05/19/2026
Habita el mismo espacio geográfico que millones de seres con los que solo comparte la especie, pero a veces se siente orbitando en una galaxia completamente distinta. En su mundo, el motor que la mantiene en pie no entiende de lógicas; es un amor tan profundo, un lazo cosido hasta los huesos, que la vida misma se le queda corta para describir de lo que es capaz si la esencia de ese ser que ama sufriera el más mínimo daño, ya sea físico o mental. Por él, ella desafía la gravedad cada día.
A veces la realidad golpea con un frío seco. Hay días donde la cartera está vacía, la nevera no ofrece respuestas y el estrés se adueña del espacio, obligando al cerebro a deshabitar el cuerpo. Conoce de memoria el sabor amargo de la ansiedad, esa que llega sin invitación a comerse las fuerzas bocado a bocado, dejando los ataques de pánico como un postre inevitable al final de la jornada.
Cualquiera pensaría que el peso es suficiente para soltar las riendas. Pero para ella, vivir no es negociable.
Aun con el alma exhausta y los pies cansados, elige respirar. Elige batallar. Porque sabe que la vulnerabilidad no es debilidad, sino el suelo fértil donde se cultiva la verdadera resistencia. Se queda aquí, firme, plantándole cara a la tormenta, dispuesta a sostener su mundo al menos hasta que el universo decida otra cosa. Mientras tanto, ella sigue ganando la batalla.