09/01/2026
Cuando se grita “mentira” sin decir cuál
Por años, Enrique “K**e” Cruz ha escrito con un estilo directo que incomoda. Y cuando incomoda, ocurre lo predecible: se intenta desacreditar al mensajero. Esta semana, el Partido Independentista Puertorriqueño respondió a una columna de Cruz acusándolo de mentir. El problema es sencillo y grave a la vez: no señalaron cuál fue la mentira.
En el debate público, acusar de falsedad sin precisar el hecho falso no es defensa, es evasión. No basta con indignarse; hay que refutar. Si una afirmación es incorrecta, se cita, se corrige y se demuestra. Lo demás es ruido.
Cruz cuestionó la condena selectiva del PIP frente a la situación venezolana y la ambigüedad moral de condenar una acción internacional mientras se omite el fraude electoral y la ilegitimidad del régimen que robó elecciones. Esa crítica puede gustar o no, pero no es una mentira: es una postura política.
También incomoda que se señale la doble vara: exigir pureza ajena mientras se toleran alianzas, silencios o afinidades ideológicas cuando conviene. Criticar esa incoherencia no es difamar; es opinar. Y la opinión —aunque moleste— no se refuta con adjetivos, sino con hechos.
Más aún, el intento de sugerir que ciertas voces deberían ser marginadas de los medios revela una pulsión peligrosa. Cuando una colectividad acusa de “mentir” sin evidenciarlo y, a la vez, insinúa mordazas, no defiende la verdad: huye del debate.
Si el PIP entiende que Cruz erró, el camino es claro y democrático: señalar la frase, explicar por qué es falsa y presentar la evidencia. Mientras eso no ocurra, la acusación queda en lo que es: una descalificación sin sustancia.
En una discusión tan seria como la democracia, Venezuela y Puerto Rico, el estándar no puede ser el grito, sino la prueba. Hasta que el PIP diga qué es mentira y por qué, K**e Cruz no ha sido refutado. Ha sido, simplemente, atacado.