27/05/2026
Mi querido Fabrizio,
Hoy es uno de esos días que un padre sabe que jamás va a olvidar.
Mientras te veo recibir tus premios, tus honores y cerrar esta etapa de octavo grado para comenzar una nueva en noveno, no puedo evitar mirar hacia atrás y pensar que, aunque han pasado años… todavía puedo verte cabiéndome en las manos.
Todavía puedo verte el día que naciste.
Tú comenzaste a demostrar quién eras incluso antes de llegar al mundo. Mamá decidió darte el comienzo más natural y puro posible. Sin medicamentos. Sin epidural. Sin nada que interfiriera con tu llegada. Fue un acto de amor inmenso y también de valentía. Desde el vientre ya eras fuerte. Ya venías preparado para la vida.
Y entonces naciste.
Nunca voy a olvidar ese momento.
Recuerdo ver a todos los médicos correr hacia ti. Eras tan rojo, tan rojito, que pensaron que estabas cianótico. Ver a cinco médicos encima de mi hijo recién nacido ha sido, sin exagerar, el momento más difícil de toda mi vida. Sentí que el mundo se me detenía. Sentí miedo por primera vez de verdad.
Hasta que, de repente, uno de ellos entendió la realidad.
“No está cianótico… es pelirrojo.”
Y todos comenzaron a reír.
Ahí entendí algo que la vida me confirmaría después: tú siempre ibas a ser diferente. Tú siempre ibas a sorprender al mundo.
Desde ese día, nunca has dejado de hacerlo.
Nunca olvidaré tampoco la primera vez que te llevé a la piscina de casa. Eras tan pequeño que prácticamente cabías completo entre mis brazos. Me senté contigo y te hablé sobre la vida. Te hablé sobre lo grande que ibas a ser. Sobre cuánto te amábamos mamá y yo. Sobre todas las cosas hermosas que esperaba para ti.
Y mírate hoy.
Te convertiste exactamente en ese niño que soñé… y todavía mejor.
Siempre has sido especial, Fabrizio. Desde pequeño tu mente funcionaba diferente. Tu obsesión con el abecedario, aprenderlo en distintos idiomas, tu curiosidad infinita, tu inteligencia, tu manera de observar el mundo… Tú nunca fuiste un niño común. Y lo más impresionante es que, además de brillante, siempre has sido noble. Amoroso. Sensible. Bueno.
Eso vale más que cualquier premio.
Te apasiona el arte, la arquitectura, el ajedrez, los cómics, Star Wars, las películas… y muchas veces siento que estoy viendo una versión mía, pero mejorada en todos los sentidos. Más inteligente. Más sensible. Más especial.
Aunque debo admitir que todavía me río cuando recuerdo aquella época en la que decidiste que Fabiola no debía existir y prácticamente querías borrarla del planeta Tierra. Honestamente, entre eso y tu obsesión con visitar cementerios, hubo momentos donde pensé: “este muchacho definitivamente salió interesante.” Pero hasta eso hoy me da ternura, porque siempre has vivido tus emociones intensamente. Siempre has sentido el mundo de una forma distinta.
Y ahora verte crecer… verte enamorarte… verte convertirte en un caballero con Sofía… ha sido una de las experiencias más hermosas que he vivido como padre. Porque detrás de tus logros, detrás de tus notas, detrás de tus talentos, lo que más orgullo me da es el hombre en el que te estás convirtiendo.
Un hombre bueno.
Y eso, hijo mío, es lo más difícil de encontrar en este mundo.
Quiero que nunca olvides algo: tú no tienes idea de cuánto te amo.
No tienes idea de cuánto orgullo siento cuando digo que soy tu papá.
No tienes idea de cuántas veces te miro en silencio y pienso: “wow… qué privilegio tan grande me dio la vida.”
Porque sí, hoy celebramos tus logros académicos.
Pero yo hoy celebro mucho más que eso.
Celebro tu corazón.
Celebro tu mente.
Celebro tu sensibilidad.
Celebro tu manera de amar.
Celebro cada conversación contigo.
Celebro cada película que vemos juntos.
Celebro cada momento donde puedo simplemente ser tu papá.
Y hoy, cuando te llamen allá al frente y recibas tus premios y tus honores, quiero que busques a papá entre la gente.
Porque ahí voy a estar.
Como he estado desde el primer segundo que llegaste al mundo.
A tu lado.
Siempre.
Te amo más de lo que las palabras pueden explicar.
— Papá