02/08/2026
Transformados de gloria en gloria
El Nuevo Pacto no nos llama a una transformación instantánea, sino a una transformación continua. En Cristo hemos sido hechos nuevas criaturas (2 Corintios 5:17), pero el Espíritu Santo continúa formando el carácter de Cristo en nosotros cada día. La vida cristiana no consiste en esforzarnos por parecernos a Cristo mediante nuestras fuerzas, sino en permitir que su vida se manifieste progresivamente en nosotros.
El apóstol Pablo declara:
“Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).
La transformación ocurre cuando contemplamos la gloria de Cristo revelada en el Nuevo Pacto. No es el resultado de la presión de la ley, sino de la obra del Espíritu Santo. Cada día el creyente refleja con mayor claridad la imagen del Hijo.
Asimismo, Romanos 8:29 revela el propósito eterno de Dios: ser conformados a la imagen de su Hijo. Este es un proceso que se desarrolla mientras caminamos en comunión con Cristo. De igual manera, Filipenses 1:6 nos da la seguridad de que “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”.
Por eso podemos afirmar con gozo: hoy me parezco más a Cristo que ayer, y mañana me pareceré más que hoy, porque el Espíritu Santo sigue obrando en mí. No vivimos buscando aceptación; ya fuimos aceptados en el Amado (Efesios 1:6). Desde esa identidad, somos transformados continuamente de gloria en gloria, hasta que Cristo sea plenamente formado en nosotros (Gálatas 4:19).
El Nuevo Pacto no demanda perfección inmediata; revela una obra perfecta que produce una transformación constante. La gloria de Cristo, contemplada por la fe, nos cambia día tras día, hasta reflejar cada vez más su naturaleza y su carácter.
Gracia y paz abundante para todos ustedes en Jesucristo.
Pastor Franklin Gonzalez