05/04/2026
A veces miramos la tumba vacía, sentimos el dolor, la tristeza, la perdida. Nuestros ojos están llenos del vacío y no vemos quién está a nuestro lado.
Quien nos está observando. Quien nos está sosteniendo. Quien nos está cuidando.
Quien nos está consolando.
Quien nos está enseñando.
El Rabi, el Maestro. El que venció a la muerte. El que lavó todos nuestros pecados. El que es bueno, su amor es terno, su misericordia es para siempre, su palabra nunca cambia y grande es fidelidad.
¡¡El que vive!! A Él sea toda la Gloria.
Juan 20:11-17 TLA
[11] María se quedó afuera de la tumba, llorando. Mientras lloraba, se inclinó para ver dentro de la tumba, [12] y vio a dos ángeles vestidos de blanco. Estaban sentados, uno donde había estado la cabeza de Jesús y el otro donde habían estado sus pies. [13] Los ángeles le preguntaron: —Mujer, ¿por qué estás llorando? Ella les respondió: —Porque alguien se ha llevado el cuerpo de mi Señor, y no sé dónde lo habrá puesto. [14] Apenas dijo esto, volvió la cara y vio a Jesús allí, pero no sabía que era él. [15] Jesús le dijo: —Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? María pensó que estaba hablando con el que cuidaba el jardín donde estaba la tumba. Por eso le dijo: —Señor, si usted se ha llevado el cuerpo que estaba en esta tumba, dígame dónde lo puso y yo iré a buscarlo. [16] Jesús le dijo: —María. Ella se volvió y le dijo: —¡Maestro! [17] Jesús le dijo: —No me detengas, pues todavía no he ido a reunirme con mi Padre. Pero ve y dile a mis discípulos que voy a reunirme con él, pues también es Padre de ustedes. Él es mi Dios, y también es Dios de ustedes.