07/07/2026
𝙀𝙡 𝙙𝙚𝙧𝙚𝙘𝙝𝙤 𝙖 𝙨𝙖𝙗𝙚𝙧 𝙛𝙧𝙚𝙣𝙩𝙚 𝙖 𝙡𝙖 𝙛𝙖𝙡𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙞𝙣𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖𝙘𝙞ó𝙣
El derecho a saber
Por Eliezer Colón Rivera
Hay derechos que parecen invisibles hasta que intentamos ejercerlos. Uno de ellos es el derecho a saber.
Vivimos en una época en la que la palabra transparencia aparece constantemente en discursos, informes y páginas oficiales. Sin embargo, quienes hemos tratado de obtener información pública sabemos que existe una gran diferencia entre proclamar la transparencia y practicarla.
𝘿𝙪𝙧𝙖𝙣𝙩𝙚 𝙡𝙤𝙨 ú𝙡𝙩𝙞𝙢𝙤𝙨 𝙢𝙚𝙨𝙚𝙨, 𝙚𝙡 𝘾𝙤𝙢𝙞𝙩é 𝘿𝙚𝙨𝙥𝙚𝙧𝙩𝙖𝙧 𝘾𝙞𝙙𝙧𝙚ñ𝙤 𝙝𝙖 𝙞𝙣𝙩𝙚𝙣𝙩𝙖𝙙𝙤 𝙤𝙗𝙩𝙚𝙣𝙚𝙧 𝙞𝙣𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖𝙘𝙞ó𝙣 𝙨𝙤𝙗𝙧𝙚 𝙡𝙖 𝙧𝙚𝙢𝙤𝙙𝙚𝙡𝙖𝙘𝙞ó𝙣 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙋𝙡𝙖𝙯𝙖 𝙋ú𝙗𝙡𝙞𝙘𝙖 𝙁𝙧𝙖𝙣𝙘𝙞𝙨𝙘𝙤 𝙈. 𝙕𝙚𝙣𝙤 𝙙𝙚 𝘾𝙞𝙙𝙧𝙖, 𝙛𝙞𝙣𝙖𝙣𝙘𝙞𝙖𝙙𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙛𝙤𝙣𝙙𝙤𝙨 𝙛𝙚𝙙𝙚𝙧𝙖𝙡𝙚𝙨 𝙙𝙚𝙨𝙩𝙞𝙣𝙖𝙙𝙤𝙨 𝙖 𝙡𝙖 𝙧𝙚𝙘𝙪𝙥𝙚𝙧𝙖𝙘𝙞ó𝙣 𝙩𝙧𝙖𝙨 𝙙𝙚𝙨𝙖𝙨𝙩𝙧𝙚𝙨. 𝙉𝙤 𝙗𝙪𝙨𝙘á𝙗𝙖𝙢𝙤𝙨 𝙙𝙤𝙘𝙪𝙢𝙚𝙣𝙩𝙤𝙨 𝙘𝙤𝙣𝙛𝙞𝙙𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖𝙡𝙚𝙨 𝙣𝙞 𝙨𝙚𝙘𝙧𝙚𝙩𝙤𝙨 𝙙𝙚 𝙀𝙨𝙩𝙖𝙙𝙤. 𝙌𝙪𝙚𝙧í𝙖𝙢𝙤𝙨 𝙞𝙣𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖𝙘𝙞ó𝙣 𝙗á𝙨𝙞𝙘𝙖 𝙨𝙤𝙗𝙧𝙚 𝙪𝙣𝙖 𝙤𝙗𝙧𝙖 𝙥ú𝙗𝙡𝙞𝙘𝙖 𝙦𝙪𝙚 𝙩𝙧𝙖𝙣𝙨𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖𝙧á 𝙚𝙡 𝙘𝙚𝙣𝙩𝙧𝙤 𝙙𝙚 𝙣𝙪𝙚𝙨𝙩𝙧𝙤 𝙥𝙪𝙚𝙗𝙡𝙤 𝙮 𝙦𝙪𝙚 𝙨𝙚 𝙛𝙞𝙣𝙖𝙣𝙘𝙞𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙙𝙞𝙣𝙚𝙧𝙤 𝙙𝙚 𝙩𝙤𝙙𝙤𝙨. 𝙇𝙖 𝙚𝙭𝙥𝙚𝙧𝙞𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖 𝙛𝙪𝙚 𝙧𝙚𝙫𝙚𝙡𝙖𝙙𝙤𝙧𝙖. 𝙇𝙖 𝙞𝙣𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖𝙘𝙞ó𝙣 𝙥𝙖𝙧𝙚𝙘í𝙖 𝙥𝙚𝙧𝙙𝙚𝙧𝙨𝙚 𝙚𝙣𝙩𝙧𝙚 𝙥𝙤𝙧𝙩𝙖𝙡𝙚𝙨 𝙞𝙣𝙘𝙤𝙢𝙥𝙡𝙚𝙩𝙤𝙨, 𝙙𝙖𝙩𝙤𝙨 𝙖𝙪𝙨𝙚𝙣𝙩𝙚𝙨, 𝙥𝙧𝙤𝙘𝙚𝙨𝙤𝙨 𝙗𝙪𝙧𝙤𝙘𝙧á𝙩𝙞𝙘𝙤𝙨 𝙮 𝙧𝙚𝙨𝙥𝙪𝙚𝙨𝙩𝙖𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙣𝙤 𝙧𝙚𝙨𝙥𝙤𝙣𝙙í𝙖𝙣 𝙖 𝙡𝙖𝙨 𝙥𝙧𝙚𝙜𝙪𝙣𝙩𝙖𝙨 𝙛𝙪𝙣𝙙𝙖𝙢𝙚𝙣𝙩𝙖𝙡𝙚𝙨. 𝙁𝙪𝙚 𝙚𝙣𝙩𝙤𝙣𝙘𝙚𝙨 𝙘𝙪𝙖𝙣𝙙𝙤 𝙘𝙤𝙢𝙥𝙧𝙚𝙣𝙙𝙞𝙢𝙤𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙖 𝙛𝙖𝙡𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙩𝙧𝙖𝙣𝙨𝙥𝙖𝙧𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖 𝙣𝙤 𝙨𝙞𝙚𝙢𝙥𝙧𝙚 𝙨𝙚 𝙢𝙖𝙣𝙞𝙛𝙞𝙚𝙨𝙩𝙖 𝙢𝙚𝙙𝙞𝙖𝙣𝙩𝙚 𝙪𝙣𝙖 𝙣𝙚𝙜𝙖𝙩𝙞𝙫𝙖 𝙙𝙞𝙧𝙚𝙘𝙩𝙖. 𝘼 𝙫𝙚𝙘𝙚𝙨 𝙖𝙙𝙤𝙥𝙩𝙖 𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖𝙨 𝙢á𝙨 𝙨𝙪𝙩𝙞𝙡𝙚𝙨: 𝙚𝙭𝙞𝙨𝙩𝙚 𝙡𝙖 𝙥𝙡𝙖𝙩𝙖𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖, 𝙥𝙚𝙧𝙤 𝙣𝙤 𝙡𝙤𝙨 𝙙𝙤𝙘𝙪𝙢𝙚𝙣𝙩𝙤𝙨; 𝙚𝙭𝙞𝙨𝙩𝙚 𝙚𝙡 𝙥𝙧𝙤𝙘𝙚𝙙𝙞𝙢𝙞𝙚𝙣𝙩𝙤, 𝙥𝙚𝙧𝙤 𝙣𝙤 𝙡𝙖 𝙧𝙚𝙨𝙥𝙪𝙚𝙨𝙩𝙖; 𝙚𝙭𝙞𝙨𝙩𝙚 𝙡𝙖 𝙥𝙧𝙤𝙢𝙚𝙨𝙖 𝙙𝙚 𝙥𝙖𝙧𝙩𝙞𝙘𝙞𝙥𝙖𝙘𝙞ó𝙣 𝙘𝙞𝙪𝙙𝙖𝙙𝙖𝙣𝙖, 𝙥𝙚𝙧𝙤 𝙣𝙤 𝙡𝙖𝙨 𝙘𝙤𝙣𝙙𝙞𝙘𝙞𝙤𝙣𝙚𝙨 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙚𝙟𝙚𝙧𝙘𝙚𝙧𝙡𝙖 𝙙𝙚 𝙢𝙖𝙣𝙚𝙧𝙖 𝙚𝙛𝙚𝙘𝙩𝙞𝙫𝙖. 𝘼𝙡𝙜𝙤 𝙨𝙞𝙢𝙞𝙡𝙖𝙧 𝙤𝙘𝙪𝙧𝙧𝙚 𝙚𝙣 𝙚𝙡 á𝙢𝙗𝙞𝙩𝙤 𝙖𝙢𝙗𝙞𝙚𝙣𝙩𝙖𝙡.
𝙍𝙚𝙘𝙞𝙚𝙣𝙩𝙚𝙢𝙚𝙣𝙩𝙚 𝙩𝙧𝙖𝙨𝙘𝙚𝙣𝙙𝙞𝙚𝙧𝙤𝙣 𝙙𝙖𝙩𝙤𝙨 𝙥𝙧𝙚𝙤𝙘𝙪𝙥𝙖𝙣𝙩𝙚𝙨 𝙨𝙤𝙗𝙧𝙚 𝙡𝙖 𝙘𝙖𝙡𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙙𝙚 𝙣𝙪𝙢𝙚𝙧𝙤𝙨𝙤𝙨 𝙘𝙪𝙚𝙧𝙥𝙤𝙨 𝙙𝙚 𝙖𝙜𝙪𝙖 𝙚𝙣 𝙋𝙪𝙚𝙧𝙩𝙤 𝙍𝙞𝙘𝙤. 𝙎𝙞𝙣 𝙚𝙢𝙗𝙖𝙧𝙜𝙤, 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙖𝙨 𝙘𝙤𝙢𝙪𝙣𝙞𝙙𝙖𝙙𝙚𝙨 𝙥𝙖𝙧𝙩𝙞𝙘𝙞𝙥𝙚𝙣 𝙚𝙣 𝙡𝙖𝙨 𝙙𝙚𝙘𝙞𝙨𝙞𝙤𝙣𝙚𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙖𝙛𝙚𝙘𝙩𝙖𝙣 𝙨𝙪𝙨 𝙧í𝙤𝙨, 𝙡𝙖𝙜𝙤𝙨 𝙮 𝙦𝙪𝙚𝙗𝙧𝙖𝙙𝙖𝙨, 𝙣𝙚𝙘𝙚𝙨𝙞𝙩𝙖𝙣 𝙖𝙘𝙘𝙚𝙨𝙤 𝙤𝙥𝙤𝙧𝙩𝙪𝙣𝙤 𝙖 𝙡𝙖 𝙞𝙣𝙛𝙤𝙧𝙢𝙖𝙘𝙞ó𝙣. 𝙉𝙤 𝙗𝙖𝙨𝙩𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙖𝙛𝙞𝙧𝙢𝙖𝙧 𝙦𝙪𝙚 𝙡𝙤𝙨 𝙙𝙤𝙘𝙪𝙢𝙚𝙣𝙩𝙤𝙨 𝙚𝙭𝙞𝙨𝙩𝙚𝙣. 𝘿𝙚𝙗𝙚𝙣 𝙚𝙨𝙩𝙖𝙧 𝙙𝙞𝙨𝙥𝙤𝙣𝙞𝙗𝙡𝙚𝙨, 𝙖𝙘𝙘𝙚𝙨𝙞𝙗𝙡𝙚𝙨 𝙮 𝙘𝙤𝙢𝙥𝙧𝙚𝙣𝙨𝙞𝙗𝙡𝙚𝙨 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙡𝙖 𝙘𝙞𝙪𝙙𝙖𝙙𝙖𝙣í𝙖.
Como educador, he aprendido que el conocimiento es una herramienta de transformación social. Los pueblos no pueden tomar decisiones informadas ni fiscalizar adecuadamente a quienes administran los recursos públicos si la información llega tarde, es incompleta o simplemente no llega.
La transparencia no es un lujo administrativo. Es una condición esencial para la democracia. Sin información accesible, la participación ciudadana pierde significado y la confianza pública se debilita.
Pienso en el Lago de Cidra, cuyas aguas han acompañado la historia de nuestro pueblo. Pienso en los árboles que ofrecen sombra en nuestras plazas y en las comunidades que dependen de nuestros recursos naturales. Todos forman parte de una misma conversación sobre el derecho colectivo a conocer, a preguntar y a participar.
La naturaleza nos ofrece una enseñanza sencilla: el agua que fluye se renueva; el agua estancada se enturbia. Lo mismo ocurre con la información pública. Cuando circula libremente, fortalece la confianza y la colaboración. Cuando se oculta o se dificulta su acceso, florecen la desconfianza y el distanciamiento entre el gobierno y la ciudadanía.
Defender el derecho a saber no es una tarea exclusiva de periodistas, abogados o activistas. Es una responsabilidad democrática de todos. Porque los recursos públicos pertenecen al pueblo. Porque las decisiones públicas afectan al pueblo. Y porque una ciudadanía informada sigue siendo la mejor garantía de una sociedad más justa y participativa.
𝗟𝗮 𝘁𝗿𝗮𝗻𝘀𝗽𝗮𝗿𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗻𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲𝗱𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝗲𝘀𝗹𝗼𝗴𝗮𝗻. 𝗗𝗲𝗯𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿𝘀𝗲 𝘃𝗶𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲 𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗼𝗰𝘂𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀, 𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗼𝗰𝗲𝘀𝗼𝘀 𝘆 𝗲𝗻 𝗹𝗮𝘀 𝗱𝗲𝗰𝗶𝘀𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀. 𝗗𝗲 𝗹𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝗿𝗶𝗼, 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗿𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗮𝗻𝘁𝗲 𝘂𝗻𝗮 𝘃𝗲𝗻𝘁𝗮𝗻𝗮 𝗮𝗯𝗶𝗲𝗿𝘁𝗮 𝗾𝘂𝗲, 𝗽𝗮𝗿𝗮𝗱ó𝗷𝗶𝗰𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲, 𝗻𝗼 𝗻𝗼𝘀 𝗽𝗲𝗿𝗺𝗶𝘁𝗲 𝘃𝗲𝗿.