06/14/2026
𝐒𝐈𝐍 𝐂𝐑𝐈𝐒𝐓𝐎, 𝐍𝐀𝐃𝐀
Vivimos en una generación obsesionada con el éxito. Muchos presumen de sus títulos, de sus logros, de sus negocios, de sus propiedades, de sus seguidores, de su fama y de todo lo que han logrado alcanzar.
Pero vale la pena hacerse una pregunta:
¿𝐃𝐞 𝐪𝐮𝐞́ 𝐬𝐢𝐫𝐯𝐞 𝐠𝐚𝐧𝐚𝐫 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐨 𝐬𝐢 𝐚𝐥 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥 𝐬𝐞 𝐩𝐢𝐞𝐫𝐝𝐞 𝐥𝐨 𝐦𝐚́𝐬 𝐢𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞❓
Jesús dijo:
“Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”
Mateo 16:26
Muchos han aprendido a triunfar delante de los hombres, pero han fracasado delante de Dios.
Presumen de riqueza, pero no tienen paz.
Presumen de éxito, pero viven vacíos.
Presumen de fama, pero están lejos del Señor.
Y lo más triste es que, mientras construyen imperios, descuidan lo que más valor tiene: su familia.
Detrás de muchos aplausos hay matrimonios quebrantados.
Detrás de muchas sonrisas hay hogares destruidos.
Detrás de muchos logros hay hijos sin dirección y sin temor de Dios.
La mayor tragedia no es fracasar en los negocios.
La mayor tragedia es fracasar como esposo, como esposa, como padre o como madre.
𝐉𝐞𝐬𝐮́𝐬 𝐝𝐞𝐜𝐥𝐚𝐫𝐨́:
“Separados de mí nada podéis hacer.”
Juan 15:5
Todo lo que el hombre posee es temporal.
Las casas se quedan.
Los carros se quedan.
Las cuentas bancarias se quedan.
Los títulos se quedan.
La fama se queda.
Pero el alma seguirá viviendo por la eternidad.
Muchos tienen éxito delante de los hombres. Son admirados, reconocidos y aplaudidos por la sociedad. Sin embargo, mientras reciben ovaciones del mundo, su hogar se está derrumbando.
Han ganado dinero, prestigio y reconocimiento, pero han perdido a sus hijos, han descuidado a su esposa y han abandonado los principios de Dios.
Delante de los hombres parecen triunfadores, pero delante de su familia son un fracaso.
Y lo más grave es que, delante de Dios, muchos se encuentran exactamente en la condición de Laodicea:
“Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo.”
Apocalipsis 3:17
El verdadero éxito no consiste en cuánto dinero tienes, sino en cuánto de Cristo hay en tu vida.
El verdadero éxito es caminar con Dios, conservar tu familia, dejar un legado de fe a tus hijos y llegar al final de la carrera agradando al Señor.
Porque sin Cristo, el rico es pobre.
Sin Cristo, el famoso está perdido.
Sin Cristo, el sabio es ignorante.
Y sin Cristo, el hombre puede tenerlo todo… pero en realidad no tiene nada.
Por Pastor Marcelino Gutiérrez
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