11/05/2026
Hubo un momento a principios de este año que cambió completamente mi manera de ver la vida.
Un día desperté y pensé:
“Si algo me pasa hoy… no tengo nada.”
Ni un fondo de emergencia.
Ni protección.
Ni un verdadero plan para el futuro.
Poco tiempo después, en mi iglesia, un hermano falleció inesperadamente.
Un hombre que trabajó duro en este país para su familia.
Fiel servidor de Dios.
Un hombre de fe.
Y aun así, su familia quedó sin nada y sin esa entrada de dinero que el enviaba a su gente en su país.
Recuerdo ver cómo comenzaron a pedir cooperación para ayudar económicamente para los gastos funerales y sentí una profunda impotencia.
Porque entendí algo que me marcó para siempre: muchas personas están dejando un legado espiritual…
pero no un legado financiero.
Y cuando parten, lo que dejan atrás muchas veces no solo el dolor emocional de la
pérdida si no también deudas, escasez, desorden y carga para quienes aman.
Entonces le pregunté a Dios:
“¿Por qué he visto esto tantas veces?”
Y comprendí algo importante:
La abundancia, la sabiduría y la buena administración también vienen de Dios.
Después de mi formación en liderazgo y crecimiento personal con Maxwell Leadership, tomé la decisión de obtener mi licencia en seguros.
Para poder ayudar a familias a construir protección, orden y herencia para sus generaciones.
Hoy entiendo que hablar de seguros no es hablar de muerte.
Es hablar de amor.
De responsabilidad.
De visión.
De legado.
Porque la fe también se refleja en cómo administramos lo que Dios pone en nuestras manos.
Y creo firmemente que es tiempo de que nuestras familias no solo hereden valores espirituales…
sino también paz, sabiduría y un legado financiero. 🤍
“Porque la sabiduría protege tanto como el dinero, pero la ventaja del conocimiento es esta: la sabiduría da vida a quienes la poseen.”
— Eclesiastés 7:12 (NVI)