11/15/2023
//«La mística no tiene apologética, la experiencia no se puede atacar ni defender».
[Mario Sabán]
¿Se puede atacar o defender el llamado de Dios para con Abraham? El texto de la Torá dice que Abraham escuchó la voz de Dios.
¿Quién puede defender o atacar esta experiencia?
Nadie. Porque nadie es Abraham.
¿Se puede atacar o defender la visión del profeta Ezequiel? El texto de la Torá dice que Ezequiel vio el Trono de Dios y una apariencia humana dentro del Carro de Fuego.
¿Quién puede defender o atacar esta experiencia?
Toda revelación es experiencia. No se puede argumentar la defensa ni se puede contraargumentar. Todos los argumentos se invalidan frente a la experiencia interior.
Es por ese motivo que los intelectuales, en general, temen expresar las experiencias.
Cada alma es diferente y, por tanto, cada alma experimenta una voz interior diferente.
A veces la racionalidad científica puede decir que una persona ha enloquecido porque escucha voces en su interior.
¿Quién puede medir la locura? Si los seres humanos somos diagnosticados por escuchar voces, creo que nadie podría escapar del manicomio.
¿Todos los personajes bíblicos estaban enloquecidos cuando escucharon la voz divina?
Cuando una persona siente que salió del cuerpo y volvió a entrar, y esto lo expresa como «experiencia», ¿qué se puede pensar?
Nada, solo se tienen que aceptar las experiencias.
El problema es que en el mundo de la fragmentación existen infinitas experiencias y, por lo tanto, nos es difícil clasificarlas desde el entendimiento (Biná).
La experiencia del alma es única. No podemos juzgar las experiencias de los demás, solo debemos aceptar lo que cada alma siente y expresa. Si nos erigimos en jueces de los demás, estaremos ignorando la esencia de la revelación.
Cada alma se revela a su modo y nosotros no somos nadie para criticar o juzgar las experiencias interiores, porque justamente son eso: son «interiores».
Dejemos de juzgarnos los unos a los otros y tengamos una gran apertura mental a la infinita cantidad de experiencias interiores de cada una de nuestras almas.
Dios elige muchos modos diferentes para revelarse, que no siempre entran en el paradigma cultural en el que vivimos.
¡Que cada alma tenga el privilegio de escuchar lo que el universo nos manifiesta, así como hizo Abraham!
©Mario Sabán