01/03/2026
Pensamientos de un satanista en un mundo no real
La lucidez como condena
Pensar se volvió peligroso cuando dejé de buscar respuestas.
En el mundo no real, pensar no es un acto pasivo: es una invocación. Cada idea que aceptas toma forma, cada duda se convierte en arquitectura invisible. Por eso aprendí a desconfiar incluso de mis propias conclusiones. Especialmente de ellas.
El satanismo, entendido aquí, no es rebeldía ni negación. Es lucidez sostenida. Y la lucidez cansa. No hay éxtasis en ver con claridad durante demasiado tiempo; solo desgaste. La verdad no ilumina: expone. Te deja sin sombras donde esconderte.
Pensé que pensar me haría libre. Fue una ingenuidad casi religiosa.
En este mundo, las ideas no se limitan a habitar la mente. Caminan contigo. Se sientan a tu lado cuando duermes. Te observan cuando decides no decidir. Hay pensamientos que no buscan ser comprendidos, sino aceptados, como parásitos elegantes que se presentan como verdades personales.
Aprendí a reconocerlos por su tono:
no gritan,
no ordenan,
no prometen salvación.
Solo dicen: “Esto es así”.
Y eso es lo más peligroso.
La lucidez me enseñó que no hay narrativas finales. Solo versiones que sobreviven más tiempo que otras. Incluso el satanismo, despojado de símbolos y provocaciones, no es una doctrina sino una postura mental: asumir que nadie va a venir a corregir el error por ti.
No hay juicio final. Hay coherencia… o la falta de ella.
A veces extraño la fe. No por su verdad, sino por su anestesia. Creer sin pensar es un descanso que ya no puedo permitirme. En el mundo no real, la ignorancia no protege: se delata.
He intentado callar la mente. Meditar. Dormir más. Distraerme. Pero el pensamiento vuelve, siempre más preciso, como si supiera que ya no puede ser expulsado.
—Pensar es tu ritual ahora —me dijo una vez una voz que no identifiqué—. Y todo ritual cobra su precio.
Ese precio es la soledad conceptual. Nadie puede acompañarte del todo cuando has visto cómo se construyen las ideas desde dentro. Las conversaciones se vuelven superficiales no por arrogancia, sino por incompatibilidad. No todos quieren mirar detrás del telón. Y no todos deberían.
Hoy pienso menos. Pero cuando lo hago, pienso con cuidado.
Porque en este mundo no real, cada pensamiento honesto es un acto de herejía silenciosa.
Y cada herejía, una forma lenta de condena.
No al in****no; a la claridad.
Desconozco el autor.
Bendiciones infernales!!!
FIAT LUX!!!
👹