones pastor de cerdos.
- El levantamiento de Manco Inca
- El levantamiento de Juan Santos Atahualpa
- El levantamiento de Túpac Amaru I
- El levantamiento de Túpac Amaru II y Micaela bastidas en 1780; 10 años ante de la Revolución Francesa en 1789.
- Levantamiento de Andrés Copa Condori en Asillo Azángaro
- Pedro Apaza Alarcón el héroe Azangarino inmortal
- Túpac Katari en la Paz Bolivia
El proceso de independencia ha sido muy largo como después de 40 años de la Revolución de Túpac Amaru II y Micaela bastidas fue proclamado por José de San Martin la independencia del Perú un 28 de julio de 1821, un día sábado en la plaza mayor de Lima.
Esta supuesta independencia del Perú “Ha sido cuestionado por los historiadores: Virgilio Roel, Pablo Macera y por nuestro vate Juan Bustamante Dueñas y otros”, creando más dependencia entre los peruanos, esta independencia con dos Repúblicas de indios y Republica de mistis criollos españoles, robando la verdadera independencia a los indios como la que fue el movimiento de guerra civil entre los campesinos y gamonales de Wancho Lima, Huancané 1923, aquí hacemos referencia de lo que fue la guerra civil de los mata curas y wala walas de Huancané aquí hacemos tal referencia.
La historia del Perú ha sido abordada, invariablemente, desde una perspectiva unipolar: desde la visión de los vencedores. A partir de la colonia, curas militares, pendolistas y escribas áulicos se encargaron de justificar el genocidio y etnocidio cometido por los invasores contra las naciones vernáculas. En la Republica se reprodujo casi la misma actitud, salvo algunas actitudes rescatables como la de Pablo macera, Luis Lumbreras, Kauffmann Doig Y Basadre. No obstante ello, la visión general d la historia ha sido la misma, sea de modo internacional o por falta de investigación de campo.
En este contexto, la dicotomía vencedores vencidos solo explica la situación actual de las poblaciones peruanas sometidas a permanente discriminación y exclusión económica y social; más no a la heroica resistencia cultural y política que protagonizaron estas masas desde el momento mismo de la invasión y que siguen librando, ahora, por la recuperación de su antigua estatus.
De esto último es que no se dice o se dice poco. Por esos, la historia oficial es una larga relación de nombres de criollos que han llegado al poder sea por asalto o por elecciones generales. Y por si fuera poco, se nos ha inventado miles de nombres rimbombantes con categoría de héroes. Pero, cuando se hace una revisión seria de esta historia no nos queda ningún nombre para sentirnos orgullosos. Salvo Grau, Bolognesi y Cáceres, que sirvieron al proyecto criollo. Todo es ilusión, no existe en esta historia un solo elemento político-social o militar consistente que consolide nuestra identidad que alimente nuestra autoestima o que señale con certeza nuestro porvenir.
Probablemente, estas falencias y omisiones han obligado a los intelectuales de la periferia, enfrentados con el centralismo anquilosante limeño, a hacer esfuerzos por investigar su propia historia. Así está sucediendo hoy en casi todas las regiones de la periferia en contra de lo que se piensa y escribe desde el centro.
En la región Puno, desde hace algunas décadas, ha emergido de la misma nación aymara, la figura de José Luis Ayala, quien ha realizado esfuerzos realmente titánicos, apoyado por su voluntad férrea y una disciplina envidiable, para escribir la historia de su pueblo donde los protagonistas no son ya criollos, sino, indios, o haques, o runas, como el los llama. Gracias a Ayala conocemos los pormenores de la revolución de Wancho Lima, la historia de la legendaria Rita puno, Mariano Paqo, Mariano Larico, Carlos Condorena, además de haber escrito el libro más formidable y riguroso de esta gran nación con el título de “Literatura y Cultura Aymara” y otros volúmenes de carácter histórico-critico.
Quienes conocen su trayectoria coincidirán conmigo que, con este libro, este extraordinario cronista contemporáneo y apreciado yatiri huancaneño, cierra la saga de Wancho Lima, la más importante expresión de lucha por una República Autónoma Tahuantinsuyana.
Su libro “El Presidente Carlos Condorena”, publicado en el editorial San Marcos, Lima 2026, trata de la vida, lucha y muerte ce Condorena en el contexto de la revolución de Wancho Lima, acontecida en Huancané, en 1923.
Debemos empezar resaltando el compromiso del escritor con su espacio y su tiempo y, más aún, con un proyecto histórico, a todas luces, liberador de cadenas materiales y espirituales. Él se convierte, por este hecho, en uno de los pocos escritores peruanos que escribe sobre la biografía de campesinos olvidados por la historia oficial.
Dentro de su biografía podría señalarse 3 etapas bien definidas:
a. ETAPA DE FORMACION:
La nación aymara, desde las primeras décadas de la Republica, venia sufriendo una serie de abusos de lesa humanidad, que afectaban sus condiciones de vida y de trabajo. Por una parte, el despojo de sus tierras para la formación de las haciendas y; por otra, la conversión del indio en un ser envilecido y sometido a diversos regímenes de trabajo como ser semaneros, pongos, mitanis (mujeres para el cura), muleros, barrenderos, tasamanis (cobrador de impuestos al servicio del gobernador), aparte de su obligación de servir en el Ejercito y en los enganches para la construcción de carreteras y caminos. A no dudarlo estas condiciones dramáticas iban formando la conciencia social del niño Carlos Condorena. A ello, puede agregarse las noticias que escucho cerca de la sublevación de Juan Bustamante, más conocido por las comunidades aymaras como el Inca Bustamante. Otro hecho que sacudió su espíritu fue la revolución de Rumi Maky. Al respecto Ayala muestra un documento donde Carlos Condorena es denunciado como actuante del “Asalto a la hacienda de san José”.
Luego, Condorena viajo a la ciudad de Puno y fue empleado en una tienda de Yunguyo, donde probablemente completo su aprendizaje de la lecto escritura. Posteriormente, es obrero del barco El Inca que cubre la ruta Puno-Guaqui, este hecho es muy importante, si aceptamos que las condiciones de trabajo determinan la conducta de los hombres. Su condición de obrero nutre su conciencia de clase y lo orienta intuitivamente hacia el socialismo. Poco después viaja a la ciudad de la Paz y conoce una gran ciudad que lo impresiona sobre manera, no solo por su esplendor, sino, porque es una ciudad totalmente escindida con áreas para el disfrute de los mistis y otra para la sobrevivencia de los indios.
Con todas estas experiencias retorna a Huancané y constata que su pueblo venia luchando, desde hace una década, por la recuperación de sus tierras. Se incorpora inmediatamente a sus organizaciones de base, primero como simple integrante y, luego como dirigente. En estas circunstancias acompaña a Qorimayhua, el mensajero huancaneño de la época, a la ciudad de Lima, llevando un memorial al Presidente de la Republica, donde se daba cuenta del despojo de tierras y de los abusos que se cometían contra ellos.
Más tardes se conoce con tres personajes que completarán su formación política: Ezequiel Urviola, el agitador e ideólogo; Manuel a Quiroga, el jurisconsulto extraordinario defensor de Carlos Condorena y; finalmente; José Carlos Mariátegui, el fundador del socialismo peruano.
b. ETAPA DEL LIDERAZGO EN LA REVOLUCION DE WANCHO LIMA.
En 1922 se lleva a efecto el Lima el “Tercer Congreso de la Asociación Pro Indígena Tawantinsuyo”, en el que Carlos Condorena es elegido Secretario General de este foro nacional, en merito a su participación durante más de 15 años en las luchas por la reivindicación de la nación aymara.
Los principales acuerdos de este Congreso son:
a) Revisar los títulos de las haciendas en todo el territorio nacional.
b) Educación bilingüe para todas las comunidades indígenas.
c) Relaciones de fraternidad con todas las organizaciones sindicales nacionales internacionales.
Hay que detenerse un poco para sopesar sobre la importancia política de estos acuerdos que fueron comentados elogiosamente por José Carlos Mariátegui. Embebido de estas nuevas orientaciones políticas y contando con el aval del Presidente Leguía, se reunieron en Huancané: Carlos Condorena, Mariano Paqo, Rita Puma y Antonio F. Luque y decidieron convocar a todas las comunidades, parcialidades y villorrios de Janansaya y Jurinsaya. Tenían la autorización de Leguía para fundar un pueblo de indios; pero, las discusiones de la Asamblea condujeron a la fundación de una Republica de Indios. Así el 7 de agosto de 1923 se fundó, en Mukuraya, la ciudad de Wancho Lima, capital de la Republica Aymara Tawantinsuyana, siendo elegido presidente de esta nueva Republica el indio Carlos Condorena y los demás dirigentes como Rita Puma, Mariano Paqo; mariano Larico y Antonio F. Luque en cargos equivalentes a Ministros de Estado.
La ciudad fue trazada a la usanza tradicional con una Plaza de Armas rodeada de edificios como el palacio de justicia, el palacio del ayuntamiento, la catedral el palacio del gobierno, el palacio legislativo, calles y avenidas amplias y, entrega de solares para la vivienda de los dirigentes y de los campesinos en general. Miles de miles de aymaras empezaron a construir la gran ciudad. Luego, se instauro una nueva bandera y un nuevo escudo.
Lo que se había hecho, superaba largamente cualquier expectativa política: la fundación de una Republica dentro de la Republica oficial del Perú. A partir de entonces, el comercio y todas las actividades económico-sociales se hacían Wancho Lima, se cortaron los servicios gratuitos, la obligación de llevar carne, huevos, leña, quesos y sirvientas para las autoridades y curas.
No paso mucho tiempo cuando la Sub prefectura de Huancané demando la presencia de los dirigentes de Wancho Lima para que respondieran sobre aquellos actos considerados ilegales e inconstitucionales. El presidente Carlos Condorena y los principales dirigentes de la revolución convocaron otra vez más a todos los campesinos de los ayllus de Janansaya y Jurinsaya, Viquechico, Moho y Rosaspata, aparte de las comunidades de las actuales provincias de Azángaro y Putina. Se decidió que una Comisión presidida por Carlos Condorena viajara a Lima para lograr el reconocimiento oficial de Wancho Lima de parte de Augusto B. Leguía. Se pensaba que de esta manera se evitaría el hostigamiento de las autoridades y de los hacendados que se encontraban aterrorizados y rabiosos.
Cuando Ezequiel Urviola e Hildebrando Pozo escucharon el informe del Presidente Condorena, no podían creerlo. Los hechos de Wancho Lima sobrepasaban las metas previstas; entonces, previniendo lo que podía suceder le aconsejaron para que visitara inmediatamente a Leguía. Desgraciadamente, Leguía traiciono a Wancho Lima y no recibió ni escucho al presidente Carlos Condorena. Entre tanto duraba las gestiones para buscar una cita con Leguía, entre el 13 al 25 de diciembre de 1923, se produjo la mayor masacre de las poblaciones indígenas de la Republica Aymara.
Con el apoyo de fuerzas de las tres armas conducidas en el v***r El Inca por el mayor Vinatea y otro ejército que se trasladó por tierra, vía Taraco, se cometió la mayor hecatombe de la historia republicana: Se ametrallo a más de 2,000 indígenas del mismo Wancho Lima, se asesinó miles de indios en los cerros, en los ríos y en el lago, se incendió y destruyo Wancho Lima (hoy solo quedan las señas de la plaza y de las principales avenidas de esta ciudad mítica); se hizo desaparecer de las cárceles a cientos de dirigentes; se torturo y se destruyeron las escuelas que venían funcionando en la nueva República; confiscaron cerca de 100,00 cabezas de ganado vacuno, ovino y camélidos y; se exigió el pago de 300 a 500 soles a cada indio para no ser comprometido en los luctuosos hechos de Wancho Lima.
Rita Puma, la más grande revolucionaria de todos los tiempos, fue que habían cometido aquel holocausto.
ejecutada en Moho, Mariano Paqo logró escapar de la muerte lanzándose al río Ramis cuando era conducido de noche para ser asesinado, Carlos Condorena, en su condición de Presidente de aquella Republica incendiada retorno a Huancané para luchar, vía procesos judiciales y con el apoyo de Manuel A. Quiroga, contra las autoridades y hacendados
c. ETAPA DE PERSECUSION POLITICA Y LIQUIDACION DE LA REVOLUCION DE WANCHO LIMA.
Carlos Condorena retorno a Huancané inmediatamente después de la masacre y se mantuvo en su tierra hasta la hora de su muerte, muchas veces encarcelado en las prisiones de Puno y otras gozando de libertad controlada en su pueblo de Tarhua Uta. Como se dijo, con ayuda de Quiroga inicio acciones judiciales contra criminales de Wancho Lima, pero estos respondieron con decenas de juicios donde los responsabilizaban de todos los hechos luctuosos de 1923. La Liga de Propietarios y el poder político del Estado organizaron contra el Presidente Carlos Condorena una lucha de liquidación total.
Primero, de carácter militar, por cuanto, muchas veces, su casa o las casas donde Condorena se ocultaba fueron atacadas a mansalva para asesinarlo y terminar con la vida de sus descendientes. Fue un ensañamiento feroz, monstruoso. Él escapo de morir en muchas oportunidades. Su familia tuvo que verse obligada a abandonar Huancané y Lima donde también lo buscaba, y trasladarse al Norte Chico y Trujillo donde actualmente viven sus hijos y nietos.
En segundo lugar, el ensañamiento fue idiológico-politico. El poder feudal divulgo Suyo por Suyo, Villorrio por Villorrio, comunidad por comunidad, casa por casa. La idea de que el culpable de tanta muerte de indígenas, de la perdida de ganado de los indios, la violación de niñas y ancianas por parte de la soldadesca, la destrucción de pueblos y cabañas, los juicios en que se encontraban miles de aymaras, por culpa de Carlos Condorena. Él era el único responsable de haber causado tanta desgracia por haber tenido La osadía de rebelarse contra el orden establecido. Desgraciadamente este discurso nefasto pego en la conciencia de cientos de aymaras que se encargaron de enlodar la vida y obra de este líder ejemplar e indomable.
Así el poder feudal utilizo sus propios medios y a los propios indios para liquidar a Condorena, quien murió en 1956, a los 75 años, en Tarhua Uta, en medio de la soledad, olvidado y despreciado por su propia gente. Contra ese discurso colonial infame se levanta, ahora el discurso de nuestro Chola Ayala.
Y nuevos vientos recorren Huancané y Moho. Los jóvenes empiezan a reflexionar sobre Wancho Lima y saben, de a pocos, que el conocimiento de la obra del Presidente Carlos Condorena ayuda a consolidar la conciencia social y marcar con fuego la lucha por la autonomía regional.