06/10/2026
El lobo de crin parece una mezcla entre un zorro, un lobo y un ciervo, pero cuando llega el momento de tener crías, se convierte en uno de los padres más dedicados de Sudamérica.
Todo comienza en los extensos pastizales donde vive. La hembra busca cuidadosamente un refugio oculto entre la vegetación más densa. Puede elegir una zanja seca, una grieta entre rocas o una pequeña cueva natural. Pero no cualquier lugar sirve. Debe estar cerca de una fuente de agua para poder beber rápidamente y regresar al nido sin dejar solos a sus cachorros por mucho tiempo. Al mismo tiempo, el refugio debe encontrarse en una zona elevada para evitar inundaciones durante las lluvias.
Entre junio y septiembre, la hembra da a luz una camada de entre uno y cinco cachorros. Al nacer, los pequeños son completamente negros, pesan apenas unos 450 gramos y aún no muestran las enormes patas que harán famoso a este animal.
Durante las primeras cuatro semanas, las crías se alimentan exclusivamente de leche materna. En este período la madre rara vez abandona el refugio y depende casi por completo del macho, que se encarga de buscar alimento para ella.
Pero cuando los cachorros cumplen aproximadamente un mes, todo cambia. Los padres comienzan a traer comida regurgitada. Tragan insectos, pequeños animales y frutos silvestres, para luego devolverlos semidigeridos en el nido, facilitando que los pequeños puedan digerirlos.