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ALFREDO SIMEÓN RODRÍGUEZ GARCÍA(1884 -1934)Por: Juan C. de la Cruz y Bárbaro A. Marrero (3 de agosto 2025)A. S. Rodrígue...
04/08/2025

ALFREDO SIMEÓN RODRÍGUEZ GARCÍA
(1884 -1934)

Por: Juan C. de la Cruz y Bárbaro A. Marrero (3 de agosto 2025)

A. S. Rodríguez fue un gran evangélico.

Elocuente orador, periodista de talento, consagrado pastor evangélico, y sobre todo, un prolífico escritor que dio a la publicidad, entre traducciones del inglés y libros escritos por él, alrededor de dos docenas de obras religiosas. (Pereira Alves, p. 100)

EFEMÉRIDES Y NIÑEZ

Nació en Jovellanos, provincia de Matanzas, el 24 de marzo de 1884 (Pérez Martínez, p. 13). Pero, a los dos años, su padre, un fervoroso patriota, siendo perseguido por las autoridades españolas, emigró a Cayo Hueso, en la Florida, Estados Unidos de América, llevándose luego la familia completa a Norteamérica. (Pereira Alves, p. 100)

El señor Juan R. Rodríguez, padre de nuestro biografiado, se hallaba entonces en buena posición económica, y aun cuando las persecuciones políticas de que había sido objeto y la salida precipitada de Cuba, le habían causado grandes pérdidas, con todo eso, llegó a Cayo Hueso con dinero suficiente para seguir viviendo allí en condiciones desahogadas.

El pequeño Alfredo, tan pronto alcanzó la edad escolar; fue enviado a uno de los colegios particulares de Cayo Hueso. (Ibid.).

Aprovechaba bien la enseñanza que le daban en el colegio, distinguiéndose, desde temprana edad, como niño inteligente. Su lengua académica fue, por tanto, el inglés.

No obstante, nunca perdió el español (hablado en el hogar), y menos a Cuba, la patria oprimida. (Ibid., p. 100)

Alfredo Rodríguez era el hermano menor de la Sra. Calejo. Estuvo bajo la influencia del Rev. M. M. Calejo, su cuñado; quien cual cristiano devoto solía influenciar a otros hacia el ministerio. (McCall, p. 38)

Todo lo dicho nos da fe de por qué Alfredo sintió tempranamente amor a la tierra de sus mayores, que gemía bajo el cruel despotismo español.

Desde muy corta edad, trabajó por la Independencia de Cuba, tanto es así que, fue miembro del “Club de Emigrados Revolucionarios”, con derecho a usar la medalla patriótica de dicho “Club”, y hasta poseía un diploma firmado por uno de los generales cubanos, Mario G. Menocal.

Al terminar la Guerra de Independencia cubana, nuestro biografiado regresó a Cuba, su patria amada, yendo primeramente a Santiago de las Vegas, como intérprete de los jefes cubanos y norteamericanos.

Pasó luego a Jovellanos, donde se hallaba un hermano suyo, sirviendo allí como intérprete del Inspector de correos de la provincia de Matanzas.

CONVERSIÓN A CRISTO Y MISIÓN

Más tarde pasó a Manzanillo, Oriente, y allí oyendo la predicación del Evangelio, se convirtió a Cristo, bautizándose y haciéndose miembro de la Iglesia Bautista, que poco hacía que se había organizado en aquella población oriental.

Tan pronto se convirtió al Evangelio, se sintió llamado para la obra cristiana; ansiando llevar muchos pecadores a los pies de Cristo.

Comenzó entonces a estudiar la Biblia y otros libros evangélicos, con gran entusiasmo. Recibió la licencia de predicador por la iglesia Bautista de Guanabacoa, el día 24 de noviembre de 1904.

Siguió predicando el Evangelio y estudiando, siendo ordenado ministro evangélico, después de los debidos exámenes llevados a cabo por un Concilio de pastores bautistas, organizado en la ciudad de Santa Clara el 31 de marzo de 1907.

Trabajó como pastor en distintas iglesias de la “Convención Bautista”, realizando en todas ellas una hermosa labor en pro de la salvación de los pecadores.

Así, Rodríguez fue un elocuente orador, por lo que muchas veces era invitado para celebrar cultos especiales en las iglesias pastoreadas por otros ministros, levantando -con su palabra fogosa y llena de espiritualidad- el ánimo de las congregaciones. (Pereira Alves, p. 101)

Nunca fue al Seminario, sino que fue educado teológicamente por el Rev. Miguel M. Callejo. Ya a los 20 años Alfredo era un orador y predicador.

UN EJEMPLO DE CASO

Alfredo pastoreó, por ejemplo, la Iglesia Bautista Emmanuel. Y aunque por corto tiempo, realizó un buen trabajo; y si bien hubo poco fruto, sí fue un tiempo de siembra. Por ejemplo, el 20 de marzo de 1910 se organizó un Comité Misionero encargado de repartir tratados, exhortar a los miembros tibios y realizar otras labores similares.

El propio pastor exhortaba a la Iglesia sobre las recaudaciones del año 1910, que habían sido muy pobres en comparación al año anterior. Un caso que nos evidencia esta situación económica es el que consta en Acta del 23 de septiembre de 1910: ‘El pastor mandó a confeccionar 500 tarjetas de invitación valoradas en $2.50’; y por carecer la iglesia de fondos, hubo que realizar una colecta entre los hermanos para sufragar dicho importe. El Rev. Rodríguez presentó su renuncia en Emmanuel el día 11 de enero de 1911. La razón fue su designación por parte de la Junta Nacional Bautista para que pastorease la Iglesia de San Juan y Martínez. La iglesia Emmanuel mostró su pesar por esta decisión, pero la aceptó como dirigido por el Señor. (Pérez Martínez, pp. 13, 14)

Alfredo Rodríguez fue uno de los predicadores que más trabajó -en sus días- en las cuatro provincias occidentales de Cuba. (Pereira Alves, p. 102)

M. M. McCall escribió sobre él:

“Cuando conocí a Alfredo, él trabajaba en la Habana para la Y. M. C. A. y su cuñado era empleado de la Home Mission Board de la Convención Bautista del Sur de los Estados Unidos, a quien en esos días enviarían a Cienfuegos a las labores misionales”. Alfredo fue un lector voraz y cargaba en sí los brotes de escritor. Al pasar los años, se convirtió en el más profuso escritor cristiano de Cuba, y quizá contribuyó con su literatura más que cualquier escritor hispano de su época. (McCall, p. 38)

EL PERIODISTA Y ESCRITOR

Como periodista, estaba escribiendo constantemente para la prensa evangélica de habla española.

Dirigió por algunos años la revista “Sión”, de la Habana; fue colaborador de “El Atalaya Bautista”, de El Paso, Texas, Estados Unidos de América, hasta que dicho semanario dejó de publicarse.

También colaboraba con el Dr. J. E. Davis en “El Expositor Bíblico”, revista dedicada a las actividades de las Escuelas Dominicales de los países de habla española.

Además de esas revistas, escribía para muchas otras publicaciones cristianas.

Pero, como decíamos antes, donde el hermano A. S. Rodríguez, desplegó más energías, fue en el campo de la literatura. (Pereira Alves, p. 102)

SUS LABORES LITERARIAS

A continuación, mostramos un listado de los libros escritos y traducidos por Alfredo S. Rodríguez:

OBRA DE A. S. RODRÍGUEZ

“Mensaje del Agua”. Casa Bautista de Publicaciones de El Paso, Tex. E.U.A.

“Nuestro Credo Sobre el Bautismo” (2a. Ed.). Casa Bautista de Publicaciones de El Paso, Tex. E.U.A.

“La Muerte de Cristo”. Casa Bautista de Publicaciones de El Paso, Tex. E.U.A.

“Efigies Bautistas”. El Paso, Tex.: Casa Bautista de Publicaciones, 1929. (De 379 páginas).

“Elegías Bautistas”. El Paso, Tex.: Casa Bautista de Publicaciones, 1929.

“Preeminencia de Cristo”. El Paso, Tex.: Casa Bautista de Publicaciones, 1929.

“Heroínas de Nuestra Fe”. El Paso, Tex.: Casa Bautista de Publicaciones, 1929. (De 221 páginas)

La obra Bautista en Cuba. Habana: Imprenta Bautista, 1930. (De 172 págs.)

“Juan Bunyan”. El Paso, Tex.: Casa Bautista de Publicaciones, 1929. (De 379 págs.)

“Biografía de Spurgeon”. El Paso, Tex.: Casa Bautista de Publicaciones, 1934. (De 318 págs.)

“Nida”. El Paso, Tex.: Casa Bautista de Publicaciones, 1929.

“Regocijaos Siempre”. Casa Bautista de Publicaciones de Buenos Aires, R.A.

“Vida Cristiana”. Casa Bautista de Publicaciones de Buenos Aires, R.A.

Himnos Famosos. El Paso, Tex.: Casa Bautista de Publicaciones, 1958. (De 200 págs.)

Cristo: ¿Martir o Vicario? El Paso, Tex.: Casa Bautista de Publicaciones, 1962. (De 168 páginas)

TRADUCCIONES DE A. S. RODRÍGUEZ

“Cómo Estudiar la Biblia”. Sociedad Americana de Tratados de New York.

“Principios de Interpretación Bíblica”. Id.

“El Manual Normal”. “Luz y Verdad”, Cárdenas.

“El Nuevo Manual Normal”. Casa Bautista de Publicaciones de El Paso, Tex. E.U.A.

“El Otro Consolador”. Id.

“Historia del Antiguo Testamento”. Id.

“Las Siete Leyes de la Enseñanza” (2a. Ed.) Id.

“Análisis general de los libros de la Biblia”. Casa Bautista de Publicaciones de Philadelphia, Pen., E.U.A.

“Nuestra Obra de la Escuela Dominical, y cómo hacerla”. Id.

“Historia del Nuevo Testamento”. Imprenta Bautista, Habana, Cuba.

Tales libros, frutos de la pluma del hermano A. S. Rodríguez, son obras de gran mérito literario.

Nuestro hermano Rodríguez, era un escritor de brillante expresión y fondo profundo y sugestivo.

Probablemente llegó a ser el autor evangélico más popular en los países que hablan el idioma español. Por lo menos, hemos visto sus libros anunciados en casi todos los catálogos de las librerías protestantes.

Creemos que además de haber sido él muy popular entre los evangélicos de habla española, era también conocido en otros países de idiomas distintos al nuestro.

No sabemos si algunos de los libros del hermano A. S. Rodríguez están traducidos o no a otros idiomas, pero sí hemos leído referencias de ellos en obras inglesas y revistas portuguesas.

La “Enciclopedia de Autores Bautistas”, publicada hace algunos años en Canadá, contiene unas notas biográficas sobre el señor A. S. Rodríguez, y referencia a sus obras.

También el "Catálogo de Autores Americanos," del Congreso de Washington, cita al hermano A. S. Rodríguez, como autor de obras cristianas, etc. (Pereira Alves, p. 103)

Hemos leído también algunas referencias sobre el hermano A. S. Rodríguez en revistas brasileñas.

No nos sería posible hacer un análisis, aun cuando fuera breve y conciso, de todas las obras escritas y traducidas por tan prolífico autor cubano. Ni tampoco hemos tenido el privilegio de leerlas. ¡Son tantas!

Pasamos a mencionar solamente las que hemos leído, sin profundizar en nuestro análisis.

“Mensaje del Agua”, obra ésta que trata del bautismo, está muy bien escrita; repleta de citas de autores que se han ocupado de tal materia.

Es un libro que discute y desarrolla el tema del bautismo, de manera muy detallada y clara.

"Regocijaos Siempre", es otro libro que hemos leído, el cual nos agradó mucho su lectura.

Es esa una obra que busca inspirar optimismo al que la lea. Ayuda al pueblo cristiano a tener fe y valor para hacer frente a los contratiempos y dificultades de la vida. Ese libro es muy apropiado para ser leído por el pueblo creyente en general, ya sea protestante o católico.

También hemos leído, “La Obra Bautista de Cuba Occidental”, libro éste de carácter histórico, lleno de datos y biografías de las Iglesias Bautistas y los pastores de dicha denominación, que trabajaban en la parte occidental de nuestra isla.

Otro libro que también hemos leído, del hermano A. S. Rodríguez, es “Juan Bunyan”. Se trata de una biografía muy sugestiva e interesante del gran escritor inglés, autor de “Pilgrim's Progress”.

Todos esos libros que hemos leído están escritos en un hermoso estilo y saturados del suave perfume de la espiritualidad que adorna el carácter cristiano del autor.

Los libros del señor Alfredo S. Rodríguez tienen como misión especial inculcar ideas cristianas en los que los leen. (Pereira Alves, p. 104)

Así es que nuestro hermano, Alfredo Rodríguez, no sólo realizaba una gran labor cristiana, como predicador evangélico, de elocuente y fácil palabra; sino que más lo hacía por medio de su pluma cristiana e instructiva.

Con el libro, nos parece que realizaba él más y mejor obra que como predicador.

Ya el Señor lo llamó a su presencia, a recibir el galardón de la obra que él realizó entre nosotros, falleciendo el día 14 de enero de 1934, en Sancti Spiritus.

Ya no le oiremos más, es cierto, pero quedan sus libros repletos de enseñanzas espirituales, iluminando conciencias y propagando el Evangelio.

Verdaderamente, el hermano Alfredo S. Rodríguez, fue un prominente evangélico; no digamos de Cuba solamente, sino de todos los países de habla española. (Pereira Alves, p. 105)

CONCLUSIÓN

Como habrás podido apreciar en este breve tratado estimado lector, los trabajos y contribuciones de A. S. Rodríguez son de tal valía que simplemente no deben ser echadas al s**o del olvido. Fue un servidor de Cristo incansable que mucho aportó en sus días a la formación de los evangélicos de habla hispana, especialmente sus muchas obras literarias sacras, aparte de sus incansables labores ministeriales con las cuales sirvió al pueblo de Dios en su generación.

Agradecidos hemos de estar a nuestro buen Dios por haber dotado y llamado al hermano A. S. Rodríguez, habiéndole dado sabiduría y un amplio y exaltado ministerio de la Palabra.

*************************
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

Elpidio Pérez Martínez. Historia de la Iglesia Bautista “Emmanuel” Cruces. Cuba. 2da. Ed. © 2006.

M. M. McCall. A Baptist Generation in Cuba. Home Mission Board. © 1942. Printed in Atlanta, GA.

A. Pereira Alves. Prominentes Evangélicos de Cuba, Tomo I. © 1936. CBP.

30/07/2025

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30/07/2025

¿ES VERDAD QUE "EL TIEMPO" SE CURVA?

Por: Juan C. de la Cruz

Señores, el tiempo no es diferente en un punto (A) y otro punto (B) -en un momento dado- por efecto de la "curvatura" del "plano espacio / tiempo"; eso es un completo sinsentido.

El tiempo difiere entre dos puntos A y B a distancias considerables por razón -y única razón- de que el tiempo es una variable del movimiento de un cuerpo con respecto a otro de referencia, por ejemplo: Sol y Tierra; o Júpiter y Sol; etc. Y esa variable temporal lo es en función de un movimiento circular y/o relacionado: de ahí las razones de minutos y segundos. Solo bastará aquí recordar que con respecto al sol, el año de marte o de Júpiter son diferentes en prolongación a su vez. El año marciano dura 687 días terrestres. ¿Por qué? Porque está más distante al sol que la tierra; y en tanto que el radio sol -marte es más largo, y la velocidad de Marte es distinta a la velocidad de la tierra, entonces el año marciano difiere a razón de 1.882 el año terrestre.

Por lo que es una completa locura considerar una supuesta curvatura o doblez de un concepto de mera referencia como el tiempo -como especuló Einstein, y por lo cual es considerado el hombre más inteligente de la historia-. Una no cosa no se curva. El tiempo no es una cosa, solo un concepto de referencia.

De hecho el mismo espacio es conceptual en sí mismo. A diferencia de que el espacio se puede concretar con un objeto limítrofe referido. En caso contrario, el espacio es mera abstracción imaginaria. O sea, yo puedo definir un espacio dado sí y solo sí lo delimito abstracta o concretamente. Por ejemplo, yo tengo el espacio que ocupa, digamos, la luna sólo en virtud de tener la luna. Uno podría hacer lo mismo en un modelo maquetado o dibujado y hasta abstraído en el pensamiento (más complicado esto). Sino, no existe el espacio tal cual.

Y si alguien determinase modelar el espacio vs el tiempo en un plano "un concepto ridículo en sí mismo", incurriría en un absurdo práctico, aunque no gráfico ni necesariamente matemático. Claro, intentar modelar el plano X, Y, Z intentando con el tiempo (T), simulando un supuesto 4 D (x, y, z, t) solo es posible en la especulación humana; pero nunca en la lógica matemática (la que también tiene una amplia dosis especulativa en sí), y mucho menos en la práctica. De tal modo que una idea de un plano tetradimensional es una burla a la lógica matemática per se. Y atribuirle rigidez o flexibilidad (para acuñar el concepto de curvatura) a un mero concepto o a una variable de referencia como el tiempo -como maquilló Einstein- es burlarse de la razón.

Así que el tiempo no es una cosa, por lo cual no se curva. Es un concepto (o variable) del movimiento de un cuerpo dado respecto a otro (de referencia). Y en tal sentido, el tiempo es una relación cósmica en sí misma; una variable conceptual de referencia. Por lo tanto, es imposible pensar en algo como “la curvatura del tiempo”. Lo mismo ha de aplicarse al espacio por definición.

Así, la imposibilidad de un concepto como el de “la teoría de la relatividad especial” no es ni matemática ni terminológica (por el carácter de las matemáticas per se); sino un imposible lógico y práctico. Y cualquier resolución aquí no debe ser hecha matemáticamente, sino por criterios conceptuales, lógicos y necesariamente experimentales. Por eso, tal “teoría de la relatividad especial” será eternamente un mero concepto teórico o “una mera teoría”. Y una ridiculez de tal magnitud “curvatura de una no cosa o entidad” sólo puede ser recibido con aplausos por la plebe, sí y solo sí sale de la pluma de un “judío” (igual que pasó c9n “el marxismo” y el “freudismo”, etc.).

Si las payasadas de Einstein (en ambas teorías, la general y la especial) hubieses provenido de cualquier pensar no judío, a su mera publicación le habrían abusheado, tengalo por cierto.

¡Qué penoso desperdiciar cerebro, tinta y papel en semejantes propuestas! ¡Y qué dolor observar el morbo de los teóricos, físicos teóricos, cosmólogos, etc., alimentando con tantas estupideces al populacho incauto!

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