15/08/2026
Estamos cansados… pero seguimos diciendo que estamos bien
Especial para Noticias de Ponce por:
Dra. Vilmarie Ayala Cruz
Psicóloga Industrial Organizacional | Conferenciante | Asesora en Desarrollo Empresarial y Gestión Administrativa
Creadora del Proyecto: Madre e Hija, Así Somos
787-632-1288
[email protected]
El otro día llegué a casa, dejé la cartera y me senté por unos minutos. No había ocurrido nada extraordinario. Ninguna emergencia, ninguna mala noticia, ningún problema fuera de lo normal.
Pero estaba cansada.
Y no era ese cansancio que uno resuelve durmiendo un poco más. Era de esos días en los que uno siente que la cabeza todavía sigue trabajando aunque el cuerpo ya se haya detenido.
Entonces pensé: ¿cuántas personas estarán sintiéndose exactamente igual?
Nos levantamos temprano, trabajamos, resolvemos situaciones, atendemos la familia, contestamos mensajes, cumplimos compromisos y organizamos lo que quedó pendiente para mañana. Y en medio de todo eso, alguien pregunta:
¿Cómo estás? Bien. Casi automáticamente. Pero ¿estamos bien?
Tal vez nos hemos acostumbrado tanto a funcionar cansados que ya lo vemos como algo normal. Seguimos porque hay responsabilidades. Porque alguien depende de nosotros. Porque hay cuentas que pagar. Porque mañana hay que volver a levantarse.
Y también porque vivimos en una sociedad donde estar ocupado parece haberse convertido en una señal de productividad.
Si tienes la agenda llena, estás haciendo mucho. Si no tienes tiempo, eres importante.�Si descansas, hasta puedes sentir que deberías estar haciendo otra cosa.
Y ahí está el problema. No todo cansancio se quita durmiendo.
Hay cansancio de tomar decisiones todo el día. De estar pendiente de todos. De resolver problemas que nadie sabe que estás cargando. De escuchar a otros cuando tú también necesitas que alguien te escuche.
Hay personas que cumplen con todo y, aun así, llegan al final del día sintiendo que no hicieron suficiente. Quizás por eso necesitamos comenzar a cambiar la pregunta.
En lugar de preguntarnos solamente: ¿Qué me falta por hacer? también deberíamos preguntarnos: ¿Cómo estoy mientras hago todo esto?
Porque descansar no siempre significa irse de vacaciones. A veces comienza con algo mucho más sencillo: sentarse diez minutos sin sentir culpa, apagar el teléfono por un rato, decir que no a un compromiso, pedir ayuda o reconocer que hoy simplemente no podemos con todo.
No tenemos que esperar a estar completamente agotados para comenzar a cuidarnos.
La vida siempre tendrá pendientes. Siempre aparecerá otro mensaje, otra responsabilidad y algo más que resolver. Pero nosotros también tenemos que estar en nuestra propia lista.
Así que la próxima vez que alguien te pregunte cómo estás, antes de responder automáticamente, bien, quizás vale la pena hacer una pequeña pausa.
Y preguntarte tú primero:
¿De verdad estoy bien… o simplemente me acostumbré a estar cansado?