09/05/2026
5 DE SEPTIEMBRE | DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER INDÍGENA
Desde el Concejo de Pueblos Originarios no queremos reducir este día a una felicitación.
No porque no exista motivo para reconocer a nuestras hermanas indígenas, sino porque su historia, su dignidad, su resistencia y su palabra merecen mucho más que una conmemoración de un solo día.
Hoy veremos instituciones y espacios públicos llenarse de colores, vestimentas, música, poesía, artesanías y discursos sobre las mujeres indígenas. Veremos reconocimientos, fotografías y ceremonias. Y mañana, muchas veces, esos mismos espacios volverán a cerrarse para ellas.
Porque una cosa es reconocer la riqueza cultural de nuestros pueblos y otra muy distinta utilizarla como folclor mientras se continúa excluyendo a quienes la mantienen viva.
No queremos que nuestras hermanas sean solamente invitadas a mostrar su vestimenta, cantar en su lengua, compartir su arte o representar simbólicamente a sus comunidades. Queremos que estén presentes también donde se toman las decisiones.
Que su palabra tenga valor sin necesidad de ser traducida a los intereses de los gobiernos.
Que su pensamiento sea respetado sin pretender corregirlo.
Que su participación no dependa de aceptar agendas construidas lejos de sus comunidades.
Que puedan decidir desde su propia identidad, experiencia, pensamiento y autonomía.
Durante generaciones, las mujeres indígenas han sostenido buena parte de la vida comunitaria. Han sembrado y cosechado; han cuidado a sus familias; han transmitido nuestras lenguas; han preservado conocimientos; han creado música, medicina, textiles, alimentos y memoria. Han sido autoridades, trabajadoras, migrantes, defensoras, artistas, comerciantes y constructoras de comunidad.
Y también han resistido.
Han resistido el racismo, el desplazamiento, la pobreza, la explotación y múltiples formas de violencia. Han tenido que reconstruirse una y otra vez frente a sistemas políticos, económicos y sociales que frecuentemente hablan sobre ellas, pero pocas veces están dispuestos a escucharlas en sus propios términos.
Por eso también debemos cuestionar las políticas que pretenden transformar nuestras comunidades desde escritorios lejanos.
Nuestros pueblos no son sociedades inmóviles ni se niegan al cambio. Por el contrario: hemos cambiado, aprendido y reconstruido nuestra convivencia durante generaciones. Pero existe una enorme diferencia entre evolucionar desde nuestras propias necesidades y aceptar modelos impuestos desde estructuras gubernamentales que muchas veces desconocen nuestra historia, nuestros sistemas comunitarios y nuestras formas de entender el mundo.
Nos preocupa especialmente la fragmentación constante de nuestras comunidades: dividir para clasificar, dividir para administrar, dividir para representar y, finalmente, dividir para controlar.
Esa balcanización comunitaria continúa penetrando nuestros pueblos mediante distintos mecanismos políticos, institucionales y sociales.
Frente a ello, la resistencia de las mujeres indígenas no siempre ocurre frente a un micrófono ni aparece en una fotografía institucional.
Está en la mujer que trabaja la tierra.
En quien prepara los alimentos y sostiene un hogar.
En quien migra y comienza nuevamente lejos de su comunidad.
En quien vende sus productos para sostener a su familia.
En la trabajadora, la artesana y la profesionista.
En la artista que mantiene viva la memoria.
En la autoridad comunitaria que asume responsabilidades.
En la joven que aprende su lengua y en la abuela que todavía puede enseñársela.
En nuestras hermanas.
En nuestras madres.
En nuestras hijas.
Por eso, este 5 de septiembre no queremos ofrecer solamente una felicitación.
Queremos reiterar nuestro compromiso por una participación permanente y digna de las mujeres indígenas, no como figuras decorativas de la diversidad, sino como personas con pensamiento propio, autonomía, autoridad, capacidad de decisión y derecho pleno a construir el presente y el futuro de nuestros pueblos.
Y después de la crítica, queremos terminar con aquello que también nos sostiene como pueblos: el cariño.
A nuestras hermanas indígenas que resisten desde las trincheras reales y cotidianas de la vida, reciban hoy nuestro abrazo fraterno.
Pero que ese abrazo no termine esta noche.
Que permanezca mañana, pasado mañana y todos los días.
Que sepamos cuidarnos, escucharnos, respetarnos y reconstruirnos juntos, porque nuestros principios comunitarios no necesitan convertirnos en adversarios entre géneros: nos convocan a buscar constantemente formas más dignas, justas y saludables de convivir.
A nuestras campesinas, amas de casa, trabajadoras, migrantes, artesanas, artistas, profesionistas, autoridades, defensoras, jóvenes, abuelas, hermanas, hijas y madres:
Con cariño, respeto, dignidad y profundo orgullo, que siga viviendo su palabra.
Que siga viviendo su resiliencia.
Y que siga viviendo la resistencia de las mujeres indígenas.
Concejo de Pueblos Originarios