25/02/2026
MÉXICO PONE LOS MU***OS, EE.UU. LOS CONSUMIDORES: EL SISTEMA TRAS LA CAÍDA DE ‘EL MENCHO’
La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, fue presentada como un golpe histórico contra el narcotráfico. El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, uno de los grupos criminales más poderosos de América Latina, dejó de existir. El titular es potente. La imagen es contundente. El mensaje oficial es claro: una victoria.
Pero la pregunta de fondo no aparece en los comunicados: ¿Cae un hombre o cae el sistema que lo sostuvo?
Durante décadas, la estrategia contra el narcotráfico ha girado en torno a la eliminación de figuras visibles. Se captura o se abate a un capo y se declara éxito. Sin embargo, la experiencia demuestra que estas organizaciones no desaparecen: se fragmentan, se reacomodan, se rearman. El negocio continúa.
El CJNG no nació de la nada. Creció en un contexto de desigualdad profunda, economías locales debilitadas, corrupción institucional y un mercado internacional dispuesto a pagar miles de millones por dr**as sintéticas y co***na.
Y ahí aparece el punto que rara vez se subraya con suficiente claridad: el principal mercado de consumo no está en México.
Estados Unidos enfrenta una crisis de opioides sin precedentes. El fentanilo —que ha devastado comunidades enteras en el norte— alimenta una demanda constante. Sin esa demanda masiva, el negocio no tendría la dimensión que hoy tiene. Sin ese flujo de dinero, ningún cartel alcanzaría el poder financiero y militar que alcanzó el CJNG.
La guerra contra las dr**as fue impulsada desde Washington hace más de cuarenta años. Se promovió la militarización, la cooperación en inteligencia, la persecución frontal. El resultado es discutible: México ha acumulado violencia, desplazamientos y territorios disputados. Estados Unidos sigue registrando cifras alarmantes de consumo y sobredosis.
México pone mu**tos. Estados Unidos pone consumidores. El equilibrio es, cuando menos, desigual.
A esto se suma otro elemento incómodo: el flujo de armas. Una parte significativa del armamento utilizado por organizaciones criminales proviene del mercado estadounidense. La facilidad de acceso a rifles de alto poder al otro lado de la frontera ha sido señalada reiteradamente por autoridades mexicanas. Es un factor que rara vez ocupa el centro del debate en Washington.
Entonces, cuando se celebra la caída de un capo, conviene mirar el cuadro completo.
El narcotráfico no es solo un fenómeno criminal. Es un negocio transnacional que conecta productores, rutas de tráfico, redes financieras y consumidores finales. Opera en ambos lados de la frontera. Se alimenta de desigualdad, pero también de demanda sostenida y sistemas financieros que permiten mover enormes sumas de dinero.
Reducirlo a la figura de “El Mencho” simplifica una realidad mucho más compleja.
La muerte de un líder puede generar un reacomodo interno, incluso disputas violentas. Pero no transforma las condiciones estructurales que permitieron su ascenso. Mientras el enfoque siga centrado en la lógica militar y no en una revisión integral del mercado, la corrupción, el control de armas y las oportunidades económicas, el ciclo continuará.
Un nombre desaparece. La estructura permanece. Y la narrativa oficial vuelve a celebrar un capítulo como si fuera el final de la historia. No lo es.
La verdadera pregunta no es cuántos capos pueden caer. La verdadera pregunta es cuándo se empezará a cuestionar seriamente el sistema que los produce.