05/28/2026
Ayer fui nuevamente a verlo por mi misma porque los titulares no son suficientes para mi. Nuevamente fui testigo del cariño que la gente de a pie tiene por Xavier Becerra.
A las 9:30 de la mañana estuve en el San Francisco Union Hall, donde llegó Xavier Becerra. Esta vez no lo leí, lo vi.
Había cámaras de NBC, ABC y KTVU, bomberos, trabajadores, líderes sindicales… y algo que no se puede fingir: apoyo genuino.
Tomaron el micrófono representantes del sindicato, personal de primera respuesta, voces de la comunidad, quienes hablaron de trabajo, seguridad, vivienda y dignidad. No eran discursos vacíos. Eran historias reales de gente que sostiene esta ciudad todos los días.
Y cuando Becerra habló, la sala no aplaudió por compromiso: respondió.
Después lo seguí hasta Chinatown, donde caminó por Stockton y Kearny, saludó a comerciantes, entró a negocios, escuchó a familias, probó comida local y visitó la fábrica de galletas de la fortuna.
Ahí también lo vi: la gente lo reconocía, lo saludaba, le sonreía, le hablaba. No había filtros. No había montaje. Había comunidad.
En cada esquina, en cada tienda, en cada saludo, se repetía lo mismo:
La gente quiere ser escuchada, y él estaba ahí para hacerlo.
Vi apoyo real, espontáneo, humano.
Y eso, en tiempos como estos, vale más que cualquier encuesta.
No me equivoqué en dar mi voto al tío Xavi. Estoy segura.