28/12/2025
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Mi reflexión de fin de año:
Entre las sombras, hay una luz que aún nos sostiene
Domingo, 28 de diciembre de 2025
En la vida ocurre algo curioso, mientras más se acumulan los años, más entendemos que no estamos aquí para poseer cosas, sino para atravesar experiencias. Somos viajeros del tiempo, marcados por pérdidas, victorias, tropiezos, esperanzas y dudas. Y cada diciembre, ese punto donde la tierra parece detenerse un instante, nos invita a mirar hacia atrás con humildad y hacia adelante con valentía.
La Navidad llega como un recordatorio silencioso de que aun en medio del ruido y las tensiones, la vida tiene un propósito que trasciende lo material. No es una fecha, es un gesto. No es un ritual, es un llamado. Nos invita a volver al origen, a la familia, a la bondad, a la compasión que a veces descuidamos en la prisa diaria. Nos recuerda que la luz no es ausencia de oscuridad, sino la firme decisión de encender algo dentro de nosotros aun cuando el entorno parezca quebrarse.
Definitivamente el año 2025 fue un retó para la paciencia y la fe del pueblo. Si algo hemos aprendido en Puerto Rico durante este 2025 es que la resiliencia no es una palabra bonita que se repite en discursos, es una prueba diaria. El país ha cargado con apagones, incertidumbres, decisiones cuestionables, un sistema eléctrico en agonía, el costo de vida por las nubes y un ánimo colectivo cansado de promesas rotas. Sin embargo, ahí seguimos: trabajando, criando, estudiando, soñando, reclamando lo que es justo.
La Navidad, en este contexto, adquiere otro matiz. Ya no basta con adornar las casas, ahora se trata de recoger los pedazos de un pueblo que exige respeto y dignidad. Hemos visto cómo la gente se organiza, cómo comunidades completas se acompañan en la oscuridad literal y metafórica, cómo volvemos una y otra vez a la mesa familiar, quizás con menos cosas, pero con más conciencia.
El 2025 nos enseñó que Puerto Rico está cansado, sí, pero no rendido. Que nuestras luchas no han sido en vano. Que la verdad, tarde o temprano, sale a la luz. Que la justicia no siempre llega rápido, pero llega. Y que cuando un pueblo despierta, ninguna estructura de poder lo puede volver a dormir.
El fin de año es un cruce de caminos. A punto de cerrar el calendario, es inevitable preguntarnos, ¿Qué significa realmente este cambio de año? ¿Es solo un número que avanza o es una oportunidad para cambiar la dirección de nuestra historia colectiva?
El 2026 puede ser el año en que Puerto Rico decida caminar con más firmeza hacia la transparencia, la responsabilidad pública y la defensa de lo que nos pertenece. También puede ser el año en que las familias vuelvan a verse con un poco más de esperanza, en que los jóvenes sientan que hay futuro aquí y no a 1,000 millas de distancia. Puede ser el año en que empecemos a sanar, como individuos y como país.
Pero nada de eso ocurre por magia. Ocurre cuando levantamos la mirada y nos damos cuenta de que somos responsables no solo de nuestra vida personal, sino de nuestra vida en comunidad. La Navidad nos recuerda precisamente eso, que estamos llamados a cuidarnos unos a otros, a mirarnos con empatía, a actuar con valentía y a no conformarnos con la injusticia disfrazada de normalidad.
A las puertas del 2026, si algo deseo para este Puerto Rico nuestro es que recuperemos el sentido profundo de la Navidad, al apreciar que con el nacimiento del niño Jesús vino la luz que vence la oscuridad. Que entendamos que cada gesto de solidaridad, cada acto de honestidad, cada decisión valiente, es una manera de encender esa luz.
No podemos elegir los tiempos que nos tocó vivir. Pero sí podemos elegir cómo los enfrentamos. Y el 2026 puede convertirse en un año decisivo si lo caminamos con conciencia, unidad y propósito.
Que este fin de año sea un abrazo a lo vivido, lo que dolió y lo que enseñó y un compromiso con lo que viene. Porque Puerto Rico merece un futuro mejor y solo lo lograremos si cada uno aporta un rayo de luz.
Que la Navidad 2025 nos renueve y el 2026 nos encuentre despiertos, solidarios y listos para construir el país que todos queremos y nuestros hijos merecen. ¡Bendiciones para el Nuevo Año 2026!
Con mi cariño y aprecio,
𝓛𝓾𝓲𝓼 𝓡𝓪ú𝓵 𝓣𝓸𝓻𝓻𝓮𝓼 𝓒𝓻𝓾𝔃