04/21/2026
¿Por qué el LAGO ROSADO de LAKE HILLIER en Australia sigue desconcertando a los científicos?
En una isla remota frente a la costa de Australia, existe un lago que parece sacado de una edición de color más que de la realidad. Desde el aire, el contraste es casi imposible de ignorar: un cuerpo de agua intensamente rosado junto al azul profundo del océano. Ese lugar es Lake Hillier, y aunque hoy sabemos más sobre él que hace décadas, todavía hay detalles que no terminan de encajar del todo.
Lo primero que desconcierta es su color. No es un tono suave ni temporal, sino un rosa fuerte, casi sólido, que se mantiene estable durante todo el año. A diferencia de otros lagos salinos del mundo que cambian de color dependiendo de la temperatura o la luz, Lake Hillier conserva su tonalidad incluso cuando el agua se extrae en un recipiente. No es un efecto óptico ni un reflejo: el agua es realmente rosa.
Durante años, los científicos intentaron explicar este fenómeno sin llegar a una conclusión definitiva. Hoy, la teoría más aceptada apunta a una combinación de factores biológicos y químicos. En el lago viven microorganismos extremófilos, especialmente la microalga conocida como Dunaliella salina, capaz de producir grandes cantidades de betacaroteno, el mismo pigmento que da color a las zanahorias. A esto se suma la presencia de bacterias halófilas que prosperan en ambientes con altísima concentración de sal y que también generan pigmentos rojizos.
Sin embargo, aquí es donde el misterio no se resuelve del todo. Estos mismos organismos existen en otros lagos salinos del planeta, pero pocos alcanzan la intensidad y estabilidad cromática de Lake Hillier. La proporción exacta entre microorganismos, salinidad, temperatura y composición química parece ser única, y aún no se ha logrado replicar completamente en laboratorio.
Otro detalle que llama la atención es el entorno. El lago está rodeado por una estrecha franja de arena blanca y, más allá, un bosque denso que actúa como barrera natural. No tiene una entrada visible de agua dulce ni grandes corrientes que lo alimenten, lo que sugiere que su equilibrio interno es extremadamente delicado. Aun así, ese sistema lleva funcionando miles de años sin perder su característica principal.
Históricamente, el lago fue documentado por primera vez en 1802 por el explorador británico Matthew Flinders, quien al observarlo desde una elevación cercana quedó sorprendido por su color. Desde entonces, ha sido objeto de estudios, intentos de explotación salina y análisis científicos que, aunque han avanzado bastante, no han logrado eliminar completamente el enigma.
Hoy se sabe que el lago no representa un peligro para los humanos. De hecho, el agua es segura al contacto, aunque la altísima salinidad la hace poco agradable. Pero su verdadero valor no está en lo que ofrece, sino en lo que plantea: un ecosistema aparentemente simple que aún guarda variables difíciles de explicar con precisión.
Lake Hillier no es el único lago rosado del mundo, pero sí uno de los más consistentes y visualmente impactantes. Y en un planeta donde cada vez quedan menos fenómenos sin respuesta clara, este pequeño cuerpo de agua sigue recordando que la naturaleza todavía guarda combinaciones que no terminamos de entender por completo.